
“¿Fecha de nacimiento?”, pregunta el guarda forestal. “7 de diciembre de 1965”, responde el hombre que acaban de encontrar en el bosque. “¿Edad?”, vuelve a preguntar el agente. “Depende, qué día es hoy”, contesta el individuo. “Hoy es 4 de abril de 2013”, afirma el guarda. “Entonces tengo 47 años”, confirma el ermitaño. “¿Dirección?”, continúa preguntando. “Ninguna”, dice el hombre
Eran la una y media de la madrugada del jueves 4 de abril de 2013 cuando Cristopher Thomas Knight se cegó con la luz de la linterna del guarda forestal Terry Hughes, quien le había pillado ‘in fraganti’ abandonando las cabañas del campamento de verano cerca de los lagos de Maine, donde vivió durante 27 años.
“Bueno, pues si no tiene una dirección, ¿dónde recibe el correo?”, prosigue el interrogatorio. “No recibo el correo”, responde Knight. “Pero vivirá en algún lugar, ¿dónde?”, recrimina Hughes. “Vivo en el bosque”, responde Knight.
La respuesta hace que el agente forestal mire a su compañero, Vance. Los inviernos en Maine no son una broma: húmedos, largos, oscuros… con sol la temperatura roza los cero grados, pero sin él, puede llegar a alcanzar los veinte bajo cero.
“¿Y desde cuándo vive en el bosque?”, pregunta el agente. “Desde hace décadas”, afirma el hombre. “¿Sabe el año?”, cuestiona Hughes. “¿Cuándo explotó el reactor de Chernóbil?”, responde el ermitaño. “En 1986”, confirma el guarda. “Entonces llevo en el bosque desde 1986”, indica Knight.

Una leyenda viva: el “ermitaño del bosque”.
El hombre fue arrestado esa misma noche, tras confesar que sí, que era él quien llevaba años entrando a hurtadillas en el campamento de verano para robar comida, ropa y otros objetos. Una vez finalizado el interrogatorio, el compañero de Hughe, Vance, lo metió en un coche patrulla.
Casi tres cuartos de hora después, llegaron a Augusta, la capital del estado, donde Knight fue llevado hasta un correccional, poniendo así fin a diez mil noches de intemperie.
No obstante, el “ermitaño de North Pond” no era un activista medioambiental ni desapareció en busca de respuestas espirituales. Simplemente, dejó atrás todo, su identidad, su nombre y cualquier vínculo con un ser humano.
Durante casi tres décadas, vivió bajo una lona camuflada, enfrentando inviernos brutales y noches interminables. Para sobrevivir, recurrió a robos meticulosos en cabañas y casas cercanas, siempre priorizando lo esencial: patatas, maíz, agua…
Su pasado como instalador de alarmas le dio una ventaja, ya que sabía cómo desinstalar el sistema de seguridad y moverse como un fantasma entre las sombras.

La captura del ermitaño
Su aislamiento fue absoluto. Durante 27 años, su única interacción humana fue un “hola” a un excursionista perdido. “No me sentía solo”, declaró en el juzgado. La soledad, para él, no era un peso, sino una forma de existencia.
Sin reloj, sin calendario, las estaciones marcaban su tiempo y su cuerpo consiguió adaptarse al frío extremo con sacos de dormir y mantas robadas. Pero su vida en la clandestinidad no podía durar para siempre. “No tengo una gran razón. Solo quería estar solo. Me sentía mejor en silencio”, explicó.
Tras los rumores de un ladrón invisible en el bosque de Maine, los guardas forestales organizaron una batida del terreno. En el momento del encontronazo, Knight no opuso resistencia y admitió haber cometido unos 1.000 robos. “No sé por qué lo hice. Simplemente, lo hice”, dijo el ermitaño.
La captura desató un frenesí mediático. Acto seguido de entrar en prisión, comenzó a recibir llamadas, cartas y ofrecimientos. Un carpintero le ofreció arreglar la puerta de su cabaña, otro ciudadano le ofreció una habitación en su casa para cuando saliera libre, otros, dinero sin ningún compromiso de devolución e incluso, una propuesta de matrimonio.
Las autoridades, temiendo que alguien se decidiese en pagar su fianza, decidieron aumentarla de 5.000 a 250.000 dólares.

“Era completamente libre”
Knight fue sentenciado el 28 de octubre de 2013 a siete meses de cárcel y tres de libertad condicional, además de un pago de 2.000 dólares en concepto de restitución a las víctimas y la participación en un Programa del Tribunal de Trastornos Concurrentes.
Tras su liberación, Knight se comprometió a cumplir con las condiciones de su libertad condicional, que incluían evitar el consumo de alcohol y reunirse semanalmente con la jueza Nancy Mills, quien llevó el caso. Además, consiguió empleo trabajando junto a su hermano.
El periodista Michael Finkel tuvo la oportunidad de entrevistar a Knight en prisión hasta en nueve ocasiones. Durante estas entrevistas, Knight se mostró reacio a profundizar en los motivos que lo llevaron a aislarse, sin embargo, compartió una reflexión que dejó entrever el impacto de su prolongada soledad: “La soledad otorga un aumento en algo valioso… mi percepción. Pero… cuando apliqué mi mayor percepción a mí mismo, perdí mi identidad. No había público, nadie para quien actuar… Para decirlo románticamente, era completamente libre”.
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