
El presidente del Instituto Argentino de Energía General Mosconi, Jorge Lapeña, dijo que el sistema de energía de la Argentina, en particular el eléctrico “no está normal, y si no se toman soluciones de fondo, el año que viene sea parecido a este”.
Entrevistado por radio Mitre, Lapeña, quien fue secretario de Energía durante el gobierno de Raúl Alfonsin, que en 1989 atravesó una crisis energética similar, con cortes de electricidad programados y asuetos administrativos, dijo que la actual crisis “demostró que el sistema no puede satisfacer la demanda máxima, de verano y de invierno”. El propio gobierno, señaló, lo reconoció al declarar el asueto al empleo público.
“Ayer el 6% de la población del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), unos 300.000 usuarios, quedaron sin servicio. Y por la misma causa: no es un problema localizado, que se deba a un aspecto particular de un barrio o zona. Esto es generalizado. El sistema no puede abastecer la demanda máxima requerida por los usuarios. Sí puede satisfacer la demanda media”, explicó Lapeña.
Un buen sistema dijo el experto, que también integra el grupo de exsecretarios de Energía que ya durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner empezó a advertir sobre los problemas energéticos, “tiene que estar diseñado y mantenido para abastecer la demanda máxima, porque la energía no es acumulable: lo que no se pudo consumir en un momento no se recupera. Cuando en un día de perros al 6% de la población de un conglomerado urbano como el AMBA le cortan la electricidad, estamos ante un gran problema técnico y también político para resolverlo”.
Consultado sobre si el origen problema es el congelamiento y atraso de las tarifas de energía, Lapeña recordó “el viejo dicho del burro, al que el dueño le enseñó a que no coma; era barato, hasta que se murió”.
La “solución” de congelar tarifas, enfatizó, “es errónea; para exigir un sistema de calidad, hay que tener empresas que funcionen bajo ciertos cánones de tarifas e inversión: queremos un Fórmula-1, pero lo tratamos como si fuera un burro”.
El actual esquema, describió, es que al sistema se le suministran recursos para generar la energía que las distribuidoras compran para sus usuarios, pero no para la inversión y el mantenimiento necesarios. “En la media que no se hacen los cambios preventivos y correctivos, vienen los problemas: si no se cambia un cable que debe cambiarse en julio, el cable se corta en diciembre o enero”.
“Ignorancia extraordinaria”
Es una política, dijo, “de una ignorancia extraordinaria: desde el ENRE (Ente Nacional Regulador de Electricidad) hasta el presidente de la Nación. Creen que las tarifas deben congelarse porque es beneficioso para ellos y no tiene costos políticos”.
Según Lapeña, las consecuencias del congelamiento son mucho más graves en un país como la Argentina. “Si se congela la tarifa en España no es tanto problema, pero en la Argentina, que tiene una de las inflaciones más altas del mundo, tenemos las tarifas congeladas desde abril de 2019 y se termina retribuyendo la energía a la mitad de su valor”.

¿Los aumentos de la época de Macri no fueron excesivos? le preguntaron. A lo que Lapeña respondió que si un aumento no se explica y no tiene en cuenta al consumidor, la respuesta política e incluso legal puede impedir que se implemente con rapidez. “No se puede hacer todo de golpe: si un médico quiere que su paciente baje de peso no lo puede mandar a correr una maratón el día siguiente, porque se muere”, dijo el titular del IAE, aunque aclaró que “es un error pensar que en la época de Macri no aumentó la calidad: el aumento redundó en una mejora de la calidad del servicio de 2016 a 2018″,
Por otra parte, subrayó, el congelamiento empezó en abril de 2019, cuando Macri era presidente. “Estamos hablando de un problema de raíz política y quizás también de ambos lados de la grieta. Hay que tenerlo en cuenta si uno aspira a tener un servicio que no se corte”.
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