Una mujer denuncia a sus vecinos porque dice que su gallo hace demasiado ruido: la justicia afirma que “tenía derecho a cantar” y la condena a ella por amenazas

Reconocido por la ley desde 2021, el canto del gallo no constituye infracción en zonas rurales o periurbanas

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Un gallo (Freepik)
Un gallo (Freepik)

El canto del gallo Ricco no vulneraba ninguna norma. Así lo ha dictaminado el tribunal de Bourgoin-Jallieu, que el pasado viernes 4 de julio se declaró incompetente para juzgar el fondo del asunto, aunque sí ha condenado a la vecina demandante a pagar una indemnización por daños morales a los propietarios del ave. La decisión judicial pone fin a una batalla legal sin precedentes, protagonizada por un gallo, sus dueños y una vecina decidida a hacerlo callar.

Ricco, un gallo de plumaje orgulloso y canto enérgico, vivía con Alexia y Franck Charreton desde hace más de dos años en la comuna de Nivolas-Vermelle, en el norte del departamento de Isère (Francia). La disputa comenzó poco después de que una vecina se mudara en 2021 a la misma zona, que ella considera demasiado urbanizada para soportar el canto del ave al alba. Según su denuncia, el gallo “cantaba demasiado alto” y perturbaba su tranquilidad. Exigía ante la justicia el desalojo del animal y una compensación de 4.500 euros por daños y perjuicios.

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Sin embargo, el proceso judicial ha quedado huérfano de protagonista. Ricco fue asesinado hace unos días por un zorro, justo cuando el conflicto alcanzaba su punto álgido. Pese a ello, el tribunal se ha pronunciado sobre las consecuencias del proceso. Aunque se declaró incompetente para resolver si Ricco tenía o no derecho a cantar, sí ha condenado a la demandante a abonar 2.000 euros a los Charreton en concepto de indemnización por daño moral, así como 1.500 euros adicionales por los costes de su defensa legal.

Un gallo (Freepik)
Un gallo (Freepik)

“Es una decisión suprema porque es disuasoria para todas las personas procedurales que quieren intimidar a sus vecinos”, declaró satisfecha Alexia Charreton, emocionada tras conocer la sentencia. “Ricco tenía derecho a estar allí, tenía derecho a cantar”, añadió, convencida de que esta “bella forma de reconocimiento” podrá inspirar a otros que se enfrenten a situaciones similares.

La familia Charreton ha confirmado que Ricco tendrá un sucesor. El nuevo gallo será encargado de continuar con la defensa del gallinero y, de paso, con el legado simbólico que su antecesor deja tras de sí. “No vamos a dejar a nuestras gallinas sin protección”, afirmó Alexia con determinación.

¿Campo o ciudad? Un debate que no cesa

El caso de Ricco va mucho más allá del simple canto de un gallo. En el centro del conflicto se halla una cuestión clave para la Francia contemporánea: los límites entre la vida rural y la expansión urbana. Desde 2021, el canto de los gallos, junto con otros sonidos y olores del campo, está reconocido como “patrimoine sensoriel” (patrimonio sensorial) por la legislación francesa. Este reconocimiento busca proteger las especificidades del medio rural frente a las exigencias de quienes llegan desde las ciudades.

No obstante, la parte demandante sostuvo durante la audiencia de mayo que el lugar del conflicto “está destinado a ser habitado”, en palabras de su abogado, Me Briac Moulin. Añadió que no se trata de una campiña profunda, y recordó que el INSEE (Instituto Nacional de Estadística) clasifica la zona del norte de Isère como “territorio periurbano”, bajo la influencia creciente de la aglomeración de Lyon.

Frente a este argumento, los Charreton reivindicaron su vida en un entorno rural, en el que el canto de Ricco era considerado “bonito” y “bien recibido” por el resto de los vecinos. “No es normal llegar a un sitio con una identidad propia y querer cambiarlo todo”, protestó visiblemente afectada Alexia Charreton durante el juicio.

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En su defensa, el matrimonio no solo contó con el apoyo del vecindario, sino también con una petición en línea que alcanzó más de 33.000 firmas. Además, instalaron una webcam en su corral para contabilizar “los cocoricos de Ricco”, que según afirmaron, no pasaban de cinco o seis al día.

Ricco no es el primer gallo en verse arrastrado ante los tribunales. En 2019, el gallo Maurice, símbolo de la resistencia rural, ganó su propio juicio para seguir cantando. Al igual que Ricco, también murió poco tiempo después de convertirse en un símbolo nacional.