
La pandemia de gripe de 1918 acabó con la vida de entre 25 y 40 millones de personas e infectó a más de 500 millones, el equivalente a casi dos veces toda la población de Estados Unidos. De hecho, este país contó más víctimas por el virus (unas 675.000) que por las dos Guerras Mundiales, la guerra de Corea y la guerra de Vietnam juntas. Aquella influenza de principios del siglo XX ha pasado a la historia como la “gripe española”, una leyenda negra que los historiadores intentan tumbar.
El estallido de la pandemia tiene lugar en un momento en el que el mundo estaba sumido en la Primera Guerra Mundial. España, que era uno de los pocos Estados neutrales durante la contienda, no ocultó la información sobre el virus, a diferencia de la prensa extranjera que sí maquilló el verdadero impacto de la enfermedad para no minar la moral del ejército y la población.
La amplia cobertura mediática que se le dio en nuestro país a la pandemia llevó a la equivocación de que el virus había comenzado en España y que, por tanto, era el principal foco de propagación mundial. Así empezó a conocerse a la gripe de 1918 como la Spanish influenza, utilizándose por primera vez el 2 de junio de 1918, en una crónica del corresponsal en Madrid de The Times.
Las investigaciones actuales apuntan tres posibles teorías. La primera de ellas es la que tiene más fuerza y defiende que la pandemia se inició en Estados Unidos en marzo de 1918; la segunda, que el foco surgió en China y los transmisores fueron trabajadores chinos movilizados al frente occidental; por último, hay quienes sitúan el origen de la gripe un par de años antes, entre 1916 y 1917 en el ejército inglés.
Las tropas estadounidenses destinadas a combatir en suelo europeo llevaron el virus al Viejo Continente, que durante los tres meses siguientes se expandió hasta el este de Asia. Después llegó a Sudamérica, al Pacífico Sur, Sudáfrica, India, China... El paso devastador de la pandemia movilizó a las farmacéuticas de todo el mundo para el descubrimiento de una vacuna que nunca llegó. Antes de que se desarrollara el fármaco, el virus desapareció sin ni siquiera haber podido aislarlo.
Ante la elevada tasa de contagio (los hacinamientos propios de la guerra impulsaron la propagación del virus), los gobiernos tomaron medidas novedosas para aquella época pero que pueden resultarnos familiares a las de nuestra propia pandemia, la del coronavirus en 2020. El uso obligatorio de la mascarilla y la distancia social fueron algunas de las pautas dispuestas por las autoridades para intentar contener la gripe. Países como Austria o Alemania decretaron el cierre de los teatros, los bares, las salas de cine y se prohibió la celebración de funerales.
Cómo vivió España la pandemia de 1918
España fue neutral en la Gran Guerra, pero no para el virus. La virus de la influenza entró en la Península Ibérica por Cádiz y Lisboa y se extendió por todo el país, dejando la capital realmente afectada. Según el Instituto nacional de Estadística, España registró en torno a 696.000 fallecidos en el transcurso de la pandemia, aunque podrían ser muchos más.
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