
Uno de los ingredientes más versátiles de la cocina es, sin duda, la patata. Procedente del altiplano andino y las cercanías del lago Titicaca, este tubérculo empezó a llegar a Europa durante el siglo XVI como curiosidad botánica debido a sus flores. No fue hasta el siglo XVIII que empezó a consumirse y se consolidó como uno de los imprescindibles de la gastronomía de buena parte del mundo.
Ricas en carbohidratos complejos, son una fuente de energía de liberación sostenida, lo que las convierte en un componente esencial de muchas dietas. Además, su contenido en fibra favorece la digestión y la salud intestinal. Desde el punto de vista nutricional, aportan vitaminas y minerales esenciales, como la vitamina C, el potasio, la vitamina B6 y el magnesio, que contribuyen al funcionamiento del sistema inmunológico, la regulación de la presión arterial y la salud neuromuscular.
Otro aspecto relevante es que las patatas, cuando se cocinan sin grasas añadidas, tienen un bajo contenido calórico en comparación con otros alimentos ricos en carbohidratos. También son una opción sin gluten, lo que las hace aptas para personas con celiaquía o sensibilidad a esta proteína.
Debido a su gran cantidad de usos en múltiples recetas, desde la clásica tortilla de patatas, hasta las patatas asadas, bien como plato principal o bien como acompañante, este tubérculo suele encontrarse en cantidad en las dispensas de las casas. Y es que, además, su precio no es muy elevado, por lo que no supone un esfuerzo comprarlas en gran cantidad para guardarlas como fondo de armario.
Cómo almacenar las patatas
Es habitual que se nos olvide la presencia de este ingrediente entre nuestras provisiones, por lo que, pasado un tiempo, empiezan a sacar raíces, a arrugarse y a podrirse, acabando, en varias ocasiones, en el contenedor del orgánico. Para evitarlo, es importante saber cómo almacenarlas correctamente con el fin de alargar su vida. Así lo cuenta la nutricionista Nikole Goncalves en su cuenta de TikTok (@healthnutnutrition).
Con más de diez años de experiencia, esta nutricionista ha dedicado parte de su carrera a investigar diferentes métodos para lograr que la comida dure más tiempo. Respecto a las patatas, la nutricionista advierte que guardarlas en la misma bolsa de plástico en la que se compran y meterlas en la dispensa no es la mejor manera. Mucho menos meterlas al frigorífico.

Lo óptimo para exprimir al máximo la vida útil de estos tubérculos, explica Nikole, es guardarlas dentro de una bolsa de papel y almacenarlas en algún lugar oscuro y fresco de la casa, pero, sobre todo, que no sea la nevera, ya que hará que esto afectará negativamente a su sabor.
Otra de las recomendaciones de esta nutricionista, en vista de que un gran número de personas suele hacerlo, es no guardar las patatas en la misma bolsa que las cebollas. El motivo es que las cebollas desprenden un gas que acelera el proceso de deterioro de los tubérculos, de forma que las patatas se ponen malas antes. Guardar bien los alimentos es una forma no solo de ahorrar dinero, sino también de reducir el desperdicio de comida en la cocina.
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