
La suba del dólar se mantendrá en un rango “acotado”. Así lo definió el Banco Central en su último Informe de Política Monetaria (IPOM), donde da varias pistas sobre cómo piensa manejarse en lo que resta del año y las expectativas sobre la actividad económica y la inflación futura.
El objetivo de la entidad que preside Miguel Pesce es que la tasa de interés en pesos le gane a la tasa de devaluación del tipo de cambio oficial. En un contexto de estricto cepo cambiario esto resulta relativamente fácil de administrar, salvo por un detalle: la evolución del dólar informal está fuera del control del Central y es lo que finalmente determina hasta qué punto el ahorrista está dispuesto a quedarse en moneda local. Puesto de otro modo: mantenerse en pesos a una tasa del 33% anual dependerá sobre todo de que no se produzca un salto en el “blue” y mucho menos de lo que suceda con el dólar oficial.
El Central viene llevando adelante una imperturbable política de administración cambiaria, que consiste en subir el tipo de cambio a una tasa del 2,6% mensual. Tras una leve aceleración en abril (al 3,5%), luego avanzó con una velocidad crucero que mantiene hasta ahora.
Además, en el extenso informe deja claro que el dólar oficial no se encuentra atrasado, ya que el índice de tipo de cambio real multilateral volvió a los niveles prepandemia. La devaluación del dólar en el mundo también ayuda a ese objetivo.
“La acotada volatilidad cambiaria y el uso prudente de las reservas internacionales acotaron el impacto de las turbulencias financieras originadas por la pandemia y permitió preservar la competitividad de la producción local”, explica.
Aunque no lo menciona explícitamente, es claro que la postura de Pesce es que el dólar actúe además como ancla antiinflacionario. El BCRA reconoce que en los próximos meses se producirá una aceleración de los precios, a partir de la recuperación de la actividad económica y de la reanudación de las discusiones salariales: “Los precios de los servicios privados cobrarían mayor dinamismo, tras haber quedado visiblemente rezagados frente a la evolución reciente de los precios de los bienes”.
En uno de los puntos más polémicos, la entidad consideró que la política monetaria expansiva “no se traducirá en una aceleración de la inflación anual”. Pero en el mercado no piensan lo mismo. Al contrario, la advertencia de economistas es que la emisión monetaria récord para atender al gasto provocado por la pandemia generará un fuerte salto de los precios una vez que la economía vuelva a ponerse en marcha. “La política monetaria se conducirá para que el proceso de reacomodamiento de precios relativos asociado a la recuperación de la economía ocurra en un entorno de inflación acotada”.
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