
Con apenas 18 años y sin mucha experiencia en el sector, Adela Paz se lanzó a emprender su primer negocio de cerrajería en Barcelona. Gracias a un crédito que la respaldaba y mucha determinación, Adela aprendió el oficio poco a poco, siendo muy constante. Años después, tras una separación personal y profesional, fundó Surclau, su propia empresa en el barrio de Sant Antoni, según informa el medio catalán Rac1.
Actualmente, tras más de tres décadas de experiencia, Paz sigue al frente de su negocio, en un sector que no solo exige precisión y confianza, sino que también continúa marcado por estereotipos de género. “Nosotras trabajamos desde la prevención, para nosotros la seguridad empieza antes de que haya un intento de robo”, explica con entusiasmo.
Adela insiste en que su trabajo no se trata sólo de abrir puertas, sino sobre todo de evitar que sean abiertas por intrusos. “Muchas veces me preguntan cómo saber si una cerradura es buena, mi respuesta siempre es la misma: que se adapte a la necesidad real del hogar o comunidad”, añade. “No se trata de vender por vender. Hay que escuchar, analizar y ofrecer soluciones a medida”.
Revisar cerraduras al menos cada cinco años
Una de las recomendaciones más importantes que hace esta cerrajera es revisar las cerraduras cada cinco años. El motivo es que las técnicas de robo evolucionan a gran velocidad. “Hay casas con cerraduras que llevan instaladas 20 o 30 años, son muy fáciles de forzar”, advierte.
Métodos como el bumping o el impresioning permiten a los ladrones abrir cerraduras antiguas sin dejar rastro y en apenas segundos. Sin embargo, muchos propietarios no lo consideran una prioridad. “La gente cambia de móvil cada dos años, pero mantiene el mismo cerrojo durante décadas”, resume Paz, según las declaraciones recogidas por el medio catalán.
Por eso, la especialista insiste en la importancia de actualizar los sistemas y apostar por cerraduras con certificación oficial, lo que garantiza que han pasado pruebas de resistencia. Además, se recomiendan soluciones que combinen mecanismos físicos como bombines o escudos, con componentes electrónicos que alerten ante intentos de acceso no autorizado.

Intrusismo y prejuicios en el sector
El intrusismo profesional es otro de los grandes problemas del sector, denuncia Paz. “Ahora cualquiera puede comprar herramientas por internet y hacerse pasar por cerrajero, antes te pedían antecedentes y registro”, explica. Esta falta de regulación ha multiplicado los casos de prácticas abusivas que incluyen presupuestos inflados y suplantación.
Por ese motivo, la empresa Surclau decidió no ofrecer servicios de urgencia 24 horas, donde estas irregularidades son más frecuentes. “Nosotras damos siempre el precio por adelantado, una apertura es una apertura, tarde lo que tarde”, añade.
Según sus declaraciones a Rac1, Paz también ha tenido que enfrentarse a actitudes machistas, a pesar de su experiencia. “Estoy en la tienda, soy la responsable, y aún así preguntan por el encargado”, cuenta. A pesar de ello, se muestra optimista, “cada vez hay más mujeres en el oficio, y eso es muy buena señal”.
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