
Es imposible no asociar el nombre de Marta a la gloria del fútbol femenino. La brasileña es una de las mejores jugadoras de la historia -si no la mejor- y ha dejado un legado que trasciende el deporte. Hoy, a sus 39 años, se mantiene en la élite y lidera a su selección nacional en la Copa América Femenina de Ecuador.
Integrante del Grupo B, el Scratch femenino comenzó el certamen continental de la mejor manera: una victoria por 2-0 frente a Venezuela, en la que Marta fue titular y capitana. Esta tarde, (desde las 18 de Argentina) tendrá su segundo compromiso frente a Bolivia y su figura se impone como uno de los atractivos principales.
La trayectoria de Marta Vieira da Silva comenzó en condiciones adversas. Creció en una familia con escasos recursos, donde su madre trabajaba largas jornadas para mantener a sus hijos. Desde pequeña, la Reina, el apodo que se ganó por su trayectoria, jugaba al fútbol en la calle, muchas veces descalza y enfrentando el desprecio de algunos chicos que la criticaban por practicar un deporte considerado masculino.

“Siempre tuve que encarar ese rechazo de frente. Supe que sabía jugar desde los 7 u 8 años, y ya enfrentaba ese rechazo desde el inicio. Tenía que ganarme el espacio con los chicos, enseñar que una niña jugando al fútbol también es normal, y dar ejemplo a otras niñas que querían jugar pero tenían miedo de comentarios machistas”, relató en diálogo con la Conmebol.
Ante ese panorama, la brasileña tuvo mantenerse firme y contó como sobrellevó esas dificultades: “Eso me daba rabia, pero esa rabia la transformaba en motivación; iba a la cancha a demostrar lo fuerte que era. Tenía que encarar a los chicos, regatear, meter goles, mostrar de qué era capaz, porque no había otra opción. Aprendí a ser fuerte desde muy joven”.
En Brasil, las mujeres tuvieron prohibido jugar al fútbol hasta 1979, lo que añade peso a la historia de Marta y su determinación para romper barreras.
A los 14 años, Marta dejó su municipio natal, Dois Riachos, y recorrió más de 2.000 kilómetros hasta Río de Janeiro para probar suerte en el club Vasco da Gama, donde firmó su primer contrato profesional. Desde entonces, su carrera avanzó por equipos de Brasil, Europa y Estados Unidos, incluyendo el Umeå IK de Suecia, donde conquistó una Champions League (entonces llamada Copa de la UEFA femenina), así como clubes como Los Angeles Sol, Santos FC, Golden Pride, Tyresö FF, FC Rosengard y Orlando Pride.
En el ámbito internacional, Marta ha sido una figura clave en la selección de Brasil, participando en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016, además de múltiples Copas del Mundo. En su palmarés destacan dos medallas olímpicas, tres Copas América (2003, 2010 y 2018) y el reconocimiento como máxima goleadora de la Copa Mundial Femenina de la FIFA, junto a leyendas como Megan Rapinoe y Birgit Prinz.
A los 20 años, recibió por primera vez el premio a la mejor jugadora del año, galardón que obtuvo en seis ocasiones (2006, 2007, 2008, 2009, 2010 y 2018), cinco de ellas consecutivas. Además, la FIFA creó el “Premio Marta”, que se entrega al mejor gol del fútbol femenino y es el equivalente del Puskás masculino. A esa altura llegó el legado de la brasileña.
El impacto de Marta trasciende el terreno de juego. Ha participado en proyectos solidarios y es una defensora activa de la igualdad de género. En 2010, fue nombrada Embajadora de buena voluntad para los Objetivos de Desarrollo del Milenio del Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas, cargo que ocupó hasta 2018. Posteriormente, se unió a ONU Mujeres como embajadora para mujeres y niñas en el deporte.
Luego de la participación de la selección de Brasil en los Juegos Olímpicos de París 2024, en donde consiguió la medalla de plata, la estrella del fútbol femenino anunció que dejaba de jugar en la Canarinha. Sin embargo, lograron convencerla para ponerse al frente de un plantel que combina experiencia con juventud.
Con estrellas en ascenso como Amanda Gutierres, Duda Sampaio o Giovana Queiroz, la Reina se posicionó como una guía para ellas dentro y fuera del campo en esta Copa América. “Jugar con ellas es un privilegio después de tantos años, y además es un desafío. Las más jóvenes corren muchísimo y me obligan a correr también. Es como si me arrastraran con su ritmo. Tengo que estar concentrada y mostrar que, sin importar la edad, sigues aportando. En mi opinión, aquí nadie corre por Marta, corremos todas juntas. Me gusta eso, porque me exige mental y físicamente. El fútbol femenino es muy rápido hoy: transiciones, esfuerzo constante. No puedes quedarte atrás”, comentó.
Ya en el ocaso de su carrera, Marta no se pone plazos para dejar la actividad. Con el Mundial 2027, que se disputará en su tierra, a la vuelta de la esquina, la habilidosa atacante comentó: “Está cerca, pero también lejos. Como dije, estoy viviendo el momento. El entrenador (Arthur Elias) siempre dice que va a convocar a las jugadoras que estén en su mejor momento. Y yo estoy hoy en la selección porque estoy bien ahora”.
“No me pidan estar bien mañana, pasado o en 2027. Porque no sé lo que puede pasar. Hoy estoy aquí, pero mañana puedo despertar y decir: ya está. Quiero dedicarme, tener un hijo, una familia, que es un sueño que todavía tengo", agregó.
La selección brasileña es la que ostenta la mayor cantidad de títulos en el certamen continental, con ocho conquistas. Es por eso que Marta quiere agigantar su historia y contó cual es su anhelo a esta altura de su carrera: “Quiero volver a Brasil con orgullo, sabiendo que di lo mejor y seguimos siendo los máximos ganadores. Solo hay que mantener el enfoque”.
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