
Los que viven en ciudades o en zonas gentrificadas o en proceso de gentrificación saber perfectamente qué significa cuando a tu barrio de toda la vida empieza a llegar gente con mucho más dinero que tú a comprar las casas más bonitas, a buscar los locales más alternativos y a disfrutar de algo que era ‘auténtico’ hasta que alguien decidió ponerle el adjetivo.
Son procesos que antes o después llegan a los barrios de las ciudades más cosmopolitas, a las zonas más turísticas y, en ocasiones, son vistos por los habitantes que estaban antes como una ‘amenaza’ a su forma de vida y, sobre todo, una afrenta a su poder adquisitivo. Pasa en España, pero también en Francia, México y muchas partes del mundo.
En este caso, las consecuencias de la tensión social que puede llegar a generar este movimiento las han vivido en sus propias carnes Bruno y Julie, una pareja de ejecutivos parisinos que dejó París en busca de una casa más grande y espaciosa, con jardín y sin el agobio de la ciudad. La encontraron en Pessac, cerca de Burdeos, pero lo que no se esperaban es que fueran tan mal acogidos en lo que sería su nuevo hogar y les señalaran por ser parisinos.

Cuando tomaron la decisión de mudarse, vendieron su apartamento de 50 metros cuadrados en la capital francesa por 492.000 euros y adquirieron su nueva vivienda por 560.000 euros a finales de 2020, relatan al diario francés Le Figaro. En paralelo, Bruno, directivo administrativo en el servicio público territorial, logró su traslado a Burdeos, donde residen sus padres y hermanos. El año de la mudanza es clave, porque coincidió con el aumento de los precios en el mercado inmobiliario impulsado por la llegada de compradores de París tras la pandemia del covid-19.
Durante la búsqueda de vivienda, agentes inmobiliarios advirtieron a Bruno y Julie sobre el 'antiparisianismo‘ en la región y las dificultades de integración para quienes llegan desde la capital, pero pesar de estas advertencias, la pareja decidió continuar sus planes e instalarse en Pessac.
Aunque no pensaron que la hostilidad fuera a ser tan grave, desde el primer día que llegaron notaron la acogida fría de la gente a su alrededor. Uno de los vecinos los identificó como “los parisinos” y les atribuyó directamente la responsabilidad de dificultar el acceso a la vivienda para los locales. Les acusaron, según cuentan Bruno y Julie al medio francés, de generar una espiral de subida de precios en las viviendas disponibles en la zona.
Bruno relató que otro vecino le sugirió con una sonrisa regresar a París cuando se quejó del calor que hacía. Aunque los comentarios hostiles han disminuido con el tiempo, la relación con los vecinos sigue siendo distante. “No nos hacemos favores, no nos prestamos herramientas, no intercambiamos palabras cuando nos vemos en el jardín… Como mucho, nos saludamos. Está muy lejos de la idea que tenía de la vida en provincia”, lamenta Bruno.
Según él, la convivencia en el distrito 15 de París era más cordial que la que han encontrado en su nuevo hogar. El tiempo dirá si acabarán integrándose en la comunidad y les considerarán uno más o seguirán siendo para siempre “los parisinos”.
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