
Si las palabras pudieran poseerse, el nombre sería nuestro primer y más preciado tesoro. Algunos lo tienen incluso antes de salir al mundo, y en cualquier caso, raro es quien cuando aún no había comenzado a caminar, a gatear siquiera, era llamado por su nombre. No dar un nombre es despersonalizar, deshumanizar. Lo mismo ocurre si lo imponemos: arrebatamos a alguien el derecho a ser uno mismo, a ser interpelado también por los demás.
Tan es así, que los nombres forman también parte de la cultura de un país, del mismo modo que moldean nuestra mente. Nos suena que García es el apellido más frecuente, y mientras Paco nos suena a persona adulta, asociamos Fran con un aspecto más juvenil. Si alguien asegura llamarse Antonio, Manuel o José no nos extraña: hay más de 614.000 Antonios en España, más de 500.000 personas llevan, por separado, los otros dos nombres.
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Nadie recuerda al procónsul
Precisamente por eso, porque los nombres son cultura, también cambian conforme avanza la sociedad. Esta es la razón por la que algunos, tan populares en el pasado, han quedado ahora prácticamente en el olvido. Y sí: también hay nombres extintos. En 2023, por ejemplo, murió en España la última mujer que se llamaba Urraca. Y, del mismo modo, hay nombres en peligro de extinción.
Uno de los que probablemente más pronto desaparezca sea el de Acindino. Se trata de un nombre griego que significa “aquel que está seguro”. Cuenta con un santo homónimo, mártir muerto en la hoguera cuya festividad tiene lugar cada 2 de noviembre, y fue también nombre de un importante procónsul romano ubicado en las lejanas tierras de Siria.
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Pero ni el significado ni el carácter histórico de quienes así se llamaron ha impedido que su nombre caiga en desuso. Hoy en día, el Instituto Nacional de Estadística -INE- solo registra a 20 personas que lleven este nombre, y lo peor de todo es que la edad media de estos es de casi 83 años.
Cerrando el podio
Situaciones similares ocurre con otros nombres como Bertino, Elfidio, Imerio o Alvino. La edad promedio de sus portadores es superior a los 60 años, por lo que las 20 personas así llamadas podrían fácilmente ser las últimas. De hecho, hay casi 1.200 nombres que solo dos decenas de personas tienen en España, el mínimo para aparecer en los registros, actualizados por última vez el pasado mes de mayo.
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Acindino es el único nombre con más de 80 años de edad media, y solo otros dos superan los 70 años. El primero es Daciano. Tal palabra, que se utilizaba para identificar a quienes provenían de la región de Dacia -actuales Rumanía y Bulgaria- es el segundo nombre de chico más amenazado de nuestro país. Su edad promedio, 70,9 años, es solo una décima superior a la del nombre que cierra el podio, Enemesio, heredado, al igual que el anterior, del latín, y que significa “justiciero”.
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