
Muy a su pesar y tras muchas negociaciones, Alfredo y Carmela García han tenido que tirar la toalla. Sylkar, el mítico bar del madrileño barrio de Chamberí conocido por su tortilla de patata poco cuajada, ha echado la persiana tras más de 50 años de historia.
El pequeño local situado en el número 17 de la calle Espronceda comunicaba este 31 de julio el fin de su andadura a través de un mensaje en redes sociales. “Gracias por acompañarnos durante más de 50 años en este pequeño local donde han pasado historias, conversaciones, risas, desayunos, vueltas del trabajo, primeras citas, reencuentros con amigos… hoy Sylkar echa su cierre y se despide”, comenzaba este triste mensaje de despedida a través de su cuenta de Instagram.
“Sus dueños, tras pensarlo durante mucho tiempo, están preparados para disfrutar de su jubilación y se acordarán de sus clientes para siempre. Gracias siempre a los fieles, los turistas, los mayores, los niños… Gracias a Vitoria, Mercedes, Judith, Andrea, Rosa…. Por cocinar tan rico y atendernos tan bien. Estamos muy seguros de que esta pequeña cafetería de la Calle Espronceda, nº 17 muy pronto volverá a brillar”, seguían compartiendo en sus redes sociales.
La noticia del cierre de Sylkar se venía anunciando estos últimos años por el deseo de sus dueños de jubilarse, algo que habían compartido a través de diversas entrevistas en medios de comunicación. Aunque Alfredo y Carmela deseaban ya descansar de su carrera en la hostelería, no querían que se perdiese el negocio, por lo que estuvieron meses negociando para que Sylkar perdurase. Sin embargo, las conversaciones no llegaron a prosperar. “Ha habido muchos interesados y muchos preguntones, pero no hemos llegado a un acuerdo. Es una pena porque era un negocio que funcionaba al 100%, pero Sylkar muere”, afirmaba Alfredo en una entrevista con el diario El Mundo.
Sylkar, un templo de las tortillas en Ponzano
Abierto en la década de los 70 en el barrio de Chamberí junto a la calle Ponzano, Sylkar fue desde sus inicios un bar dedicado a los trabajadores de oficinas y vecinos del barrio. Su fama fue creciendo en la capital gracias a su receta de tortilla, que se ha mantenido intacta durante los 53 años que este bar ha estado sirviendo pinchos, cafés y cañas en su barrio. Una tortilla sencilla, con patatas y cebolla al estilo betanzos, que se servía también sin cebolla para aquellos que así lo prefirieran.
Su famosísimo pincho de tortilla, poco hecho y con los ingredientes de calidad que lo caracterizaban, se servía a 4 euros y volaba de la barra en las primeras horas del día, lo que obligaba a madrugar a aquellas personas deseosas de probar el que se conocía como uno de los mejores de toda la ciudad de Madrid. Además de sus tortillas, su carta basada en comida casera, tradicional y madrileña, incluía otras especialidades como las croquetas de jamón ibérico, los callos, mollejas, albóndigas o torreznos de Soria, además de cocido madrileño o fabada algunos días de la semana.
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