
Tony y Ann Sloan habían encontrado su paraíso ideal en la costa norte de Devon, Reino Unido, un lugar donde construyeron su hogar para disfrutar de su jubilación. Su casa, situada en un tranquilo valle que desciende suavemente hacia el mar, les ofrecía una vida tranquila, lejos del bullicio. Sin embargo, su tranquilidad está ahora en peligro debido a un ambicioso proyecto de energía que amenaza con transformar su entorno en una zona de construcción durante años.
Se trata del Xlinks Morocco-UK Power Project, un proyecto de gran envergadura que pretende conectar la energía solar y eólica de Marruecos con el Reino Unido mediante cables submarinos. El proyecto traerá electricidad a través de un cable de 4.000 kilómetros de longitud. El lugar elegido para que estos cables lleguen a tierra firme es cerca de Abbotsham, en el norte de Devon, justo en las inmediaciones del hogar de los Sloan. “Esto era nuestro paraíso perfecto”, comentaba a la BBC Tony Sloan, de 76 años, visiblemente afectado. “Me siento devastado. El área estará en caos durante años”. Su esposa Ann, de 75 años, comparte su frustración y preocupación. “Es un proyecto colosal. Ahora vivimos en paz, escuchamos los pájaros, pero con esta obra tendremos ruido, luces, camiones y perforaciones constantes”.
Esta pareja no es la única afectada. Muchos residentes de la zona, agricultores y pequeños propietarios temen que la construcción del cable transforme la región en un campo de obras durante al menos seis años, el tiempo estimado para la instalación del cable y las infraestructuras necesarias, incluyendo estaciones convertidoras y subestaciones eléctricas.
Un proyecto de energía de escala global
El Xlinks Morocco-UK Power Project es una iniciativa que busca suministrar energía limpia y renovable a más de siete millones de hogares en el Reino Unido para principios de la década de 2030. El CEO de Xlinks, James Humfrey, explica que el proyecto tiene como objetivo “proporcionar energía cuando el Reino Unido más lo necesita, especialmente por las noches”. Además, destaca que aunque el cable será el más largo del mundo, la tecnología empleada ya ha sido probada en otros lugares. “Entiendo las preocupaciones de los residentes y queremos trabajar con ellos para minimizar el impacto”, asegura Humfrey.
Para reducir las molestias, Xlinks ha propuesto la construcción de una carretera temporal que desvíe el tráfico de construcción de las vías locales, y promete trabajar por tramos de un kilómetro para limitar el tiempo que las obras afectan a cada área. A pesar de estos esfuerzos, el proyecto ha generado gran inquietud entre los vecinos, quienes temen que el turismo, del cual depende buena parte de la economía local, se vea gravemente afectado durante el periodo de construcción. “¿Qué turistas querrán venir aquí cuando el área esté completamente interrumpida?”, se pregunta Tony Sloan, anticipando el impacto negativo que tendrá en la afluencia de visitantes.
Los agricultores también afectados
No solo los residentes temen las consecuencias del proyecto. David Lomas, un agricultor de 69 años que posee tierras en las que se instalará parte del cable, califica el proyecto de “una locura”. A pesar de estar a favor de la energía verde, Lomas critica la decisión de traerla desde Marruecos: “Voy a perder el 20% de mis tierras productivas durante la construcción, y va a causar un gran trastorno tanto a la comunidad local como a los propietarios de las tierras”, asegura. Xlinks ha informado que solo utilizarán un 12% de las tierras de Lomas y que intentarán mitigar el impacto, pero el agricultor sigue escéptico respecto a los beneficios del proyecto para la zona.
El gobierno del Reino Unido ya ha designado el proyecto como una infraestructura de importancia nacional, lo que significa que está alineado con los planes de descarbonización del país. Aun así, el proceso de planificación y aprobación es largo y complejo, y podría llevar varios años antes de que se dé luz verde definitiva al proyecto. La decisión final sobre si el proyecto seguirá adelante recaerá en el secretario de Estado.
Mientras tanto, los residentes, como Adam Bridge, que vive cerca de una de las carreteras temporales propuestas, enfrentan un futuro incierto. “Es estresante”, comentaba Bridge, de 59 años. “Esto cambiará completamente la vida aquí. Ahora es un lugar tranquilo, pero con este proyecto será un auténtico sitio en construcción justo al lado de casa”. El proyecto, con un coste estimado de entre 22.000 y 24.000 millones de libras, será financiado por accionistas e inversores privados. “Tenemos un fuerte apoyo de los inversores y hemos trabajado bien tanto con el gobierno de Marruecos como con el del Reino Unido”, afirma Humfrey.
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