
Lejos de reemplazar la imaginación humana, las herramientas basadas en inteligencia artificial (IA) pueden convertirse en grandes aliadas para potenciarla.
¿Cómo podemos aprovechar la IA para fomentar la escritura, especialmente en entornos educativos o formativos? ¿De qué manera estas tecnologías pueden abrir nuevas puertas a la invención, la reflexión y la expresión personal?
<b>De la página en blanco al laboratorio de ideas</b>
Uno de los grandes desafíos de escribir es empezar. La famosa “hoja en blanco” a la que todos le tememos y que, en muchas ocasiones, puede convertirse en un frustrante muro, difícil de atravesar. Aquí es donde la IA puede intervenir como disparadora de ideas. Herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot pueden ayudar a generar primeros borradores, esbozos de tramas, listas de personajes, o sugerencias de títulos, lo que facilita el inicio del proceso creativo sin reemplazar la voz del autor.
Estas tecnologías también funcionan como laboratorios de escritura, en los que se puede experimentar con distintos estilos, géneros o registros. ¿Cómo sonaría un cuento policial narrado al estilo de Borges? ¿Qué pasaría si reescribimos una escena clásica de Shakespeare con un lenguaje actual? La IA permite jugar con estas posibilidades, lo que nos ofrece un espacio de exploración casi ilimitado, al que sin dudas, debemos acercarnos con una mirada crítica y una actitud activa, que nos permita apropiarnos de lo generado y transformarlo en producción genuina.
<b>Reescritura, edición y pensamiento divergente</b>
La creatividad no solo está en el primer momento de la escritura, sino también en el proceso de revisión. Algunas aplicaciones permiten reescribir un texto con distintos tonos (más humorístico, más académico, más irónico), lo que resulta especialmente útil para enseñar a los estudiantes a comprender los efectos del lenguaje en la comunicación.
Además, la IA puede funcionar como una herramienta para ejercitar el pensamiento divergente. Si se le plantea una misma situación a una herramienta de IA y se le pide que proponga múltiples desenlaces posibles, se promueve la capacidad de imaginar alternativas, lo cual es clave tanto en la escritura literaria como en la resolución creativa de problemas.
<b>Riesgos y desafíos: la creatividad no se delega</b>
Las herramientas con IA están al alcance de la mano y no podemos ignorarlas. Desde el aula, poder incorporarlas de manera significativa permite que los estudiantes desarrollen competencias clave para su ciudadanía. En el caso de la escritura, si bien las herramientas con IA pueden estimular la producción escrita, es necesario establecer ciertos marcos éticos y pedagógicos para su uso. No se trata de delegar en la IA el trabajo de pensar, sino de incorporarla como una mediadora que potencie el pensamiento original. La creatividad no puede automatizarse: requiere reflexión, emociones, contradicciones, errores… todo lo que nos hace humanos.
Mariana Ferrarelli, docente de la Licenciatura en Educación de UdeSA, afirma que para trabajar con herramientas de IA generativa nos desafía a planificar muy bien el texto que queremos escribir. “Vamos a terminar escribiendo y leyendo más (que sin interactuar con una herramienta de IA generativa), porque para escribir un buen prompt no basta con copiar y pegar la consigna que me dio el profesor del trabajo práctico para escribir.”
Y esto invita a plantear cuál es el propósito comunicativo, qué quiero decir, a quién se lo digo, en qué contexto. Y recién en ese momento, con esta planificación, recurrir a la IA. Por eso, en contextos educativos es fundamental enseñar a usar estas tecnologías de manera crítica y consciente.”Hay que retomar la idea del aula como ese lugar de incomodidad”, decía Mariana Ferrarelli en el auditorio de Ticmas de la FIL 2025. ¿Qué se hace con lo que la IA sugiere? ¿Cómo se decide qué conservar y qué transformar? ¿Cómo decir lo que uno realmente se propone decir? ¿Cómo se aprende a reconocer la propia voz entre tantas voces posibles?
<b>Algunas ideas para usar IA en proyectos de escritura creativa</b>
Para Facundo Oliva, docente del Diploma en Alfabetización digital (Universidad de San Isidro, Dr. Plácido Marín) “la IA puede ayudar a repensar y redefinir nuestras propias ideas”. En este sentido, poder explorarla con nuestros estudiantes tanto en la elaboración de textos literarios como de no ficción, permite ejercitar la escritura, expandir la imaginación y la posicionamiento desde distintos puntos de vista. “Su base de datos, sino infinita, es amplia, y puede ayudarnos a reconstruir hechos notables, incluso los que nos tienen como protagonistas, aportando contexto y ubicuidad”, afirma Oliva.
¿Algunas ideas para llevar al aula?
- Taller de personajes imposibles: usar la IA para crear biografías de personajes fantásticos y luego escribir historias con ellos.
- Historias colaborativas: los estudiantes escriben un fragmento y la IA otro, luego se analizan los estilos y se reescribe.
- Reescrituras creativas: tomar un cuento clásico y pedir a la IA que lo adapte a otro género o época.
- Juegos de títulos y comienzos: la IA propone comienzos posibles para un determinado marco y los estudiantes eligen uno para desarrollar.
- Desafíos de edición: comparar distintos resúmenes, reescrituras o versiones de un mismo texto generadas con IA y discutir cuál comunica mejor una idea, según el público destinatario y el contexto.
<b>Un futuro creativo es posible</b>
El desafío educativo del presente es enseñar a convivir con la IA de manera ética, crítica y creativa. Lejos de apagar la chispa de la invención, estas tecnologías pueden ayudar a encenderla, si se las usa con intención formativa. Fomentar la escritura con IA no es fomentar la repetición automática de fórmulas, sino abrir el juego a nuevas posibilidades de expresión, de lectura del mundo y de creación colectiva. La clave está en acompañar estos procesos con preguntas, con escucha y con el deseo de imaginar juntos futuros diferentes.
Silvana Cataldo es especialista en innovación educativa y Líder Pedagógica del Programa A leer en vivo de Ticmas.
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