Actualmente enfrentamos un problema macroeconómico en el que el consumo se encuentra basado en la emisión y el gasto público. Este escenario genera demanda de bienes y servicios, porque la inflación crea consumo dado que nadie quiere conservar los pesos que pierden valor día a día.
Sostener la demanda a través de la inflación lleva a un callejón sin salida. Este esquema requiere dólares para mantenerse pero impulsa al ahorrista a guarecerse en moneda extranjera para escapar de la inflación. Al final del día, faltan dólares porque todo el mundo compra y falta inversión porque no hay ahorro.
Entonces, la actividad económica se mantiene, pero de una manera que no es viable ni conducente a un sano crecimiento. Este tipo de sistema produce más inflación, hecho que genera empobrecimiento, destrucción de la moneda, desinterés por el ahorro y la consecuente falta de crédito. Al optar por un modelo de consumo permanente, en un entorno de desconfianza, se perjudican las bases del desarrollo. Un análisis similar sobre las variables macroeconómicas para el desarrollo productivo se abordará de lleno en el “Somos Industria” de este año, donde distintos economistas disertarán sobre este particular pensando en el futuro.
De hecho, los países que han logrado un desarrollo industrial lo han hecho a partir de tener una macroeconomía ordenada y una inflación controlada. Recién después de haber cumplido esas metas aplicaron políticas micro con el objetivo de generar incentivos para sostener la demanda y estimular la inversión. Es decir, primero resolvieron el problema de la emisión y el exceso de gasto público y después otorgaron créditos blandos destinados a la inversión, dieron beneficios impositivos para incentivar exportaciones competitivas e invirtieron en infraestructura como rutas y caminos para disminuir los costos de exportación.
En simultáneo, estas naciones hicieron una fuerte apuesta a la educación y al desarrollo de sistemas laborales adaptados a las nuevas formas de trabajo para que las empresas puedan contratar personal calificado y obtener mayores índices de productividad. Una vez ordenada la macroeconomía el objetivo fundamental, para sostener la economía real, es aumentar la competitividad y la productividad a través de las políticas antes mencionadas. Este debe ser el motor del crecimiento.
Debemos entender el ordenamiento de la macroeconomía como el primer paso para construir un modelo de desarrollo, no como un fin en sí mismo. El ordenamiento macro es la base para bajar la inflación y promover la confianza en la moneda local para que haya ahorro y éste sea canalizado a la inversión. Una vez hecho esto, hay que aplicar medidas adicionales para que la economía crezca, se desarrolle y sea competitiva.
Ya hemos visto en otras ocasiones que la macro estaba aparentemente ordenada pero existía atraso cambiario y endeudamiento estatal. Esto nos llevó a la recesión dado que no había posibilidades de negocios para los agentes económicos.
El debate que está faltando en el país es cómo conjugamos las dos cosas: un orden macroeconómico que genere estabilidad y una política activa para los sectores industriales que posibilite el crecimiento. Hoy en la Argentina tenemos distintas visiones, por un lado, un sector que cree que lo único que se necesita es una macro ordenada y, por el otro, los que afirman que sólo hacen falta políticas de desarrollo y no tienen en cuenta el proceso inflacionario y sus consecuencias.
Lo que tenemos que debatir es cómo logramos los dos objetivos: una macro ordenada y un contexto económico que promueva la inversión y el crecimiento.
El autor es Presidente de la Unión Industrial de la provincia de Buenos Aires (UIPBA)
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