Los atletas de los Juegos Olímpicos de Invierno enfrentan temperaturas extremas que desafían tanto los límites de la fisiología humana como la innovación en indumentaria deportiva. La regulación efectiva de la temperatura corporal depende de la interacción entre respuestas fisiológicas específicas y el desarrollo de materiales avanzados.
Impacto fisiológico del frío extremo
El cuerpo humano, ante el frío intenso, pone en marcha mecanismos de defensa: la vasoconstricción —estrechamiento de los vasos sanguíneos para conservar el calor— y la activación de escalofríos, que son contracciones musculares breves y repetidas cuya finalidad es generar calor adicional.
Además, el tejido adiposo marrón se activa para producir energía térmica, mientras que el metabolismo se acelera, lo que explica la sensación de hambre tras exposiciones prolongadas a bajas temperaturas.
El entorno seco de ciudades como Milán y Cortina d’Ampezzo, sedes de la edición actual de los Juegos, intensifica el desafío.
El aire frío y seco obliga al organismo a emplear más agua para humidificar el aire inspirado, lo que incrementa la pérdida de líquidos y puede llevar a una deshidratación inadvertida.
Aunque los atletas sudan menos que en ambientes calurosos, la pérdida de agua persiste y se suma a la vulnerabilidad propia de la exposición al frío.
Riesgos por deshidratación y humedad en la indumentaria

La deshidratación en estos escenarios responde, además, a la combinación de respiración acelerada y vasoconstricción, que dirige fluidos hacia los riñones y aumenta la producción de orina.
Este fenómeno, conocido como diuresis por frío, puede pasar desapercibido y agravar el riesgo de lesiones. La ropa deportiva, si bien es fundamental para la protección y el rendimiento, puede convertirse en un riesgo si no se maneja adecuadamente la humedad.
Vestirse en capas es esencial para protegerse, pero las pausas entre rondas presentan un peligro adicional: si la ropa permanece húmeda por el sudor, aumenta la susceptibilidad a lesiones por frío como la hipotermia o la congelación. La exposición prolongada con indumentaria húmeda incrementa dramáticamente el riesgo de daño tisular y merma la capacidad de recuperación del atleta entre competencias.
Innovación en materiales: sistemas multicapa y tecnología inteligente

La indumentaria de alto rendimiento utiliza un sistema de tres capas. La primera, en contacto con la piel, está fabricada con tejidos que absorben la humedad, como el nylon o la lana, y mantiene la piel seca. La capa intermedia es aislante, hecha de plumón o poliéster, y retiene el calor corporal.
Finalmente, la capa externa, compuesta por materiales impermeables y transpirables como el poliéster y el acrílico, protege del viento y la nieve, pero permite la evaporación del sudor. El avance en polímeros sintéticos y naturales ha propiciado textiles más ligeros y resistentes, con recubrimientos sobre fibras como el nylon que mejoran la resistencia al agua y al viento.
En la vanguardia tecnológica destacan las prendas con calefacción eléctrica y los materiales de cambio de fase, capaces de absorber y liberar calor según las necesidades del usuario. Estas soluciones permiten mantener estable la temperatura corporal, evitando variaciones bruscas que puedan afectar el rendimiento.
Transferencia de tecnología al uso cotidiano
Aunque no todas estas innovaciones están disponibles aún en la indumentaria de los atletas olímpicos, algunos de estos avances ya se han incorporado a productos comerciales destinados al público general.
Chaquetas, edredones y accesorios diseñados para bajas temperaturas adoptan tecnologías desarrolladas para el deporte de élite, facilitando la protección contra el frío en la vida diaria y fuera del ámbito deportivo.
Este proceso de transferencia tecnológica, está ampliando el acceso a soluciones avanzadas contra el frío, extendiendo los beneficios de la investigación en materiales y fisiología a la sociedad en general.
Sinergia entre fisiología y tecnología
La capacidad natural del cuerpo humano para adaptarse a condiciones adversas, combinada con la innovación constante en materiales, permite que los deportistas de invierno mantengan su rendimiento en el máximo nivel competitivo. Esta sinergia entre biología y tecnología constituye la base sobre la que se construye la resistencia y el éxito en los escenarios más exigentes de los deportes invernales.
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