“Hola, ¿es usted la madre de Andrés (nombre inventado)? Su hijo no se puede mantener en pie. Está en la ambulancia, nos lo llevamos al hospital más cercano”. Es una llamada breve, concisa, en mitad de la noche, que dice la información necesaria para que los padres del adolescente salten de la cama corriendo al auxilio de su hijo.
Situaciones como esta se repiten cada verano. El menor ha consumido tanta cantidad de alcohol que no podía articular palabra y un auxiliar de la ambulancia ha tenido que hacer la llamada. Sus amigos, en shock por la situación, tampoco han podido reaccionar.
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De ahí el título de la campaña de este año: “Está en tu mano”, puesta en marcha por la Asociación DUAL y el Plan Nacional sobre Drogas, que busca concienciar sobre los inicios tempranos en el consumo de alcohol.
Un debut cada vez más temprano
El consumo de alcohol entre menores representa uno de los grandes desafíos de salud pública en España. Según la Encuesta ESTUDES del Plan Nacional sobre Drogas, los adolescentes suelen comenzar a beber a los 14 años. “Es un dato bastante estable en la serie histórica”, afirma Raúl Izquierdo, psicólogo y director técnico de la Asociación DUAL, en una entrevista concebida a Infobae España.
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Ese inicio precoz, especialmente durante momentos de ocio y fiestas, preocupa a expertos y autoridades. “El verano, y en especial las fiestas patronales, representan una ventana de máximo riesgo respecto al inicio o reinicio en el consumo de alcohol en menores, ya que los padres suelen relajarse porque consideran esos entornos como seguros”, explica Izquierdo.

La influencia del modelo familiar
La campaña pone el foco en el entorno familiar con un mensaje directo: “Cuanto más beben los padres, más beben los hijos”. Los estudios demuestran que los menores tienden a imitar los hábitos de sus progenitores. Si los adultos muestran un consumo excesivo, los adolescentes reproducirán ese patrón.
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En cambio, ante un consumo moderado, más vinculado a situaciones gastronómicas, tenderán a retrasar su inicio y a establecer una relación más responsable con el alcohol.
Izquierdo destaca: “Los hijos de padres que abusan del alcohol o lo consumen con frecuencia tienen cuatro veces más probabilidades de beber que sus iguales”.
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La normalización del consumo en espacios infantiles
Además, la campaña denuncia la normalización del alcohol en zonas destinadas a menores. “El consumo habitual en parques ha llegado a afectar incluso a las zonas de juegos infantiles”, señala. Según Izquierdo, en las celebraciones donde los niños juegan, los padres consumen bebidas en el bar del local. “No parece lógico aceptar esa situación”.
“No podemos seguir tolerando que tomar una cerveza en un local o parque infantil resulte prioritario, especialmente si el coste social y familiar es tan elevado”, puntualiza.
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Hablar, opinar, advertir…
Además del ejemplo familiar, los especialistas aconsejan dialogar con los adolescentes sin juicios ni comparaciones generacionales. “Una buena opción es pedirles opinión sobre el comportamiento de otros menores para ayudarles a reflexionar. También advertirles de que antes o después alguien les propondrá beber y deberán decidir”, propone Izquierdo.
Narrar la propia experiencia como algo positivo resulta contraproducente. Si los padres descubren que su hijo ha bebido, recomiendan intervenir más adelante, nunca cuando está en estado de ebriedad. No deben validar la conducta, pero sí explorar las sensaciones experimentadas. “Preguntar si le ha gustado o si se divirtió puede ayudar a reflexionar sin juzgar directamente”, sugiere el psicólogo.
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Los riesgos de comenzar demasiado pronto
El consumo de alcohol en edades tempranas nunca es inocuo. “El alcohol es una sustancia psicoactiva que actúa sobre el Sistema Nervioso Central; aunque produce euforia inicial, funciona como depresor”, advierte Izquierdo.
El consumo excesivo en poco tiempo puede generar comas etílicos o incluso la muerte. Si se inicia en la adolescencia, puede alterar el desarrollo cerebral y facilitar el acceso a otras sustancias. A esto se suman problemas sociales como peleas, abusos, agresiones sexuales y accidentes.
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No obstante, existen tres patrones: el uso puntual y moderado, el abuso (borrachera) y la dependencia, que conlleva tolerancia y síndrome de abstinencia. Esta última se da cuando “no podemos estar sin beber”, resume Izquierdo.
Una ley en camino
La preocupación social coincide con la tramitación del Proyecto de Ley de prevención del consumo de bebidas alcohólicas en menores, aprobado por el Consejo de Ministros y en debate en el Parlamento.
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Joan Ramón Villalbí, delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, describió la ley como “muy pulida” y consideró que su aprobación supondrá un avance decisivo: “Es una ley educativa; si se aprueba, ejercerá una influencia muy positiva, marcando lo que la sociedad entiende como razonable respecto al consumo de alcohol en menores”.
Entre sus objetivos principales, figura evitar la presencia de alcohol en entornos frecuentados por menores, como parques o escuelas. Del mismo modo, la normativa incluye sanciones y medidas educativas para los padres si no cumplen y restringe la publicidad de las bebidas alcohólicas.
“Desde la salud pública desearíamos limitar aún más esta publicidad, como con el tabaco, aunque las bebidas continuarán en el mercado”, reconoce Villalbí.
Hacia un cambio cultural
El desafío es tanto legal como cultural. “El alcohol forma parte de nuestras costumbres y con frecuencia consideramos su consumo una especie de rito de paso”, admite Izquierdo.
Para cambiar esa mentalidad, Izquierdo propone alternativas de ocio saludable, como el caso de un pueblo de Ávila que, durante sus fiestas patronales, organizó un torneo de fútbol nocturno hasta la una de la madrugada: una “competencia directa al botellón y una opción saludable”, defiende en este diario.
El mensaje es retrasar la edad de inicio y ofrecer alternativas. “Quizá sea ingenuo esperar que comiencen a beber a los 18, como marca la ley, pero siempre será preferible a los 16 que a los 14. En ese tiempo habrán explorado otras formas de ocio incompatibles con el alcohol, como las deportivas”, concluye el psicólogo.
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