
Los españoles comemos peor que hace diez años. Esa es la conclusión a la que han llegado desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que alerta del auge del consumo de comidas ultraprocesadas en detrimento de las frutas y verduras. Una tendencia que nos aleja cada vez más de la dieta mediterránea.
Los últimos datos disponibles en torno a la evolución de la dieta en España los muestra el Informe Anual del Consumo Alimentario 2023, que compara los hábitos alimenticios de los españoles con respecto a 2014. En esta década, las verduras, las hortalizas y las frutas no han sido las únicas damnificadas, pues la carne y el pescado han perdido protagonismo en las mesas de los españoles.
En el caso de la carne, pese a que esta se consume en un porcentaje por encima del consumo recomendado por los profesionales de la salud, su ingesta se ha visto reducida. En 2014, la carne fresca (menos el pollo) mostraba una desviación del consumo semanal recomendado del 329%, frente al 224% de 2023; esto supone una caída del 105%.
En 2014, los hogares españoles comían pollo un 29% más de lo recomendable, según los datos que ofrece la OCU. Solo diez años después, la cifra se reduce en 19 puntos hasta el 10%.
En cuanto al pescado, este continúa consumiéndose en España por debajo de los umbrales recomendados en una dieta saludable. En 2014, su ingesta representaba un 46% de desviación negativa. En 2023, la diferencia ha aumentado en 18 puntos a la baja.
El consumo semanal de carne y pescado
A raíz de la subida de los precios de los alimentos y demás productos básicos, la Federación de Consumidores y Usuarios de Andalucía (FACUA) lanzó un estudio a partir de una encuesta realizada a 3.334 españoles sobre sus hábitos alimenticios. El informe mostró una notable disminución tanto de la carne como del pescado.
El 61% de las familias declara consumir pollo al menos una vez por semana, frente al 73,4% que lo hacía anteriormente. En contraste, ha aumentado el número de hogares que lo consumen cada quince días o con menor frecuencia, pasando del 26,5% al 38,9%.
Una tendencia similar se observa en el consumo de cerdo. En 2022, el 50,9% de las familias lo incluía en su dieta semanal, mientras que hoy esa cifra ha caído al 33,4%. Este descenso se suma al ya registrado en el consumo de ternera y pollo, reflejando un cambio generalizado en los hábitos alimentarios.
El caso del pescado es también alarmante. Con datos del año pasado, solo el 43,3% de los hogares afirma consumirlo al menos una vez por semana, una caída significativa respecto al 67,6% que lo hacía anteriormente.
Las alternativas de la carne y el pescado
Ya sea por la subida de los precios o por los cambios en los hábitos alimentarios de cada vez más personas, como quienes optan por seguir una dieta vegetariana o vegana, son muchos quienes recurren a otras fuentes alimenticias para ingerir la proteína diaria necesaria.
Las proteínas vegetales, aunque en algunos casos tienen un valor biológico menor que las animales, pueden cubrir perfectamente las necesidades nutricionales si se combinan adecuadamente, según explican los profesionales de la Clínica Universidad de Navarra.
Entre las opciones más destacadas están las legumbres, como lentejas, garbanzos y alubias, que aportan una buena cantidad de proteínas y, además, fibra, minerales y antioxidantes. También destacan los frutos secos y semillas (nueces, almendras, chía, lino o sésamo), ricos en proteínas, grasas saludables y micronutrientes esenciales.
Otra fuente importante es la soja y sus derivados, como el tofu, el tempeh o la bebida de soja enriquecida. Estos productos no solo contienen proteínas de alta calidad, sino que son muy versátiles en la cocina. Los productos lácteos y los huevos, aunque de origen animal, también son una alternativa para quienes siguen una dieta vegetariana pero no vegana.
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