
La historia de las tarjetas amarillas y rojas en el fútbol comienza mucho antes de su primera aparición oficial en el Mundial de México 1970. Su origen está profundamente vinculado a la figura de Ken Aston, un hombre inquieto, innovador y con una biografía tan insólita como la propia idea que transformó el deporte.
Nacido en Colchester, Essex, Inglaterra, Kenneth George Aston fue profesor, teniente coronel del Ejército británico y un árbitro que dejó una marca imborrable en la historia del fútbol. Fue graduado en el Saint Luke’s College de Exeter, donde coincidió con figuras relevantes como Stanley Rous, futuro presidente de la FIFA, y George Reader, árbitro de la final del Mundial de Brasil 1950.
Aston comenzó su carrera en 1936 y, tras servir en la Royal Artillery durante la Segunda Guerra Mundial y participar en los juicios de crímenes de guerra en Changi, Singapur, regresó a Inglaterra en 1946 para retomar su labor arbitral y docente.

Rápidamente, Aston se destacó por su autoridad y capacidad de adaptación a las reglas del juego. Sus primeras innovaciones fueron aparentemente menores, pero reveladoras de su carácter: propuso cambiar los banderines de los linieres por otros de colores más visibles y rediseñó la chaqueta del árbitro para agregar bolsillos funcionales, inspirados en el atuendo militar. En 1953, alcanzó la Primera División inglesa y, poco después, la internacionalidad, arbitrando partidos clave en competiciones europeas.
Sin embargo, su carrera alcanzó un punto de inflexión durante el Mundial de Chile 1962, protagonizando uno de los episodios más polémicos de la historia de los mundiales: la llamada “Batalla de Santiago” entre Chile e Italia. La tensión, avivada por crónicas periodísticas despectivas sobre Chile y una atmósfera cargada de nacionalismo, desencadenó un partido violento y caótico. Aston, completamente superado, apenas logró expulsar a dos italianos, mientras los incidentes se sucedían en el campo.
La barrera idiomática agravó la situación: ningún jugador entendía inglés, y Aston no hablaba español ni italiano. El árbitro británico, por primera vez, se sintió impotente para controlar el partido y hacer respetar su autoridad.

El día que cambió el fútbol
La experiencia en Chile marcó profundamente a Ken Aston, detalló un informe de Inside FIFA. Tras un año más como árbitro, se retiró dirigiendo la final de la FA Cup de 1963, justo cuando el fútbol inglés celebraba su centenario. Sin embargo, su vínculo con el arbitraje continuó: fue nombrado presidente de la Comisión de Arbitraje para el Mundial de Inglaterra 1966, donde presenció otra situación controvertida durante el partido Inglaterra-Argentina.
La expulsión del capitán argentino Antonio Rattín, en medio de protestas y confusión, evidenció la falta de un sistema universal que comunicara de forma clara y visual las decisiones arbitrales, detalló el ente mundial del fútbol en otro de sus informes.
La chispa final surgió en un momento cotidiano. Aston, mientras esperaba el cambio de luz en un semáforo de Kensington, pensó: “Debería ser algo tan claro como esto: amarillo, precaución; rojo, prohibido pasar”. Esa imagen le inspiró la solución que tanto buscaba, pero la materialización no fue inmediata.

Al llegar a casa, compartió su reflexión con su esposa Hilda, quien, enfrascada en patrones de corte y confección, recortó dos cartulinas, una amarilla y otra roja, y se las mostró: “¿Y si los árbitros llevaran dos de estas en el bolsillo? La amarilla como advertencia y la roja para expulsar”. Así, la idea tomó forma definitiva.
Tras meses de discusión y pruebas, la FIFA aprobó el uso de las tarjetas para el Mundial de México 1970. La historia recuerda que el 31 de mayo de ese año, durante el partido inaugural entre México y la URSS, el árbitro alemán Kurt Tschenscher mostró la primera tarjeta amarilla al soviético Evgeny Lovchev por una falta sobre un jugador local. El sistema, inspirado por la vida urbana y el ingenio doméstico, se convirtió en uno de los símbolos universales del fútbol.
De la innovación a la leyenda
El impacto de la idea de Ken Aston fue inmediato y duradero. El sistema de tarjetas facilitó la comunicación entre árbitros, jugadores y espectadores. “Era necesario crear un sistema fácil, internacional, indudable, para que los jugadores amonestados por el árbitro lo supieran. Y también los espectadores, para que no hubiera duda”, explicó Aston, según declaraciones recogidas por El Mundo.

La primera tarjeta roja en un Mundial llegaría en Alemania 1974, cuando el chileno Carlos Caszely fue expulsado por el árbitro turco Dogan Babacan. Sin embargo, la eficacia y claridad del sistema ya eran indiscutibles. En España, la llegada de las tarjetas incluyó una particularidad: la amarilla fue reemplazada por una blanca para evitar confusiones en los televisores en blanco y negro, hasta que la tecnología permitió volver al color original.
El legado innovador de Aston no se limitó a las tarjetas. También propuso la figura del cuarto árbitro y el uso del cartelón con números para los cambios, contribuciones fundamentales al desarrollo del fútbol moderno. Además, tuvo un papel destacado como instructor y formador de árbitros en Estados Unidos, justo cuando el deporte comenzaba a ganar popularidad allí.
Ken Aston falleció en 2001 a los 86 años, tras ser condecorado como Miembro de la Orden del Imperio Británico. Su huella en el fútbol es innegable. Definió el deporte como “una obra de teatro en dos actos con 22 intérpretes y un director de escena, el árbitro”. Su invención, nacida de la frustración, la creatividad y la colaboración doméstica, ha perdurado como un elemento esencial en el fútbol mundial.
Hoy, su invención también se utiliza en otros deportes, como el rugby, el voley y hasta el tenis.
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