
“Coge una canción triste y hazla mejor. Recuerda dejarla entrar en tu corazón. Entonces puedes empezar a hacerlo mejor”. Los jugadores del Manchester City interiorizaron en el lugar y el momento más apropiados aquello que cantaba Paul McCartney en Hey Jude. Convirtieron el empate de la ida en una oportunidad para mejorar en un Etihad donde la megafonía rescató con vista a los Beatles para la ocasión y sólo hubo un equipo este miércoles: el local. El trabajo citizen quedó completado en una primera mitad apenas sin tacha que bien valió un billete para toda una final de la Champions. Enfrente, un Real Madrid totalmente desarmado por la lección que, esta vez sí, Guardiola y los suyos supieron aplicar a la perfección (4-0, 5-1 en el global de la semifinal).
Thibaut Courtois fue el último de Filipinas en un conjunto blanco vestido de negro luto (también con tino) en una noche para el olvido. El portero belga obró el milagro en dos embestidas de un Haaland con mucha más mordiente que hace una semana, pero ya no pudo lograrlo en una tercera tentativa peligrosa del City. Lo que fue posible en el 13 y el 21 dejó de serlo en el 23, cuando Bernardo Silva le puso la primera guinda a una noche de auténtica etiqueta inglesa.
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Todo un especialista en el corte elegante como Kevin De Bruyne encontró el pase a la espalda más preciso para asistir a su compañero portugués, totalmente desmarcado para convertir el 1-0 con un disparo al palo corto. La banda derecha, el mejor caladero del City, había sacado de quicio al Madrid. El monólogo citizen del Bernabéu no había sido absolutamente nada en comparación con el presente. Apenas un ensayo general de la clase magistral que sí caló en su templo: poco botín se había encontrado en media hora para la nulidad que constituía el Madrid.
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No hubo conjura posible de los blancos, ni aun buscándola en el centro del campo nada más llegar el primer derechazo. Los futbolistas del City parecían ese niño del parque que se queda el balón en propiedad y no lo suelta ni aunque su madre le diga mil y una veces que ya está bien, que es hora de marcharse. El relato gozaba de mucha mayor entidad que el puro y duro dato, cuya verdad (76% de posesión del City frente a un 24% del Madrid en media hora) rebasaba con amplitud cualquier número. Como no tardó en volver a demostrar, de nuevo, un Bernardo Silva erigido en ejecutor de un equipo con los cuchillos mucho más afilados que un año atrás.
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Un Madrid sin respuestas
En una jornada marcada por la incomparecencia, los acercamientos del Madrid al área rival brillaron por su ausencia. Un zapatazo de Kroos al larguero en el 34 fue el único aviso con cierta seriedad antes de que el 2-0 cayese como una losa en la expedición merengue. En una mala salida de balón visitante, Grealish acabó encontrando a Gündogan, que a su vez se topó con Courtois, la resistencia aunque fútil de los blancos: Bernardo Silva firmó el doblete en el 37 al cazar el rechace de la zaga visitante.

Nada cambió tras el descanso. La agresividad habitual del Madrid en las noches de Champions brillaba por su ausencia ante un City que, sabedor de su dominio, controló la situación a las mil maravillas. Un momento muy dulce y que Rodri aprovechó para lucirse en el mejor escenario posible: quería venganza y vaya si la tuvo. Aún habría dos golpetazos más que celebrar, con debe incluido para el Madrid en el 3-0. En una falta botada por De Bruyne en el 76 que acabó tocando Akanji, un Militao que pareció empezar el partido opositando a jefe defensivo de cierta solvencia acabó tan defenestrado como el resto de sus compañeros: gol al pegar la bola en el cuerpo del brasileño, aunque finalmente el tanto se le apuntó a Akanji.
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No había nada que reprochar al electrónico, porque el fútbol había dictado una sentencia firme y sin posibilidad de recurso alguno por lo visto en el terreno de juego. La última puñalada en el corazón madridista, sufridor de hasta 4, fue obra de Julián Álvarez en el descuento, cuando todo moría... menos las ganas del City. Un contendiente dio un auténtico baño al otro, que no pudo quitarse de encima la sensación de oportunidad perdida que le dejó la segunda mitad sin premio del duelo en su Bernabéu. Estambul coronará ahora a los citizens o al Inter de Milán en unos días. La leyenda merengue en la Copa de Europa tendrá que esperar a una nueva temporada: lo de hacer mejores canciones tristes ya se ha visto antes en Concha Espina.
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