
A finales de mayo saltaba la noticia de un hombre de 70 años que había sido ingresado en el Hospital de Salamanca tras sufrir la picadura de una garrapata. Tal y como confirmó la Junta de Castillo y León, el paciente había contraído la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, una enfermedad endémica en África, los Balcanes, Oriente Medio y Asia.
La fiebre hemorrágica de Crimea-Congo circula en España desde hace años, contabilizándose un total de 18 afectados desde 2013. La enfermedad es mortal en una de cada tres personas y no existe vacuna disponible ni para personas ni para animales. “De hecho, ya llevamos varias muertes en nuestro país”, asegura a este medio el doctor Mikel González, responsable de Innovación Científica y Entomología del Grupo SASTI. La enfermedad se detectó por primera vez en Cáceres en 2010, aunque los primeros casos en humanos se diagnosticaron en 2016.
Pese a que el 80 % de los pacientes pasan por la infección de forma asintomática, si la enfermedad se presenta con síntomas, lo hace con un inicio muy brusco y agudo. “Lo más habitual es fiebre, dolor de cabeza, malestar, dolores musculares, dolor de garganta... Pueden tener también manifestaciones oculares como conjuntivitis, fotofobia, molestia a la luz y también dolor abdominal, náuseas y vómitos", explica para Infobae España la doctora María Velasco, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC). La propia inespecificidad de los síntomas complican su diagnóstico.
Si los pacientes de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo evolucionan desfavorablemente, entran en la fase de fracaso multiorgánico. “Esta fase se caracteriza porque tiene un componente hemorrágico importante y empiezan a aparecer datos de fragilidad capilar y sangrado tanto en la piel, por la boca, en la orina, por el tubo digestivo y, sobre todo, también aparecen grandes hematomas. Y se acompaña también de una tormenta inflamatoria que pone al paciente en una situación muy comprometida”.
La incidencia real de la enfermedad en España no se conoce con exactitud debido al elevado número de asintomáticos. Lo que sí parece evidente es que cada vez se detectan más los sintomáticos y que empieza a ser una enfermedad cada vez menos anecdótica. “Esto no deja de ser un virus que produce una fiebre hemorrágica y que hay que manejar en laboratorios con medidas de de alto aislamiento que no siempre están disponibles”, recuerda la infectóloga.
El tratamiento de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo tiene como objetivo mantener las constantes vitales del paciente o que no tenga dolor si sangra. En cambio, existe un antiviral llamado ribavirina cuyo uso está muy discutido al no disponer de “datos concluyentes”. Así, la terapia ha de ser de soporte para que “mantenga con vida al paciente hasta que el propio organismo pueda controlar la replicación viral”.
Además de esta nueva enfermedad en España, las garrapatas son las responsables de otras afecciones bacterianas como la anaplasmosis o la enfermedad de Lyme. Aunque al principio puede causar síntomas como un sarpullido en la piel, fiebre o cansancio, esta infección puede extenderse a las articulaciones, el corazón y el sistema nervioso si no se trata.
El cambio climático favorece las garrapatas
Los humanos hemos convivido con las garrapatas y sus picaduras desde hace milenios. Sin embargo, se está observando un cambio en el comportamiento de estos artrópodos que puede suponer un problema de salud pública. El cambio climático ha provocado que la temperatura media global haya aumentado cerca de un grado desde finales del siglo XIX; en España, la temperatura aumenta 0,3 grados por década desde los años 60.
Ante el aumento de las temperaturas, las garrapatas están comenzando a proliferar en buena parte del suelo español, en lugares donde antiguamente no había presencia de ellas. “Por ejemplo, Álava tiene un clima donde el sur es muy mediterráneo y seco y el norte es más atlántico, húmedo y boscoso. Se está observando garrapatas que hace años solo se se encontraban en el sur de Álava por el clima más mediterráneo, poco a poco también van llegando al norte”, explica González.
Los inviernos cada vez más suaves y las temperaturas cálidas propician que especies de garrapatas donde antes no podían reproducirse ni sobrevivir por el frío del ambiente, ahora estén encontrando un lugar favorable para vivir.
Además, el entomólogo subraya otro de los factores que está alterando la distribución de estos artrópodos: los jabalíes, especies cada vez más dóciles. “Los jabalíes están empezando a bajar del monte y aparecer en las ciudades para comer de los contenedores de basura. Las garrapatas que llevan se desprenden, caen en la vegetación y comenzamos a ver garrapatas en lugares donde antes no había”, aclara.
El cambio climático y los jabalíes dóciles, unidos a una voraz globalización, están transformando la distribución geográfica de las garrapatas. Para prevenir su picadura y el contagio de infecciones, desde el Ministerio de Sanidad recomiendan evitar sentarse en el suelo en zonas de vegetación, utilizar repelentes autorizados, evitar las sandalias y vestir ropa larga si se camina por zonas verdes.
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