
“Primero humo y luego llamas”. Con estas palabras, el piloto del vuelo Delta 1334 describió la emergencia que obligó a un Boeing 757 de Delta Air Lines a aterrizar de emergencia en Fort Myers, Florida, tras el incendio de una batería portátil de litio en cabina.
El incidente, que se produjo el lunes durante la ruta entre Atlanta (Estados Unidos) y Fort Lauderdale, movilizó a la tripulación y activó los protocolos de seguridad, según una información del medio CBS News. El vuelo, que transportaba 185 pasajeros y seis miembros de la tripulación, se desvió rápidamente hacia el aeropuerto de Fort Myers después de detectar la presencia de fuego en el interior del avión.
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Delta Air Lines confirmó que la emergencia se declaró como medida preventiva y que el personal de a bordo actuó con rapidez para contener las llamas. La batería afectada fue introducida en un saco ignífugo, un equipo de seguridad presente en todos los aviones de la compañía, y aislada del resto de la cabina.
En una comunicación por radio recogida por LiveATC.net, el comandante informó a los bomberos en tierra: “El saco ha sido apartado. Creemos que una batería de litio provocó el humo y el incendio. Ya no hay humo en la cabina. No hay incendio activo”. Ninguno de los 191 ocupantes del aparato resultó herido, según los datos oficiales.
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34 incidentes con baterías de litio
La aerolínea expresó en un comunicado: “Agradecemos el trabajo rápido y las acciones de nuestros empleados por seguir su formación, y pedimos disculpas a nuestros clientes por el retraso en sus viajes”. La Federal Aviation Administration (FAA) ha iniciado una investigación para esclarecer las causas del suceso. Según la FAA, este es el trigésimo cuarto incidente relacionado con baterías de litio en lo que va de año.
Los incendios provocados por baterías de litio son más difíciles de extinguir que los fuegos convencionales. Suelen originarse por un fenómeno conocido como fuga térmica. Esta ocurre cuando la batería se sobrecalienta debido a defectos de fabricación, sobrecarga, daños físicos o exposición a altas temperaturas. El calor acumulado puede provocar una reacción en cadena que conduce a una combustión espontánea. Ese calor provoca la descomposición química de los materiales internos y libera gases inflamables que alimentan el fuego. La reacción puede continuar incluso después de que las llamas visibles hayan sido apagadas, y puede reactivarse minutos u horas más tarde.
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Además, no basta con agua. Aunque se puede utilizar para enfriar la zona y evitar la propagación, en fuegos de baterías grandes o concentradas (como en vehículos eléctricos o almacenes), se requieren agentes específicos, como espuma para fuegos de clase D (metales) o equipos especializados como un saco térmico.
Según la Asociación Española de Lucha contra el Fuego (ASELF), en los últimos tres años ha aumentado el número de incendios relacionados con dispositivos eléctricos portátiles, especialmente patinetes eléctricos almacenados o cargados en espacios cerrados sin ventilación adecuada.
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