
Según un estudio realizado por la plataforma de servicios del hogar Clintu, los españoles tenemos una serie de tareas domésticas que nos dan bastante más pereza que otras. Limpiar el horno se lleva la palma, pero otras labores como la nevera, los cristales o planchar también se ven como algo engorroso. Sin embargo, con un 20% de respuestas afirmativas, los españoles también manifestaron que limpiar los baños es, sin duda, la tarea que más pereza les da.
Y es que el cuarto del baño es una de las partes de la casa que más requieren nuestra atención y que más a fondo se deben cuidar. En caso contrario puede ser un peligroso foco de bacterias, por no hablar del mal olor que desprenderá a los pocos días o pocas semanas de desatención. Es importante, por lo tanto, dedicarle el mínimo requerido de atención, pero hay además una serie de trucos que pueden ayudarnos a que el trabajo nos resulte más sencillo.
Una rutina muy efectiva
Un método que ahora ha ganado mucha repercusión en redes sociales tiene que ver con la que sin duda es la peor parte a limpiar de los baños: la taza del váter. Se trata de algo muy sencillo: echarle una vez al mes sal gorda al inodoro. Pero la simplicidad no le resta efectividad, pues con ello nos aseguraremos de borrar una gran cantidad de las bacterias presentes, a eliminar sarro y suciedad y a frenar el mal olor.
No en vano, la sal es probablemente el desinfectante natural más antiguo del mundo, utilizado desde hace mucho tiempo por la humanidad, que incluso recubría los alimentos con ella para que estos no se contaminaran. La sal, además, absorbe agua y elimina las manchas, es abrasiva y se convierte en un potente limpiador si se mezcla con algún ácido, de modo que se ha usado tradicionalmente para eliminar moho, blanquear ropa y limpiar las tablas de cocina.
Pero para lo que nos concierne, la mezcla desinfectante que requeriremos será muy sencilla: sal gruesa, bicarbonato de sodio y algún aceite esencial con el olor que más nos guste. En un bol, debemos verter una cantidad igual de los dos primeros componentes, unos 200 gramos. Junto a estos, echaremos unas cuantas gotas de aceite esencial -no más de 20-. La sal y el bicarbonato ejercerán de desinfectantes, y el aceite dejará un mejor aroma.
Lo único que hay que hacer después es echar esta mezcla en la taza por la noche para que, mientras nosotros dormimos, el agente haga su función y tenga tiempo de matar gérmenes, disolver la cal y blanquear la zona. Pero la cosa no acaba aquí, y es que cuando nos despertemos será necesario hervir agua en un cazo y, cuando esta esté en ebullición, echarlo también en el inodoro para luego tirar de la cadena. El efecto será inmediato: perfumado, blanco e impoluto.
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