
“Prestá atención y hacé silencio” sigue funcionando como el imperativo y estereotipo de una supuesta garantía de que de esa forma se aprende más. Pero ¿qué ocurre cuando el estudiante deja vagar mucho más su mente y hace preguntas que incluso pueden parecer fuente de la distracción?
Un primer experimento publicado en Science of Learning en diciembre de 2025, y con un seguimiento en 2026, puso a prueba la concentración, el silencio y la falta de interrupciones para analizar el aprendizaje y la curiosidad de niños de 5 a 7 años.
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Con una muestra de 103 niños (54 varones y 49 mujeres) los investigadores de la Universidad de Pennsylvania y de Harvard Graduate School of Education realizaron un poderoso experimento entre la diferencia de preguntar y solo escuchar. Y luego fueron más allá para entender el impacto de lo que pasa fuera del aula en el momento del aprendizaje.

¿La curiosidad mató al gato?
A partir de una asignación aleatoria, se trabajó con un grupo de niños a los que se les animó a hacer preguntas de forma constante en una clase, mientras que a otros se les solicitó hacer silencio y prestar atención durante ocho clases de ciencia a lo largo de dos semanas.
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El estudio no tuvo un foco observacional de comparar niños que de por sí preguntan mucho con otros niños que preguntan poco; sino que se instó a que los niños actúen de una forma u otra. Se los instruyó a comportarse de forma proactiva o a ser meros receptores.
Los resultados fueron contundentes: los niños en la condición de hacer preguntas valoraron significativamente más la nueva información científica que los niños en la condición de escuchar. Para esta afirmación se utilizó la prueba de Wilcoxon que permite observar, en términos de curiosidad, ver cuánto valora un niño una pieza de información nueva y así predecir cuánto se compromete con ella, cuánto la retiene y cuánto busca información relacionada después. Una curiosidad genuina que termina impactando en el aprendizaje a mediano y largo plazo.
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Los niños con menor conocimiento previo, medido por su vocabulario inicial y su nivel de logro en ciencia, mostraron mayores beneficios al ser motivados con la curiosidad y el motor de la interrogación. Lo que sugiere que justamente hacer preguntas beneficia principalmente a quienes parten con una base de saberes menos sólida.

El freno familiar
Un segundo estudio, publicado en febrero de 2026 en la revista Mind, Brain, and Education- por gran parte del mismo equipo de investigación, incluyendo a las especialistas Allyson Mackey y Elizabeth Bonawitz, coautoras también del estudio sobre preguntas- utilizó la misma serie de ocho lecciones científicas diarias para examinar una variable que rara vez entra en la ecuación: el estrés cotidiano de las familias.
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El estudio puso esta vez el foco en el factor de la atención y las asociaciones entre el aprendizaje y el estrés familiar. Los mismos niños participaron en ocho lecciones de ciencia y se observó que lo que ocurre en el hogar afecta a lo largo del tiempo la atención y la curiosidad.
De acuerdo a los investigadores, el estrés familiar no opera como un interruptor que se activa un día y afecta al niño necesariamente en ese momento, pero sí posee un efecto profundo y a lo largo del tiempo. Los niños cuyas familias reportan, en general, niveles más altos de estrés cotidiano tienden a tener niveles más bajos de atención durante las lecciones; y este patrón fue más notorio con el correr de los días en el período de dos semanas analizado.
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Dos piezas de un mismo rompecabezas
La conclusión de los propios autores del segundo estudio conecta de manera directa con el primero ya que las diferencias en el aprendizaje científico de los niños pueden emerger de diferencias en la atención momento a momento y de la variabilidad en las trayectorias de aprendizaje a lo largo del tiempo.
La primera investigación destaca que cambiar la instrucción de “escuchá con atención” a “hacé preguntas” puede aumentar genuinamente cuánto valora un niño la información nueva; mientras que el segundo estudio que mide el estrés familiar indica cómo el prestar atención (más allá de la curiosidad) resulta cada vez más complejo de sostener a lo largo del tiempo.
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De esta forma se subraya que una intervención centrada en la pregunta puede mejorar la curiosidad y el aprendizaje, pero su efecto probablemente no es independiente del estado atencional con que el niño llega cada día a la lección.
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