
Frank Grillo, una de las figuras más reconocidas del cine de acción estadounidense, ha atraído la atención del público y la prensa tras pronunciarse sobre un tema que suele mantenerse en la sombra: el uso generalizado de fármacos en la industria cinematográfica de Hollywood.
En recientes declaraciones realizadas a la revista Men’s Health USA, el actor, famoso por producciones como ‘El pacificador’, ‘Superman’ o ‘Election: la noche de las bestias’ y actualmente en auge por su participación en la serie ‘Tulsa King’ junto a Sylvester Stallone, detalló cómo los cuerpos musculosos y las transformaciones físicas que se ven en pantalla habitualmente no responden a procesos naturales.
Durante la promoción de ‘Tulsa King’, Grillo fue tajante al exponer los métodos que muchos actores utilizan para lograr notorias transformaciones físicas. “Lo hacen, ya sabes, tomando Anavar, Deca y todas las cosas que ahora recetan los médicos, lo cual es bueno porque al menos puede ser supervisado por un profesional médico. Pero ninguno de esos cuerpos es natural. Esos tipos no andan con el mismo aspecto seis meses al año y de repente tienen 16 kilos de músculo. Todos sabemos lo que hacen. Puede que no quieran decirlo, pero todos lo hacen. Todos”, declaró el intérprete de 60 años a la publicación estadounidense.

El testimonio de Grillo rompe con la imagen clásica y a menudo aspiracional de los cuerpos atléticos en el cine y expone hasta qué punto los esteroides anabólicos forman parte de las herramientas habituales entre los actores de la gran industria audiovisual.
El actor subrayó que las recetas médicas han facilitado este acceso bajo control profesional, pero aun así remarca la artificialidad de esos logros físicos. El auge de estos tratamientos ha incrementado la facilidad con la que los intérpretes consiguen desarrollar grandes masas musculares en plazos notablemente cortos.
Grillo aprovechó su conversación con la revista para incidir en la percepción pública sobre las rutinas y el aspecto de los actores. Señala que hay una falsa expectativa entre la audiencia sobre la naturalidad de esas metamorfosis físicas, dado que difícilmente se logran en condiciones normales.
El fenómeno, a su juicio, obedece a la presión del mercado y la necesidad de encajar en un patrón estético que, a menudo, solo se consigue con la ayuda de estos compuestos.

Además de su diagnóstico general, el propio Grillo abordó su experiencia personal en relación con los tratamientos hormonales. Reconoció ante Men’s Health USA que hace seis años comenzó una terapia de reemplazo hormonal (HRT) para equilibrio de testosterona. Según contó, su nivel de testosterona estaba en 260, cifra que sorprende incluso a su propio médico debido a la intensidad y frecuencia de sus entrenamientos a los 60 años.
A partir de allí, Grillo decidió iniciar la HRT, un procedimiento que afirma le ha permitido regresar a un mejor estado físico y anímico: “Me ha ayudado a recuperarme más rápido, dormir mejor y sentirme más feliz”. El actor resalta que su decisión está guiada por el objetivo de mantener calidad de vida y rendimiento, y que el tratamiento siempre se ha realizado bajo supervisión médica.
Sobre el uso de estos fármacos, Grillo sostiene una postura directa y desmitificadora. No rehúye la controversia: “No hay nada de malo en usar esos medicamentos, pero seamos sinceros. Eso es todo. La gente dirá, porque tomo testosterona, que soy un tramposo. Yo les digo, ‘espera un momento: tengo 60 años y entreno todos los días’. Soy actor. No soy un jugador profesional de los New York Giants. No soy luchador olímpico de competición. No juego para los New York Knicks. No hago trampa en nada, excepto en envejecer. No tiene nada de malo… consigues un papel en una película de superhéroes, quieres parecer un superhéroe y entonces lo tomas”.
El impacto de estas declaraciones reside, precisamente, en la naturalidad y franqueza con la que Grillo aborda una cuestión que habitualmente se esquiva. Al distinguir entre la necesidad de los actores de adaptarse a exigencias estéticas transitorias y la presión de rendimiento de los atletas profesionales, busca despejar el estigma que recae sobre el uso médico de estas sustancias: “No hago trampa en nada, excepto en envejecer”, reiteró y puso al envejecimiento como su verdadero rival.
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