
Hace ya casi 150 días que los alumnos de todo el país no pisan un aula, que no tienen un vínculo directo con sus compañeros y maestros. Los distintos relevamientos dan cuenta de que, con mayor o menor intensidad, en general se pudo sostener la continuidad pedagógica, pero -como es lógico- la extensión impensada de la suspensión de las clases presenciales empieza a traducirse en menor motivación.
Una encuesta de la UADE y la consultora Voices!, a la que accedió Infobae, refleja que casi 7 de cada 10 padres argentinos están conformes con las clases virtuales. El 42% señaló estar “bastante satisfecho”, mientras que un 25% se mostró “muy satisfecho”. Solo un 8% de las familias reprochó duramente el proceso educativo a distancia.
Los niveles de satisfacción van de la mano con otra de las preguntas que indagó la encuesta. La mayor parte de los alumnos (83%) pudo continuar sus clases de forma virtual durante la cuarentena. En la Ciudad de Buenos Aires ese indicador es inclusive mayor: el 95% de los encuestados confirmó la continuidad, frente al 84% en el Gran Buenos Aires y el 81% en el Interior del país.
“El relevamiento señala que la reconversión forzada a una modalidad de enseñanza remota por parte de las escuelas se logró con bastante efectividad. Evidentemente esta respuesta fue posible gracias al gran esfuerzo de los docentes y las instituciones para adaptarse. Sin embargo, poco más del 30% de quienes tienen hijos en edad escolar expresaron encontrarse poco o nada satisfechos con la respuesta de las instituciones educativas”, analizó Andrés Cuesta, secretario académico de la UADE.
Más allá de los buenos indicadores de continuidad, la educación a distancia presenta dificultades en los hogares. La falta de la tecnología necesaria, ya sea en dispositivos o conectividad, es el principal obstáculo señalado por las familias por amplio margen. Pero también, con el correr de los meses, empieza a manifestarse cada vez con mayor intensidad cierto hartazgo.
Lo que en un principio era entusiasmo por lo nuevo, por seguir aprendiendo en forma remota, con el paso del tiempo derivó en una sensación de cansancio. No solo en los docentes, que debieron adaptarse sin preámbulos a la virtualidad, sino también en los chicos y familias. El 25% de los encuestados indica falta de motivación en los hijos y un 19% plantea que los padres mismos bajaron la guardia a la hora de ayudarlos en las tareas.
Constanza Cilley, directora ejecutiva de Voices!, planteó: “El hecho de que una de las principales barreras a la educación a distancia durante este período sea la falta de motivación de los chicos refuerza la importancia de conocer en mayor profundidad cuál es el efecto de la pandemia y el aislamiento social en el estado de ánimo y la salud mental de nuestros niños para poder prevenir y dar respuestas integrales”.

En el cruce de variables, la falta de motivación de los chicos apareció con mayor frecuencia entre las respuestas de los encuestados más jóvenes (34% entre quienes tienen entre 16 y 29 años lo mencionaron, frente al 25% entre quienes tienen entre 30 y 49 años y el 15% de quienes tienen 50 años o más), de menor nivel socioeconómico (27% en sectores bajos; 22% en sectores medios y 23% en sectores altos) y de menor nivel educativo (27% de quienes cuentan solo con nivel primario vs. 23% de quienes cuentan con nivel secundario y 19% de quienes cuentan con nivel superior).
La encuesta se realizó durante mayo. Por ende, es esperable que la motivación haya caído aún más, sobre todo sabiendo que el escenario epidemiológico no permite avizorar con claridad un regreso a las aulas. Como punto positivo de cara a la segunda mitad del año: el sistema ya atravesó el sacudón inicial, que implicó migrar por completo de la presencialidad a la educación remota. Pese a las dificultades, ya hay estrategias delineadas, vínculos resueltos.
“Es razonable que la motivación, el entusiasmo y la fuerza de los momentos iniciales tiendan a caer si se prolonga demasiado, pero también aparecen soluciones que ya se encontraron, se empiezan a ‘profesionalizar’ más y a adquirir como hábitos cuestiones propias de la virtualidad. Ciertos problemas que antes existían hoy ya están totalmente solucionados porque hay un mayor conocimiento sobre estas modalidades de enseñanza”, sintetizó Cuesta.
El relevamiento, representativo del total nacional, recabó 1.315 respuestas a partir de un cuestionario online que se complementa con consultas telefónicas para evitar el sesgo entre familias con o sin Internet.
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