
La vivienda vertical se impone en el mercado inmobiliario salvadoreño, marcando un cambio profundo en la dinámica urbana de San Salvador y su entorno.
El auge de edificaciones de altura responde a la demanda de espacios cercanos a servicios, comercios y áreas de entretenimiento, lo que transforma tanto el paisaje como la convivencia social en la capital.
El sector inmobiliario, según la Oficina de Planificación del área Metropolitana de San Salvador (OPAMSS), sumaba más de 170 proyectos activos, al cierre de 2025, muchos en zonas de alta valorización.
El predominio de estos proyectos verticales es tal que la Cámara Salvadoreña de la Industria de la Construcción (CASALCO) calcula que el 65 % de las construcciones actuales corresponden a unidades habitacionales, principalmente en torres y edificios.
El presidente de CASALCO, José Antonio Velásquez, aportó a finales de diciembre de 2025 una cifra: “No tengo el dato exacto a nivel nacional, pero son al menos 25 edificios que se están construyendo en diferentes etapas dentro del área Metropolitana”. Este fenómeno no solo responde a la optimización del espacio, sino también a la presión de un entorno urbano cada vez más denso.
La sostenibilidad se consolida como otro eje clave. La El Salvador Green Building Council (ESGBC), presidida por Francisco Sifontes, advierte que la vivienda vertical avanza también en regiones emergentes del oriente del país.
Sifontes detalló en diciembre pasado que, de mantenerse el ritmo, en los próximos 30 años el número de edificaciones podría triplicarse.
La apuesta por la construcción sostenible se traduce en ahorros de hasta un 40 % en gastos operativos, como energía y agua, sin incrementar los costos iniciales respecto a los proyectos tradicionales.
Actualmente, en El Salvador existen aproximadamente 72 edificios con certificaciones sostenibles, una cifra que seguirá creciendo en sintonía con la tendencia global hacia la edificación ecológica.

Crecimiento económico y transformaciones urbanas
El sector construcción se perfila como uno de los principales motores económicos del país. Proyecciones de CASALCO anticiparon que la industria podría finalizar el año con un crecimiento cercano al 30 %, impulsado mayoritariamente por la inversión privada.
Solo en el segundo trimestre del año, el sector acumuló un crecimiento de 33.8 %, con una inversión estimada de entre USD 2,800 y USD 3,000 millones, de los cuales el 80 % proviene de capital privado.
Velásquez subraya que entre el 65 % y el 70 % de esa inversión se dirige a unidades habitacionales, muchas con precios situados entre USD 100,000 y USD 150,000. El impacto de la construcción y las actividades inmobiliarias en la economía nacional es notable: contribuyen entre el 16 % y el 17 % del PIB.

Entre los factores que han impulsado la actividad destacan la mejora de la seguridad pública, el auge del turismo y el desarrollo de obras de infraestructura como el Aeropuerto del Pacífico y la modernización del puerto de Acajutla. Estas iniciativas han estimulado la inversión en sectores relacionados, como hoteles, comercios, industria y logística.
Empleo, confianza empresarial y liderazgo regional
El crecimiento de la construcción también se refleja en el empleo. A mediados de año, el sector generaba unos 165,000 empleos directos e indirectos, con la mayor concentración en el área Metropolitana de San Salvador y su expansión hacia La Libertad.
La confianza empresarial se ve reforzada por el desempeño de compañías como Holcim El Salvador.
Su director ejecutivo, Marcelo Arrieta, aseguró que la filial local “es la más pujante” entre los 17 mercados del grupo internacional. Datos de OPAMSS confirman la magnitud del fenómeno: la entidad ha gestionado hasta la fecha USD 4,010 millones en proyectos, de los cuales el 52.1 % corresponden a desarrollos inmobiliarios.
CASALCO destaca que el 80 % de la inversión en el sector proviene del ámbito privado, lo que evidencia un clima de confianza y una apuesta sostenida por el desarrollo local y la modernización urbana.

Sostenibilidad y desafíos para el futuro urbano
La construcción enfrenta retos vinculados a la sostenibilidad y la necesidad de mantener el ritmo de crecimiento. El Banco Central de Reserva (BCR) recuerda que el sector ya experimentó picos de expansión, como el aumento del 48.12 % en el segundo trimestre de 2021, impulsado por un efecto rebote tras la pandemia de covid-19.
CASALCO proyectó que al cierre de 2025 la construcción aportaría un 16 % del PIB y generó hasta 167,000 empleos directos e indirectos. Elementos como la reducción de la violencia, la agilización de los permisos y la diversificación de los proyectos siguen siendo esenciales para que la industria siga redefiniendo el futuro urbano de El Salvador.
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