
La petición llegó una mañana de mayo. Un niño de cinco años, ingresado en la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Materno Infantil de Málaga (adscrito al Hospital Regional Universitario), había expresado su deseo de volver a ver el mar.
Llevaba meses aislado, sin salir de la habitación, tras años de tratamientos oncológicos. La doctora María José Peláez, pediatra del equipo de paliativos, escuchó la petición de boca de su madre. Pocos días después, el niño estaba en la playa del Dedo, en el Palo, acompañado por su familia y un equipo médico y técnico que coordinó un dispositivo urgente para que pudiera despedirse del mar.
Murió cinco días después de cumplir su última voluntad.
“Cumplir el deseo de un paciente pediátrico en cuidados paliativos no solo es un acto emocional, sino también un reflejo de lo que significa ofrecer una atención centrada en la persona”, explicó Peláez en declaraciones al Diario Sur.
Fue dicha médico la que trasladó la petición al Servicio de Atención a la Ciudadanía del hospital, dirigido por Juan Antonio Torres. “Esto es muy complicado, ya le quedan muy pocos días al niño”, le advirtieron. Pero su respuesta fue firme: “Nada es imposible”.

Un dispositivo urgente en menos de 24 horas
El menor, que nació en Perú, había sido diagnosticado de leucemia a los dos años de vida. Su familia decidió trasladarse a España en busca de mejores opciones terapéuticas.
Durante tres años recibió tratamiento en Málaga. La enfermedad avanzó hasta obligarlo a permanecer aislado. Fue entonces cuando expresó su última voluntad de sentir la arena bajo los pies y escuchar el mar.
En ese momento, Torres movilizó en pocas horas a distintas áreas del hospital, al Ayuntamiento de Málaga y a la empresa de ambulancias SSG.
Contactó con Teresa Porras, concejala de Servicios Operativos, Playas y Fiestas, quien autorizó de inmediato el uso de la playa del Dedo y coordinó con los servicios municipales los recursos necesarios: cinco socorristas, sillas anfibias, una zona reservada y una ambulancia medicalizada.
“Llamé a Teresa Porras y sin ningún problema me puso a disposición tofos los recursos”, recordó Torres.
La despedida junto al mar
La ambulancia trasladó al menor desde el hospital hasta la playa con todas las garantías médicas. Lo acompañaban su madre, la doctora Peláez, una enfermera del equipo de paliativos y el propio Torres.
La playa del Dedo, habilitada para personas con movilidad reducida, permitió el acceso seguro del niño. Durante dos horas, pudo estar junto al mar. “Pasaron allí dos horas buenísimas. Para nosotros fue todo un chute de energía poder ayudar”, expresó Torres.
Atención centrada en la persona
El Hospital Regional insistió en que este tipo de actuaciones forman parte de una estrategia más amplia para humanizar la atención sanitaria. “La solidaridad es la base del sistema público sanitario”, declaró el centro.
“Mi objetivo es que sea un hospital más humano y que podamos cumplir los deseos de muchas personas”, afirmó también Torres. “Poner al paciente en el centro y hacer que su dignidad y bienestar sean lo más importante, incluso en los momentos más complejos”, concluyó Peláez.
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