
En medio de la devastación que la DANA ha provocado en numerosos municipios de Valencia hay una imagen que sorprende y contrasta con la estampa marrón del lodo que aún lo cubre todo y es que la mayoría de los árboles, tanto los urbanos como los de las laderas, permanecen en pie como si nada hubiera pasado, además de que sus ramas también sirvieron a muchas personas de salvavidas ante la crecida del agua. En Catarroja, por ejemplo, la virulencia de la tormenta que cayó el pasado 29 de octubre dejó sus calles llenas de fango, además de pisos bajos, garajes y negocios destrozados y, sin embargo, tanto las palmeras como los fresnos y olmos, entre otras especies, lucen intactas. Una imagen que se repite en muchas otras localidades afectadas.
Pese a la fuerza que tuvo la riada, “si un árbol está sano y ha arraigado bien, es difícil que sea arrastrado por el agua”, explica a Infobae España el biólogo Jaime Güemes, director del Jardín Botánico de la Universidad de Valencia, que indica que en este caso los ejemplares también se salvaron porque no hubo fuertes rachas de viento. “No se ha producido un arrastre de árboles ni estamos viendo ejemplares tumbados de las ramblas y ahora llama la atención ese contraste del verde limpio de los árboles con el barro de fondo” en calles de las localidades afectadas por la DANA (depresión aislada en niveles altos), añade.
Los árboles, además de otros tipos de vegetación, contribuyen a reducir la erosión y, por tanto, también “han reducido la velocidad del avance del agua al quedarse en las copas y empapar las raíces y han retenido el lodo”, además de frenar los arrastres, señala Güemes, que también recuerda que la presencia de los árboles urbanos ubicados en las aceras reduce el número de vehículos aparcados.

El peligro de construir en zonas inundables
A pesar de que los árboles han mitigado los efectos de la dana, plantar más ejemplares no solucionaría los problemas ocasionados por los fenómenos climatológicos como las dana, que son cada vez más frecuentes e intensas. Para evitar desastres, la solución pasa inevitablemente por un modelo de construcción más sostenible y eficiente, por evitar las construcciones en cauces y zonas de alto riesgo de inundación, indica Güemes. “Hay que evitar las zonas inundables mediante infraestructuras o con retirada de construcciones, dependiendo del lugar en cada caso, ya que tenemos que ser conscientes de que en la costa mediterránea las dana se producen cada 30 o 40 años y tenemos que aprender a vivir con ello”. “Hemos de buscar soluciones basadas en la naturaleza”, insiste el experto, que recomienda “observar bien el paisaje” antes de construir cualquier edificación.
Otras de las lecciones que se deberían extraer tras el paso de esta dana, que solo en la Comunidad Valenciana ha destrozado 70 municipios, es la necesidad de fortalecer los mecanismos de alerta temprana y de que haya una mejor coordinación entre instituciones, así como suficientes protocolos y que la población los conozca. Sin embargo, pese a la magnitud de esta tragedia, Güemes cree que “seguiremos sin aprender la lección”, tal y como ocurrió tras la pandemia. “Olvidamos todo enseguida”, lamenta. “Tenemos que cambiar muchas cosas, porque la naturaleza nos está poniendo en nuestro sitio. No vamos a poder frenar el cambio climático a corto plazo, pero debemos saber lo que va a ocurrir y estos fenómenos extremos van a ocurrir periódicamente cuando menos lo esperemos”, advierte.

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