Jose Oliva
Barcelona, 27 may. El músico Carlos Núñez Cortés, uno de los miembros legendarios del grupo argentino Les Luthiers, que formó parte del grupo hasta que se despidió en 2017, considera que "en el humor debe haber algunos límites" y le gustaría que otro grupo tomara el testigo de esa combinación de música y humor.
En una entrevista con EFE, Carlos Núñez, que acaba de publicar en España "Memorias de un Luthier" (Libros del Kultrum), señala que "en el humor hay límites, hay también censura, autocensura, pero no se debe confundir una cosa con otra" y precisa: "A mí jamás se me ocurriría hacer un chiste sobre el Holocausto, y eso es un límite, pero sí hacer chistes sobre la personalidad de los argentinos".
No haría chistes del Holocausto, pero "sí de judíos, de pelados, que son maravillosos, y eso sin entrar en el sexo, porque ahora, con los movimientos LGTBIX...y todo el abecedario hasta la Z, habrá gente que naturalmente se va a molestar".
Una de las virtudes de Les Luthiers, según Núñez Cortés, es que ayudó a difundir el folclore latinoamericano, no sólo el argentino y ahí están ejemplos como la "Serenata mariachi", que en México siempre les pedían.
"Nosotros vivimos en una bendita ciudad, Buenos Aires, por la que han desfilado todo tipo de culturas y de etnias y de folclore, y hemos consumido desde bossa nostra, perdón, bossa nova hasta operetas rusas o canción francesa", explica.
"Sin embargo, cuando salíamos de gira por América descubríamos con cierto estupor que en muchos lugares el público no tenía el código, y si no conocía el material del cual íbamos a hacer una parodia, difícilmente se iban a poder reír de la parodia", añade.
Una de las claves del humor de Les Luthiers es, a su juicio, el uso de juegos de palabras y en este punto cita el libro "Verbalia", en el que su autor, el escritor catalán Marius Serra, "había hecho un análisis de la obra de Les Luthiers sin saberlo".
Serra hablaba en su libro de figuras retóricas como el contrapié, el calambur, la parodia, el palíndromo o la paranomasia y fue cuando se dio cuenta que "todo eso es lo que hacían Les Luthiers", juegos con el léxico a partir de "palabras maleta, como las definió Lewis Carroll" y de ese análisis que Núñez hizo durante un año sobre la obra del grupo surgió su primer libro, "Los juegos de Matrospiero".
Fue así como descubrió algo: "el público se divertía con nuestros chistes no porque fueran sobre un judío, un pelado, sino que tenía que ver con nuestro idioma, el español, y sus juegos de palabras". Y con ese humor consiguieron transitar incluso durante la dictadura militar argentina, "cuidándonos de la dictadura", anota.
A Núñez le gustaría alguna vez ver en un museo la treintena de "instrumentos informales" construidos por los propios Luthiers, desde el que él mismo fabricó, el tubófono silicónico cromático, inspirado en su formación universitaria como químico, hasta otros que pudo tocar como la desafinaducha, la marimba de cocos, la ferrocalíope, la mandocleta, el glamocot, o el que les llevó más tiempo, el órgano de campaña, que les llevó meses y para el que necesitaron ayuda de ingenieros.
A pocos meses de la gira de despedida de Les Luthiers, Núñez dice: "Me encantaría ver de pronto algún grupo, no que nos imite ni nada, sino que cree un material que una música y humor, pero no me encantaría ver un espectáculo en el que se representen nuestras obras, porque es como hacer una obra de los Hermanos Marx sin los Hermanos Marx, o del Gordo y el Flaco sin ellos".
Entre las doscientas canciones del grupo argentino, Núñez señala como su preferida "Teresa y el oso", "una parodia de 'Pedro y el lobo' de Prokofiev, en la que Ernesto Acher introdujo referencias musicales que solo entendidos descubren: Wagner, Beethoven, Mendelssohn, Verdi, Richard Strauss y Schoenberg. EFE
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