Los factores históricos que han marcado las elecciones en España: participación, la ventaja de bloques y el tercer puesto

La movilización del electorado, la diferencia en votantes y número de votos entre las fuerzas de uno y otro bando y llevarse el gato al agua en la batalla por ser la fuerza más votada tras PP y PSOE decatarán los resultados del 23-J

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Los miembros de una mesa
Los miembros de una mesa electoral proceden a la apertura de las urnas para el recuento de votos, tras el cierre de los colegios electorales el pasado 28 de mayo. EFE/Luis Tejido

Los datos dan pistas. No votan por los ciudadanos, pero permiten adivinar qué es lo que puede pasar mañana. No existen las elecciones poco relevantes, pero este 23, envuelto incluso en un ambiente épico, parece más decisivo que nunca. La idea de remontada apuntalada por la izquierda ha creado un contexto de esperanza para el bloque progresista. O al menos eso parece. “Votar, votar y votar”, decía el presidente del Gobierno el viernes en su acto de cierre de campaña.

Está claro que las expectativas del electorado influyen en el voto y en la predisposición a votar, principalmente al electorado de izquierdas, que se ve apelado cuando percibe un escenario contrario a sus intereses. El contexto actual dibuja un panorama bastante abierto que determinarán tres claves: la participación, la ventaja de votos entre los bloques y la tercera posición, que en esta contienda electoral será todavía más decisiva.

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En las últimas elecciones, celebradas en noviembre de 2019, se resintió la participación, un fenómeno habitual que se da en todas las democracias cuando los comicios se repiten por falta de acuerdo entre los partidos. Cuando eso sucede, la ciudadanía castiga absteniéndose. A pesar de ello, los resultados electorales permitieron concluir algunas ideas importantes.

Tras caer a mínimos históricos en abril, el Partido Popular había tocado fondo. En solo seis meses, Casado espantó el fantasma del sorpasso del hoy extinto Ciudadanos, dejando al partido naranja totalmente noqueado. Muchos de esos votos se los llevó Vox, si bien la gran mayoría fueron a parar al saco del por entonces PP de Casado y, especialmente, del de Feijóo de hoy. Los comicios de abril significaron también el techo del PSOE. Sánchez intentó ensanchar el espacio socialista, pero no lo logró: los 123 escaños del 28-A fueron su mejor resultado. En seis meses se dejó tres escaños, quedándose en 120, a la postre suficientes para gobernar.

Los ocho millones de la izquierda

Con el panorama que pronostican las encuestas, el domingo se dibujan tres posibles escenarios: un Gobierno de derechas, el más predecible, un escenario de bloqueo, o una coalición de los partidos de izquierdas con los periféricos. Igual que sucedió en citas electorales anteriores, todos ellos dependen de diversos factores que determinarán el Gobierno que tendrá España los próximos cuatro años.

En 1982, la izquierda le sacó a la derecha más de 4 millones de votos de diferencia. Desde ese momento, el número de votantes a la izquierda ha ido disminuyendo, ampliándose de forma paulatina el votante al bloque de la derecha. La izquierda siempre ha superado al PP en número, salvo en tres ocasiones: en el año 2000, en el año 2011 y en 2016. En el 2000 y en 2011, la diferencia fue de más de un millón de votos; en cambio, en 2016, Rajoy no logró esa ventaja y con la suma de los partidos periféricos, las de las fuerzas de izquierdas lograron apartarle de La Moncloa en 2018 con la moción de censura. Esa cifra parece ser una línea clara.

El PSOE, antes de la caída del bipartidismo, siempre había logrado gobernar cuando las fuerzas de izquierda aglutinaban, al menos, más de 8 millones de votos. En 2004 rozó los 12 millones. Sin embargo, con la caída del bipartidismo, todo cambió: para gobernar ha sido necesario, además de esa ventaja de más del millón de votos, superar esa barrera con otras fuerzas.

Con estos datos, pueden extraerse unas cuentas conclusiones. Para empezar, que si el bloque de izquierda consigue irse por encima de los 8 millones de votantes –a pesar de no ser condición suficiente para gobernar– estarán cerca de prolongar el Gobierno de coalición otros cuatro años.

La participación: cuestión clave

Por otro, que la participación es, sin duda, clave para que se pueda producir una sorpresa. Desde el año 2008, con la reelección de José Luís Rodríguez Zapatero, la participación en las elecciones se estabilizó, quedando atrás los masivos registros de los primeros años de democracia y encasillándose entre el 65% y el 70%, siendo este último dato considerado como muy positivo entre los expertos.

La gran mayoría de las encuestadoras, incluido el CIS, apuntan a un aumento de la participación con respecto a 2019: en dato que podría superar el 70%. Si eso sucede, la movilización sería la mejor desde el desplome que se produjo en el año 2011, cando cayó alrededor de cinco puntos. Por tanto, la clave para poder considerar una posible sorpresa estaría superar la barrera del 74% de participación, una cifra que, de producirse, sería completamente histórica, la más alta desde el año 2008.

Sumar y Vox, la batalla por los 3 millones

Y por último, otro factor determinante, será la batalla que libren Sumar y Vox por la tercera posición. Entrar en el podio supondría acercar a su bloque a la victoria. El partido de Yolanda Díaz tiene el reto de frenar la caída de votos de Unidas Podemos desde su llegada al Congreso de los Diputados en 2016, cuando lograron su techo de apoyos. Según se han ido celebrando comicios, el apoyo a los morados ha ido diluyéndose.

Frenar la sangría, ensanchar el espacio y revalidar los 35 representantes sería todo un logro para Díaz, que, en caso de quedar tercera fuerza, podría decantar la balanza en favor de la izquierda.

Por su parte, Abascal, tras tocar techo en 2019 con 52 diputados, debe lograr mantener por lo menos los 3 millones de apoyos, unos votos que no tiene asegurados y que podrían hacerles caer por debajo de Sumar. Sin embargo, más allá de las lecturas de cara a la gobernabilidad, la formación se vería obligada a tomar determinaciones concretas con el objetivo de evitar una nueva desmembración del espacio, tal y como le ocurrió a Ciudadanos en favor del PP.

En definitiva, la derecha tendrá más fácil gobernar si supera en, por lo menos, un millón de votos a la izquierda y los partidos periféricos. En caso contrario, la izquierda cuenta con una base mayor de votantes. Para ellos, la clave del éxito o del fracaso la marcará, en gran medida, la participación. Los españoles decidirá en horas.

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