
La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera la sexualidad como un aspecto central del ser humano, pero al menos 400.000 españoles la viven con límites. Las enfermedades inflamatorias intestinales (EII), como la colitis ulcerosa y la enfermedad de Crohn, afligen a casi medio millón de personas en nuestro país y sus síntomas terminan por afectar la función sexual de la mayoría de sus pacientes.
Según el Grupo Español de Trabajo en Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa (GETECCU), el 50% de los pacientes que padecen alguna EII sufren una disminución de libido y al 45% les impide continuar con las relaciones íntimas. La disfunción sexual afecta mayoritariamente a las mujeres, especialmente en las fases activas (hasta un 80%), pero en hombres no deja de ser relevante: puede alcanzar al 25% de los pacientes, incluso en fases inactivas.
Pese a la alta incidencia que tiene en la vida sexual de sus pacientes, es un aspecto que no se suele abordar en las consultas, según la gastroenteróloga Marta Calvo. “Hay una formación limitada en este tema versus otros aspectos”, valora la especialista del Hospital Puerta del Hierro, “tendemos a minimizar la importancia de los problemas sexuales, fundamentalmente porque no nos sentimos preparados”.
“La disfunción sexual es mayor que en otras enfermedades crónicas”
Tanto la colitis ulcerosa como la enfermedad de Crohn provocan síntomas que afectan a la vida sexual. La fatiga, el dolor abdominal o la diarrea provocan un empeoramiento de la vida sexual. “Parece que, en la enfermedad inflamatoria intestinal, la prevalencia de disfunción sexual es mayor que en otras enfermedades crónicas”, valora Calvo, que recientemente participó en el congreso de Takeda ‘COMPASS, orientados hacia el tratamiento del paciente’ en relación al tratamiento de la EII,.

En ello influye la época en la que se detecta. “Suele diagnosticarse en la edad adulto-joven, entre los 20-30 años, que es justo cuando se empiezan a desarrollar sus relaciones interpersonales. Esta enfermedad es de naturaleza crónica, intermitente e impredecible. Esto es lo que les genera a los pacientes esa incertidumbre, lo que va a afectar a sus relaciones emocionales y, por supuesto, sexuales”, explica la doctora.
Además, “hay fármacos como los corticoides, que pueden alterar lo que es su imagen corporal con el desarrollo de acné, vello, distribución de la grasa, obesidad...”, señala Calvo. Las intervenciones quirúrgicas también pueden provocarles dolor pélvico y una disminución del deseo sexual.
No son solo los síntomas físicos los que interceden en las relaciones sexuales: “La prevalencia de enfermedades mentales como la ansiedad y depresión es mucho más alta en estas personas que la población general”, avisa la doctora. Más del 25% de los pacientes sufren este tipo de afecciones mentales, lo que puede empeorar los síntomas físicos. “Miedo, incertidumbre, tristeza por la pérdida de salud, angustia” son algunas de las emociones que pasan estas personas al conocer su diagnóstico, según la psicóloga Julia Vidal. “Los problemas son tan grandes que se puede generar un trastorno mental”, apunta la experta.
Un 36% de los pacientes rompe su relación
La reducción de la libido, la disminución de la frecuencia en las relaciones sexuales y la frustración que esto lleva aparejado terminan por afectar las relaciones de pareja. Para el 36% de los pacientes, la EII se vincula con la ruptura de su relación romántica, afirma una encuesta del Grupo Español de Trabajo en Enfermedad de Crohn y Colitis Ulcerosa.
“No es fácil, primero, convivir con una enfermedad crónica que te va a acompañar toda tu vida, por la cual puedes tener complicaciones, cirugías y complicaciones emocionales. Y no es fácil tampoco para una persona que le acompaña. Va a afectar claramente a la dinámica de pareja”, dice Calvo.
Romper el tabú en la consulta

Pese a su prevalencia, los pacientes y los médicos son reticentes a hablar de sexo en la consulta. “Genera incomodidad e inseguridad” tanto para enfermos como especialistas, lo que se traduce “en evitar activamente abordar este tema en la consulta”, lamenta la doctora.
Para los pacientes tampoco es fácil. “Muchas veces evitan hablar de este problema porque sienten vergüenza, porque piensan que no tiene nada que ver la disfunción sexual con su enfermedad y porque tienen la percepción de que no nos interesa. En esas consultas tan rápidas, donde no tenemos tiempo, priorizamos el control de la enfermedad, la monitorización mediante analíticas, endoscopias, frente a estos aspectos tan importantes en lo que es su calidad de vida”, explica Calvo.
Pero las cosas deben cambiar: “Los gastroenterólogos tenemos un papel muy importante en identificar esa disfunción sexual”, reivindica la especialista, que defiende un abordaje proactivo que proporcione la información necesaria los pacientes. “[Hay que] intentar poner cómodo al paciente al hablar de estos temas, no quitarle importancia, tampoco ser morboso, porque es un tema delicado y es un tabú para todos nosotros hablar de sexo; y ofrecer información orientada a la problemática que pueda tener el paciente en ese determinado momento”, concluye.
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