Adrian Newey impulsa una transformación profunda en Aston Martin F1. Y, para ello, se apoya en una persona de confianza en la sede de Silverstone. Un “topo”. Este confidente le informa regularmente sobre el funcionamiento y el clima laboral en la fábrica, desencadenando cambios significativos en el equipo técnico.
La revelación de AutoRacer Italia confirma que Lawrence Stroll, máximo accionista de la escudería, ha dado carta blanca a Newey, lo que ha permitido implementar en Aston Martin el modelo de gestión que el ingeniero británico empleó previamente en Red Bull. Esta estrategia se ha traducido en la salida de figuras clave, como Eric Blandin, exdirector aerodinámico, así como de numerosos ingenieros de distintos niveles, muchos de los cuales han recalado en equipos rivales de la Fórmula 1.
El plan de reestructuración no se limita a los despidos, a partir de lo que el “espía” le va marcando al ingeniero. El equipo busca incorporar talento experimentado y joven, con especial énfasis en el reclutamiento de perfiles sénior que afronten los nuevos retos. Entre estas gestiones destacó la propuesta presentada a Gianpiero Lambiase, actual ingeniero de pista de Max Verstappen en Red Bull, para asumir cargos directivos como director de equipo (team principal) o CEO, reforzando la estructura y permitiendo que Newey se concentre en el desarrollo del Aston Martin AMR26 y modelos futuros.
Lambiase, sin embargo, ha decidido continuar en Red Bull al menos una temporada más, manteniéndose como ingeniero de pista de Verstappen y responsable de operaciones en pista para el equipo de Milton Keynes. Red Bull le otorga flexibilidad para gestionar su calendario, incluyendo la opción de ausentarse alguna carrera por razones personales, en cuyo caso Simon Rennie lo sustituirá temporalmente como ingeniero de pista de Verstappen.
Newey es el “padre” de varios de los últimos autos que hicieron historia en la Máxima. Participó en la construcción del Williams que venció al McLaren-Honda de Ayrton Senna, en el McLaren-Mercedes que superó a la Ferrari de Michael Schumacher, llevó a la gloria a Red Bull, luego terminó con el dominio de Mercedes y Lewis Hamilton, y volvió a poner en la cima a la escuadra de la bebida energizante. Es considerado uno de los mejores técnicos de la historia de la F1, por lo que su pase a Red Bull fue uno de los grandes impactos de la categoría, aunque no se siente al volante.
Siempre quiso trabajar en el automovilismo y su primera experiencia fue como aerodinamista en el equipo de Emerson Fittipaldi en la F1 que tenía su base en Reading, Berkshire, pero quebró a fines de 1982. Sin embargo, pese a no conseguir buenos resultados en esa época, adquirió experiencia con el efecto suelo y ese conocimiento fue clave 40 años más tarde. En 1983 emigró a los Estados Unidos y se sumó al constructor de monopostos March en la IndyCar y venció en siete carreras, incluyendo las 500 Millas de Indianápolis por medio de Tom Sneva. Con el chasis 86C y al volante de Bobby Rahal, en 1986 ganaron las 500 Millas de Indianápolis y fueron campeones. Luego regresó a la F1. E hizo historia en cada escudería en la que trabajó.
Adrian arranca con el diseño de sus autos a la vieja usanza dibujando en un papel y luego sus asistentes arrancan con los trabajos digitales. “A menudo empiezo con un boceto en una hoja A4. Luego lo desarrollo en el tablero de dibujo, usando bocetos a mano alzada. Eso es algo que no puedes hacer en una computadora y se siente muy natural”, aseguró.
Al ser un ingeniero de la vieja guarda y conocer el ambiente de la F1 por más de 40 años, sabe todas las mañas internas. Su método consiste en leer y estudiar a fondo los reglamentos técnicos y poder encontrar todos los resquicios legales. Ir hasta el límite de lo que la norma le permite. Es un as para jugar con los grises o encontrar las lagunas de la ley que le permita sacar lo máximo de sus autos.
Su experiencia le dio un plus ya que es uno de los pocos técnicos que trabajó en la F1 con el efecto suelo, que regresó en 2022. Se trata de la carga aerodinámica que permite que el auto vaya lo más pegado al piso, pero que le generó un dolor de cabezas al resto (el más complicado fue Mercedes) por el efecto rebote o porpoising por la rápida entrada y salida del aire debajo del chasis. El único que no sufrió esta variante fue Red Bull y Newey se convirtió en su talismán.
En los boxes suele verse con una libreta en la que hace dibujos y toma apuntes sobre las características, cambios o ajustes que requiere el auto. Podría anotarlo en un celular, pero él prefiere hacerlo a mano. Mal no le fue con esas costumbres. Es el ingeniero más exitoso en la historia de la F1. A lo largo de su campaña en la Máxima, con autos diseñados por él o en los que participó en su concepción y desarrollo, ganó un total de 26 títulos mundiales.
En Aston Martin quiere repetir el suceso con sus particulares métodos.
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