
Los incendios forestales han marcado, lamentablemente, la agenda mediática de este verano. Un total de 393.278,99 hectáreas han ardido en lo que va de año en todo el país (datos oficiales hasta el 24 de agosto), la gran mayoría de ellas (el 83% del total) en los meses estivales, cuando 53 grandes incendios (de más de 500 hectáreas) han puesto en jaque las capacidades logísticas del Estado y de las Comunidades Autónomas. Sin olvidar los reproches políticos entre Administraciones de distintos colores para repartir culpas por la falta de prevención y de medios.
Entre esos medios están los 14 aviones anfibios que dependen del 43 Grupo del Ejército del Aire, pero que operan para el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico en la lucha contra el fuego. De estas aeronaves, 10 son del modelo Viking Air Limited CL-215-T y cuatro del modelo Viking Air Limited CL-415. Son medios estatales de apoyo a las Comunidades Autónomas. Fundado en 1971, el 43 Grupo ha volado ya más de 185.000 horas, de las cuales alrededor de la mitad han sido en misiones reales de extinción de incendios. Su lema, ‘Apaga y vámonos’, es toda una declaración de intenciones y compromiso.
Estos aviones realizan unas 3.500 horas de vuelo anuales en promedio, de las cuales más de 1.200 horas son en operaciones de extinción de incendios, que consisten en la descarga de hasta seis toneladas de agua por lanzamiento, “en un entorno difícil para el desempeño de estas aeronaves, por las compleja topografía característica de la mayor parte de los incendios forestales; la operación simultánea de varias aeronaves en el espacio aéreo asociado al incendio; la presencia sobre el terreno de personal de extinción que necesita las descargas de agua de los medios aéreos; y, por último, las condiciones de visibilidad reducida”, señala el Ministerio para la Transición Ecológica. En concreto, e 43 Grupo del EjercitoAire realizó este mes de agosto 4.000 descargas, con 1.440 horas de vuelo en 437 intervenciones.

Es un trabajo arriesgado. Por ello, el ministerio está licitando la contratación de un seguro de responsabilidad civil “que cubra los posibles daños a terceros (personal de extinción o ajeno a ella) que puedan generar. De otro modo, la indemnización correspondiente a los daños generados se cubriría mediante el procedimiento de responsabilidad patrimonial, con el consiguiente perjuicio económico para la Administración General del Estado”, señala el pliego de condiciones de la adjudicación. Esa responsabilidad civil a terceros incluirá “cualquier actividad que guarde relación con la operación del vuelo en extinción, en prácticas y cualquier otro vuelo asignado en los aviones de la flota, debiendo la póliza asumir e indemnizar las cantidades que el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico esté obligado a pagar en compensación por los daños personales y/o materiales”.
120.000 euros anuales
El seguro también correrá con la cobertura “de personas, máquinas o vehículos que formen parte de los dispositivos de extinción y que puedan resultar con daños por la actuación de estas aeronaves”. Además, la póliza también indemnizará “los daños producidos por el lanzamiento de agua, sea dulce o salada, así como por el lanzamiento de cualquier compuesto para la extinción de incendios”.
En principio, Transición Ecológica está dispuesta a pagar un máximo de 120.000 euros anuales. De momentos dos aseguradores han presentado sus ofertas: Starr Europe Insurance Limited que solicita 83.276 euros: y Mapfre España, que pide 78.747,98 euros. Aunque la memoria de contrato no especifica el número de indemnizaciones que se han tenido que pagar en años anteriores por daños causados por estas aeronaves, el ministerio considera que con esta póliza “se fija para todas las coberturas indicadas un límite por siniestro y aeronave de 50.000.000 euros”.
Las dos son aeronaves de diseño canadiense, de tamaño casi calcado, y optimizadas para la extinción de incendios. Cada CL-215T puede cargar hasta 6.000 litros de agua en tan solo 12 segundos durante una maniobra de amerizaje en embalses, lagos o incluso mar abierto. La maniobra de carga, realizada a unos 160 km/h, exige una enorme precisión por parte de los pilotos, que deben sortear olas, cables de alta tensión, condiciones de viento cambiantes, y a veces, hasta embarcaciones. Con un peso máximo en el momento del despegue de 26.200 kilos y una autonomía operativa de cuatro horas y media, el avión puede completar decenas de ciclos de carga y descarga en una sola jornada.
El CL-415 puede transportar hasta 6.140 litros de agua y cuenta con un sistema de descarga de cuatro compuertas, frente a las dos del modelo anterior. Dichas compuertas pueden abrirse en secuencia o de manera sincronizada todas a la vez. Los CL-215T estraron en servicio entre 1987 y 1991. Los cuatro CL-415 lo hicieron entre 2006 y 2013.
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