De una inflación de 450% a potencia tecnológica: la experiencia que mostró en IDEA cómo Israel transformó su economía

El economista y catedrático Esteban Klor repasó ante empresarios el proceso que comenzó en medio de una profunda crisis y explicó el papel que jugaron el acuerdo político, la continuidad de las reglas y la estabilidad para impulsar luego inversiones e innovación

caso israel IDEA
Esteban Klor, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, presentó en IDEA la experiencia de estabilización económica iniciada por Israel en 1985
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Mar del Plata.- Enviada especial. Una inflación que rozaba el 450% anual, un déficit fiscal promedio cercano al 17%, fuga de capitales y riesgo de default. Ese era el escenario que enfrentaba Israel a mediados de los años ochenta, cuando puso en marcha un programa de estabilización que fue presentado como ejemplo este viernes ante los empresarios reunidos en la última jornada del 62° Coloquio de IDEA.

El encargado de contar la experiencia fue Esteban Klor, profesor del Departamento de Economía de la Universidad Hebrea de Jerusalén e investigador principal del INSS, quien participó del panel “Aportes para la estabilidad, la experiencia israelí”. Conversó con Juan Farinatti, director de IDEA y presidente y CEO de Bayer Cono Sur.

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Klor explicó que la transformación no respondió inicialmente a un proyecto de largo plazo. Israel atravesaba una crisis que comenzó a fines de los años sesenta y que se combinó con tres guerras, una compleja situación geopolítica y una creciente inestabilidad económica.

En 1985, la inflación llegó a casi 450% anual, el presupuesto estatal representaba alrededor del 76% del PBI, el gasto en defensa se acercaba al 30% y el déficit fiscal promedió casi 17% entre 1975 y 1985. “Había una hemorragia muy grande, había que parar la hemorragia”, describió Klor.

El programa combinó un fuerte ajuste fiscal y una política monetaria restrictiva. Israel terminó con una economía fuertemente indexada, realizó una devaluación inicial del 20%, estableció un ancla cambiaria y redujo el gasto. El presupuesto nacional pasó de representar alrededor del 76% del PBI a cerca del 60%. También terminó el financiamiento monetario del déficit, subieron las tasas de interés y se restringió el crédito.

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La inflación bajó rápidamente desde casi 450% hasta alrededor de 20%, aunque permaneció en esos niveles hasta fines de los años ochenta y principios de los noventa. El costo social fue importante: los salarios reales cayeron cerca de 10%.

El acuerdo político detrás del plan

Para Klor, sin embargo, las herramientas económicas no explicaron por sí solas el resultado. “No hay ninguna magia. O sea, estas son todas medidas que son conocidas. Creo que la coyuntura política es lo que hizo el cambio que sea exitoso”, sostuvo.

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El programa israelí combinó disciplina fiscal y monetaria con un acuerdo entre las principales fuerzas políticas, sindicatos y empresarios

En 1984, Israel conformó un gobierno de unidad nacional entre el principal partido de centroizquierda y el principal espacio de centroderecha. Ambos asumieron el costo electoral del ajuste. Al acuerdo también se sumaron los sindicatos y el sector empresarial.

A partir de allí se establecieron reglas que atravesaron los posteriores cambios de gobierno. Una de ellas fue la responsabilidad fiscal, con límites al déficit. Otra fue la independencia del Banco Central y el principio de que la autoridad monetaria no debía emitir para financiar el rojo de las cuentas públicas. La independencia formal del Banco Central se aprobó recién en 2010, pero Klor explicó que esa regla se respetó de manera informal desde 1985.

“Las reglas son claras para todos y las reglas son las mismas para todos”, señaló.

El programa tampoco permaneció congelado durante cuatro décadas. A medida que avanzó la estabilización, Israel abrió su economía al comercio internacional, inició privatizaciones y modificó el régimen cambiario. También eliminó los controles de precios tres años después de la puesta en marcha del plan.

Klor destacó que la continuidad generó además un cambio entre los propios votantes, que comenzaron a exigir responsabilidad fiscal independientemente del partido que estuviera en el poder.

La plataforma para el salto tecnológico

La segunda etapa llegó en los años noventa. Israel comenzó a desarrollar el ecosistema que luego lo convirtió en lo que Klor definió como una “High Tech Nation”.

“Nadie pensó en el año 85 que Israel iba a ser el High Tech Nation”, reconoció.

Para el economista, la estabilización no explica por sí sola ese desarrollo, pero creó las condiciones necesarias. “La estabilidad fue simplemente una plataforma que permitió el desarrollo de esta industria”, afirmó.

A esa base se sumaron universidades de primer nivel, científicos, ingenieros vinculados al sector de defensa, inversión en investigación y desarrollo y la llegada, desde 1990, de casi un millón de inmigrantes provenientes de la entonces Unión Soviética.

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La alta tecnología representa cerca del 50% de las exportaciones israelíes y emplea entre 10% y 15% de la población

La previsibilidad también modificó el horizonte de las decisiones empresariales. Según explicó Klor, cuando disminuyó la incertidumbre, las compañías pudieron dejar de pensar permanentemente en qué ocurriría al día siguiente y empezar a evaluar inversiones a cinco, diez y quince años.

Con el tiempo, el ecosistema atrajo a grandes compañías internacionales. Klor mencionó a Apple, Google y Nvidia, que instalaron centros de investigación en el país.

La transformación también obligó a las empresas locales a adaptarse. No todas sobrevivieron. Con la apertura comercial, el sector privado debió concentrarse en aumentar la productividad y competir en una economía global, en lugar de destinar sus esfuerzos a desenvolverse dentro de una economía indexada e imprevisible.

Actualmente, según los datos expuestos por Klor, la alta tecnología emplea entre 10% y 15% de la población, genera cerca del 50% de las exportaciones y, dependiendo de la medición, representa alrededor del 30% del PBI.

El economista señaló además que la pobreza cayó significativamente durante las últimas cuatro décadas y que el desempleo se mantiene por debajo del 3%. La desigualdad, en tanto, creció hasta 2009 y comenzó a descender durante los últimos 15 años.

Klor también contó que antes de viajar a la Argentina, comparó la evolución de ambos países. Según explicó, en 1960 Israel y la Argentina tenían un PBI per cápita similar. En la actualidad, el producto por habitante israelí supera los USD 55.000, aunque aclaró que la apreciación de la moneda israelí durante los últimos cinco años influye en esa medición.

El desafío actual, señaló, pasa por ampliar la cantidad de personas que participan de los sectores tecnológicos avanzados a través de la educación, el acceso a las universidades y las nuevas tecnologías.

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