
El cineasta neoyorkino ha dado su opinión sobre el caso Rubiales y ha sido de lo más contundente. En su opinión, se trató de un beso entre dos amigos, no una violación ni una agresión sexual sin consentimiento.
Las declaraciones las ha hecho en el Festival de Venecia, donde presenta fuera de concurso su última película, Golpe de suerte, que ha rodado en Francia después de haber sido cancelado en los Estados Unidos tras toda una serie de incógnitas que todavía giran en torno a la relación con sus hijos y a la acusación que pesa sobre él por abusar sexualmente de su hijastra Dylan Farrow cuando esta tenía siete años de edad.
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Una condena pública que resurgió cuando en 2017 la propia Dylan escribió una carta a The New York Times narrando en primera persona lo que había sufrido en su infancia, siendo apoyada por su hermano Ronan Farrow, uno de los artífices del Me Too y ganador del Premio Pulitzer de periodismo. A partir de ese momento, todas las actrices que había trabajado con él, se desentendieron de las películas que habían realizado a su lado.
El Me Too de Hollywood y el Se Acabó en España
En ese contexto, y después de que Venecia decidiera darle un hueco en su programación y con el estreno de su próximo film previsto en nuestro país para el día 29 de septiembre, en una entrevista concedida al diario El Mundo, al ser preguntado sobre lo ocurrido en torno a la polémica sobre el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, que ha sido suspendido después de haber dado sin su consentimiento un beso a la jugadora de la selección española Jennifer Hermoso durante la final del Mundial femenino, ha declarado que “no la estaba violando, era solo un beso y era una amiga. ¿Qué hay de malo en eso? No se escondieron, ni estaban en un callejón oscuro”.
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Las redes sociales han estallado frente a las declaraciones de Woody Allen, que asegura que no entiende por qué una persona por dar un beso ha de perder el trabajo. En ese sentido, Pablo Echenique lo definía como “conocido pedófilo reincidente”.
En cualquier caso, Woody Allen, que ha sido víctima de la cultura de la cancelación, parece solidarizarse con el que considera otro linchamiento al género masculino. “Como ciudadano medio, estuvo mal, hizo algo incorrecto... pero no es como si hubiera quemado un colegio. Los dos tendrían que arreglarlo y salir adelante”, terminaba argumentando. Mientras, en España siguen apareciendo testimonios de mujeres que dan un paso adelante, a través del hashtag #SeAcabó, poniendo de manifiesto su hartazgo después de haber sido humilladas en sus entornos laborales por los hombres.
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