
Bajo el sol de verano, un helado no es solo un capricho: se vuelve casi un salvavidas. Es la excusa para salir a la calle y buscar refugio en algo frío, dulce y breve. Y es que, cuando el calor aprieta, la tentación gana la partida. Por lo que no importa el sabor ni el lugar, un helado bien cremoso siempre logra devolver algo de paz cuando afuera todo arde.
Aunque se pueden tener antojos por los típicos sabores, como vainilla, stracciatella o fresa, los nuevos sabores en tendencia pueden ser una grata sorpresa. En este sentido, un restaurante de carretera de Pomaluengo, una pequeña localidad de Cantabria, ha logrado un insólito protagonismo en redes sociales por una oferta de helados que desafía cualquier expectativa.
La Venta de Castañeda, gestionada por la familia Flor durante más de tres décadas, se ha transformado en destino de peregrinaje culinario gracias a creaciones como el helado de Cheetos Pelotazos, regaliz, llave ácida o cinco quesos. Así, tras convertirse en fenómeno viral, el establecimiento ha sabido reinventarse manteniendo la esencia de la cocina tradicional cántabra.
Su despegue a la fama en redes: una paleta de sabores rompedores

Ubicada a poca distancia de la colegiata románica de Santa Cruz de Castañeda, La Venta de Castañeda combina la clásica carta de platos regionales con una particular visión de los postres. En sus vitrinas, junto a mantecados o quesos pasiegos, coexisten sabores imposibles: Tigretón, Pantera Rosa, cerveza, Donettes y, por supuesto, las versiones más rompedoras con snacks populares como los Cheetos Pelotazos.
Detrás de este giro de creatividad está Fernando Flor, miembro de la segunda generación de la familia y responsable de dar nueva vida al restaurante. Su enorme innovación ha provocado el aumento de visitantes atraídos por la oferta de helados, quien ha terminado por convertir estos postres en un sello de identidad.
Tal y como ha anunciado El Confidencial, el punto de inflexión llegó durante la pandemia, cuando el equipo familiar decidió reincorporar los helados para animar las tardes de terraza. Pero lo que comenzó como una opción más, acabó por convertirse en eje central de la experiencia. Concretamente, el helado de Cheetos Pelotazos, coronado con bolas crujientes del emblemático snack, fue el primero en viralizarse y multiplicar la clientela, mientras que otros sabores insólitos como el de regaliz o llave ácida confirmaron la tendencia que mantienen desde entonces.
Junto a los sabores que generan sorpresa, la receta más solicitada es la del helado de queso, preparado a partir de cinco variedades cántabras y leche de la cercana Granja Cudaña. Aunque, el mantecado casero también destaca; elaborado siguiendo fórmulas tradicionales que evocan recuerdos de infancia a quienes lo prueban.
Asimismo, como otro rasgo distintivo clave, destaca la utilización de sobaos pasiegos de la zona como base para nuevas versiones y en la búsqueda constante de productos de proximidad. Sin duda, un éxito que como ha mencionado Fernando se debe sobre todo a la escucha activa de los clientes y un proceso de aprendizaje autodidacta. No obstante, su recorrido en ferias y cursos en Valencia, Benidorm o Italia sería igualmente un punto a favor de este triunfo.
Una parada de la Guía Repsol

A pesar de que La Venta de Castañeda ha ganado reconocimiento en los últimos años por sus sabores extravagantes, su éxito culinario ya estaba consagrado. La propuesta arrancó con un modesto menú del día, evolucionando hacia una carta más variada y una decidida apuesta por el producto local. La lubina al horno, los callos de bacalao o el chuletón de vaca local comparten espacio con clásicos cántabros como el cocido montañés o la olla ferroviaria de alubias.
Y es que, gracias a su evolución, La Venta de Castañeda ha recibido reconocimientos como la recomendación de la Guía Repsol o el Premio Nacional FECOES a la Artesanía Culinaria. El local también cuenta desde 2014 con la propuesta “Cenar de Cine”, en la que hamburguesas, pizzas y bocadillos reciben nombres de películas, acercándose así a un público familiar y joven.
Hoy en día, el restaurante mantiene la atmósfera familiar y la tradición sin renunciar a sorprender al comensal: con varios comedores temáticos, amplias zonas de terraza y parking, y una carta de helados que no deja de sumar variedad. De este modo, La Venta de Castañeda se ha consolidado como parada obligada en la ruta gastronómica de los Valles Pasiegos.
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