
Hoy en día, Jorge Ponce es una de las caras más conocidas y respetadas del panorama humorístico en España. Además, de sus icónicas intervenciones en La Resistencia y en La Revuelta, le han consolidado como un talento indiscutible. Además, su reciente incursión en la plataforma Amazon Prime Video con el true crime humorístico Medina: el estafador de famosos, ha demostrado su capacidad para reinventarse. Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas para el malagueño. Sus primeros pasos en la televisión, de la mano de Andreu Buenafuente, estuvieron marcados por duras críticas y una presión abrumadora.
“Como si me hubiera cagado en la mesita de noche de sus hijas”
El primer gran salto de Jorge Ponce, cuando se unió al equipo de En el aire, un programa de humor emitido en La Sexta y conducido por Andreu Buenafuente. Ponce, que hasta entonces había trabajado principalmente en producción y guion, se encontró compartiendo escenario con dos gigantes del humor: Buenafuente y Berto Romero. Para un joven que nunca había sido figura visible en televisión, el reto era colosal. “Imagínate la idea de Andreu: ‘Vamos a coger a este chaval, que no ha salido nunca en televisión y tiene unas inseguridades increíbles, y vamos a ponerlo junto a la pareja más estable de la comedia en España’”, recuerda, ahora entre risas.
Pese a las expectativas, las ganas y la emoción, sus primeros meses no fueron fáciles. No tardó en ser objeto de críticas, tanto por su inexperiencia como por el estilo de humor que aún estaba en proceso de desarrollar. Tuvo que lidiar con comentarios negativos a diario, incluso con mensajes directos que pedían a Buenafuente que lo despidiera. Era como si me hubiera colado en sus casas y cagado en la mesita de noche de sus hijas”, describió con ironía el cómico en una reciente entrevista con Carolina Iglesias en el programa Ni tan bien de la Cadena Ser.
“Lo peor que le había pasado a la televisión”
El impacto de esos mensajes, en aquel momento, golpeó con fuerza al humorista. Cada emisión de En el aire, venía acompañada de un aluvión de críticas y de mensajes pidiendo su despido. “Me decían que era lo peor que le había pasado a la televisión en mucho tiempo”, confiesa. Los comentarios duros empezaron a formar parte de su rutina, pero lejos de rendirse, decidió utilizar esta negatividad como impulso. A día de hoy, admite que aquellos duros momentos le ayudaron a desarrollar un “pellejo duro”, algo que le ha servido a lo largo de toda su carrera. “Después de recibir todo eso, al día siguiente iba e intentaba los chistes otra vez”, comenta con una mezcla de orgullo y resignación.
De guionista a figura clave del humor televisivo

Aunque estar junto a Buenafuente fuese su primer trabajo visible en televisión, su carrera ya había despegado tiempo atrás en programas como Caiga quien caiga, donde trabajaba principalmente detrás de cámaras como guionista y en producción. Su paso al frente del escenario fue rápido, pero no exento de tropiezos. A lo largo de los años, ha sabido capitalizar esa experiencia y la ha utilizado para crecer profesionalmente. Su participación en programas como La Resistencia, donde se ha consolidado como uno de los colaboradores más queridos, y ahora en La Revuelta, muestran su evolución como humorista y su capacidad para conectar con el público.
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