
¿Qué tienen en común Julio César, Salvador Dalí y Zlatan Ibrahimović? Todos ellos practican (o han practicado) e ileísmo, es decir, hablan de sí mismos en tercera persona. Esta manera de referirse a uno mismo es mucho más que una forma pomposa de hablar, pues también delata una manera de pensar y de entenderse a sí mismo.
Para el pediatra Xavier Sáez, hablar en tercera persona "es un signo de despersonalización“, una manera de establecer una distancia emocional. Mientras que la mayoría de la gente suele utilizar la primera persona —“yo”, “me”, “mí”— para referirse a sus pensamientos, emociones o vivencias, hay quienes optan por una forma inusual de autoexpresión: hablar de sí mismos en tercera persona.
Hablar en tercera persona de uno mismo consiste en utilizar el nombre propio o pronombres como “él” o “ella” para referirse a experiencias personales. Así, en lugar de decir “estoy nervioso”, una persona podría decir “Carlos está nervioso”. Esta forma de expresión puede resultar llamativa o incluso confundirse con una actitud egocéntrica o excéntrica, pero muchas veces está asociada a mecanismos profundos de regulación emocional, explican desde el Colegio de Psicólogos.
Una de las razones más comunes por las que las personas adoptan este estilo de habla es el distanciamiento emocional. En situaciones de gran estrés o tras eventos traumáticos, hablar en tercera persona puede ayudar a separar la identidad de la experiencia dolorosa. Por ejemplo, alguien que ha sufrido una pérdida o ha vivido un evento traumático puede referirse a sí mismo como si hablara de otra persona, como una forma de protegerse del impacto emocional directo. Esta técnica puede ofrecer un alivio temporal, al disminuir la intensidad del malestar emocional, y se asemeja a observar una escena desde fuera en lugar de vivirla desde dentro.
Desde un punto de vista psicológico, esta forma de hablar tiene relación con el concepto de “auto-distanciamiento”, una estrategia cognitiva que permite observar los pensamientos y emociones como si se tratara de un observador externo. De esta manera, el uso de la tercera persona para hablar de uno mismo puede disminuir la reactividad emocional en momentos de estrés o conflicto, y puede incluso reducir la ansiedad.
Otra función relevante de este recurso es su utilidad como herramienta para el análisis racional y objetivo, ya que algunas personas utilizan la tercera persona para evaluar sus decisiones o comportamientos de manera más crítica y desapegada. Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Waterloo (Canadá), las personas que hablan en tercera persona toman decisiones más inteligentes.
Una desconexión con la propia identidad
No obstante, el uso excesivo o permanente de este tipo de discurso también puede ser un indicador de dificultades emocionales o de desconexión con la propia identidad, especialmente si se convierte en un patrón constante o si interfiere en la comunicación interpersonal.
Para muchas personas, ver a otras hablar de una misma en tercera persona es señal de extravagancia o ego. Puede ser una estrategia de afrontamiento válida en ciertas circunstancias, ya sea para protegerse emocionalmente o para tomar decisiones con mayor claridad.
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