
En un mundo donde volar se ha vuelto una rutina para millones, el acto de aplaudir al aterrizar sigue siendo un fenómeno que despierta curiosidad. Mientras que para algunos viajeros se trata de una forma de celebrar el viaje seguro, para otro puede resultar una muestra de nerviosismo o incluso incomodidad. Sin embargo, para los pilotos, la percepción es diferente.
Ramón Vallès, piloto de Iberia, ha ofrecido recientemente la visión desde la cabina en el pódcast Mami qué dices. En él, ha explicado que los pasajeros suelen aplaudir cuando el aterrizaje es suave y tranquilo, pero que ese ruido apenas llega a sus oídos durante la maniobra.
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“No. Tendrían que gritar todos a la vez. La gente tiene el hábito de aplaudir. Yo me entero porque los auxiliares de vuelo me lo comentan, pero nosotros es una fase de vuelo en la cual estás muy concentrado”, ha subrayado el piloto.
Aparte de la concentración, el aislamiento acústico de la cabina y el uso de los auriculares para contactar con la torre de control dificultan la escucha de los aplausos.
“Lo que sucede detrás, si no te informan, es difícil que te llegue a los oídos. Además, acordaos de que llevamos los auriculares puestos, así que encima tenemos los oídos tapados. En fin, una serie de características operacionales que impiden que a mí me llegue nada de atrás”, ha detallado.
De dónde viene esta costumbre
El fenómeno de aplaudir no es exclusivo de España, aunque existe la percepción común de que esta costumbre se concentra en ciertos países. “Yo creo que es mucho de los norteamericanos. Es mi sensación y la experiencia que tengo”, ha aclarado Vallés.
No obstante, “Es verdad que si un vuelo ha sido ‘movidito’, con las ansias de que ese vuelo termine, empuja que la gente aplauda y ahí es indistinta la nacionalidad de los pasajeros”, ha señalado.
Este comportamiento, según el piloto, está más relacionado con la experiencia del viaje que con la cultura o el país de origen: “Viene más condicionado por lo que haya sido un vuelo un poquito difícil y que la gente tenga tantas ganas de aterrizar que, cuando el avión se ponga en el suelo, instintivamente, sale el acto reflejo de aplaudir”.
Qué sienten los pilotos
Por su parte, los pilotos que manejan la aeronave reciben esos gestos de manera diferente. La concentración, las responsabilidades y la comunicación con la tripulación les mantienen en un estado operativo que reduce la atención a las reacciones externas, por lo que muchas veces solo se enteran de los aplausos una vez han salido del avión.
Es decir, el contraste entre el pasajero y el piloto tiene que ver con las diferencias en la experiencia del vuelo. Mientras que el pasaje vive el viaje como un usuario directo, la práctica de aplaudir, aunque pueda parecer anecdótica o incluso generar vergüenza para algunos viajeros frecuentes, es para muchos una expresión espontánea de alivio y gratitud.
Sin embargo, los pilotos suelen manejar la situación como profesionales, también condicionados por la práctica repetitiva de su trabajo, combinado con la complejidad y la responsabilidad del vuelo.
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