Imagina por un momento que, en lugar de llevar a tus hijos al área de juegos de una cadena de comida rápida, los llevas a una auténtica fiesta de robótica y programación. Ambos son pasatiempos válidos, pero el segundo no solo divierte: también los equipa con herramientas que podrían ser invaluables en su camino escolar y profesional. Esta experiencia se llama Code Party, y, en lugar de globos, payasos y pelotas multicolores, encontrarás robots, experimentos con drones y hasta impresiones en 3D. Es un espacio diseñado para que los niños, durante tres o cuatro horas, se conviertan en los protagonistas de su propio aprendizaje.
“Me gusta decir que es la semilla de inspiración”, dice Daniela González, la creadora de Code Party, “para que un niño o una niña de entre 6 y 12 años vea la magia de lo que puede hacer la ciencia, la tecnología, las artes, la ingeniería y las matemáticas”. González lleva esta iniciativa adelante durante casi una década con un propósito claro: reducir la brecha digital entre niños y niñas.
En las casi cien fiestas que ha organizado en México, Honduras y Colombia, el 75% de los participantes han sido niñas. “Pensé que era la forma ideal para acercar a las chicas a estos temas”, dice recordando la fascinación que tenía a los ocho años, cuando entró por primera vez a una clase de computación. “Era una sala con monitores gigantes y me encantaba hacer historietas con PowerPoint, pero, si en ese momento, me hubieran dicho que podía aprender código, a lo mejor mi historia hubiera sido diferente”.

La fiesta impone el juego, y los chicos juegan a desafiarse. Hay diferentes recorridos temáticos, y los niños forman equipos que se identifican con colores que van del morado al fosforescente, para idear soluciones a problemas reales, inventar mundos posibles, hacer programas que compitan con los otros. Te puede tocar que debes programar un robot, modelizar un objeto, hacer retos con Legos, programar un elevador y hasta emular las acciones de una Fintech.
Quien no está acostumbrado a trabajar en un ambiente de programación, puede creer que el sector de IT es siempre silencioso, con luces frías y un estricto control del movimiento y la temperatura. Code Party desmitifica esa idea: se codea con música, con juegos, con bailes, con porras para animar a los programadores.

“Sabemos que la atención de los niños es limitada hoy en día”, señala González, “y por eso nos aseguramos de que durante toda la fiesta estén haciendo algo. No dejamos que las niñas y los niños se aburran”.
Aunque Code Party está pensado para niños, González y su equipo desarrollaron un proyecto especial para la Comisión Nacional de Telecomunicaciones de Honduras dirigido a adolescentes de preparatoria, que tenía como objetivo estimular el interés de las jóvenes en carreras de ingeniería. “Creamos un ideatón con problemas centrados en temas regionales”, dice y cierra con entusiasmo: “Es sorprendente ver que la diversión puede ser tan inspiradora”.
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