De la escuela rural a marcar una era en el automovilismo: Carlos Reutemann, uno de los mejores pilotos de la Fórmula 1

Empezó a manejar a los siete años en el campo familiar y en 1981 fue subcampeón mundial. Admirado y respetado en todo el ambiente de la Máxima, fue el último argentino que ganó y sumó puntos en la categoría

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Lole súper concentrado antes de salir a pista (Archivo CORSA).
Lole súper concentrado antes de salir a pista (Archivo CORSA).

El deporte argentino se viste de luto: Carlos Reutemann murió este miércoles a los 79 años luego de pasar varios días internado con un delicado cuadro de salud. La noticia la confirmó su hija, Cora, a través de las redes sociales. “Papá se fue en paz y dignidad después de luchar como un campeón con un corazón noble y fuerte que lo acompañó hasta el final. Siento orgullo y bendición por el padre que tuve. Sé que me acompañará todos los días de mi vida hasta que nos volvamos a encontrar en la casa del Señor”, escribió en su cuenta de Twitter.

“Cada cosa que conseguí en mi vida me costó un huevo y la mitad del otro”, dijo Carlos Alberto Reutemann en una entrevista con CORSA en 2007. Cuánta verdad en sus palabras para alguien que de “chico hacía cinco kilómetros a caballo para ir a una escuela rural”, como recordó una vez. De aquellos días en el campo de Santa Fe a acariciar la gloria en el glamour de la Fórmula 1 y a tener una carrera política de 30 años. En sus inicios podría haberse consolidado en lo económico en el automovilismo nacional, pero apostó por ir a Europa detrás del gran sueño. La luchó y llegó a la cúspide del automovilismo. Y se transformó en un ícono del deporte argentino.

Nació el 12 de abril de 1942 y de chico le agarró el amor a los motores porque manejó los tractores y algún auto en su campo familiar. “Vivía en un campo de 600 hectáreas. Empecé a manejar a los siete años con un Ford A modelo ’29, por la independencia que tiene el campo y por la necesidad que también tiene el campo”, contó sobre su niñez, en la que también nació su apodo “Lole” porque miraba “lolechones”. Empezó a despuntar el vicio y sus primeros logros llegaron de forma amateur en las picadas de la capital santafesina, donde lo descubrió Américo Grossi, el que le dio la primera oportunidad en el automovilismo.

Grossi y su hermano tenían una agencia de autos y apoyaron a un piloto en el Turismo Nacional, que era Heriberto Bohnen. Cuando él se retiró en 1965, buscaron un reemplazante para correr su Fiat 1500. Hubo que elegir entre Luis Keller y un joven Reutemann, con 23 años en ese momento. Los llevaron a una prueba en Córdoba en un camino de ripio. “Nos escondimos en una curva con mi hermano. Primero pasó Keller, y aunque lo hizo velozmente, desaceleró al acomodar el auto para pisar nuevamente. Reutemann en cambio, venía bajando a fondo y así como venía dobló la ‘ese’ (la curva) y se fue. Eso decidió nuestra elección”, reveló Grossi.

El Lole debutó en La Cumbre el 30 de mayo de 1965 donde abandonó por la rotura de un caño de la lubricación. Para la carrera siguiente en Villa Carlos Paz, recorrió el trazado con un Citroën 2 CV de su padre para conocerlo a fondo. Fue el inicio de un ritual que repitió en todos los circuitos donde compitió en la Argentina y en todo el mundo. En sus comienzos en nuestro país señalizó algunos lugares con piedras. Esas referencias le valieron su debut triunfal a nivel nacional, el 11 de julio de ese año.

En sus inicios con el Fiat 1500 de TN en Villa Carlos Paz (Archivo CORSA).
En sus inicios con el Fiat 1500 de TN en Villa Carlos Paz (Archivo CORSA).

Se afirmó y en 1966 logró el título en la Clase D con cinco triunfos. Fue bicampeón en la misma divisional en 1967 con nueve victorias. En ésa temporada logró su primer éxito en los monopostos y venció en una serie de la Fórmula 1 Mecánica Argentina con un De Tomaso-Fiat. En 1968 fue protagonista en el Turismo Carretera con el famoso Ford Falcon “Angostado” con el que se impuso en un parcial en el Autódromo de Buenos Aires (28/07). A fines de ese año se estrenó a nivel internacional y participó de la temporada de la Fórmula 2 Europea. Fueron cuatro fechas, dos en Buenos Aires, una en Alta Gracia y otra en San Juan. Carlos corrió tres carreras con un Tecno-Cosworth y una con un Brabham-Cosworth, pero desertó en todas.

En 1969 se dio un hecho clave en su historia que fue la creación del equipo del Automóvil Club Argentino (ACA) en la Fórmula 2 Nacional, donde con BWA-Fiat obtuvo seis triunfos y se quedó con el campeonato.

Con el apoyo del Estado la escudería del ACA llegó en 1970 a la F2 Europea y el bautismo de Reutemann en el Viejo Mundo fue prometedor ya que lideró la primera carrera en Hockenheim, Alemania, contra varios de los mejores pilotos ya que en esa época los corredores de F1 también participaban en la F2. Aquella fue una temporada de aprendizaje y en la siguiente peleó la corona contra Ronnie Peterson, a la postre campeón. Ese año en debutó en la Máxima en una carrera sin puntos en Buenos Aires donde completó el podio con un McLaren-Cosworth.

Lole ya era padre familia y si bien el objetivo de la F1 era una realidad, no fue fácil. “En 1970 en la Argentina se ganaba buena plata. En el Sport Prototipos, los pilotos cobraban muy buenos sueldos. Ellos sacaban por mes lo que yo a duras penas pude ganar en un año en Europa. Recuerdo que a fines del año 1970 me vine de Europa con 1.200 dólares. Hasta en determinado momento pasaba hambre”, confesó.

El día de su debut en Europa, Reutemann llega primero a una de las chicanas. Fue en Hockenheim, en 1970. Solo unos fardos separa a los autos del fotógrafo (Archivo CORSA).
El día de su debut en Europa, Reutemann llega primero a una de las chicanas. Fue en Hockenheim, en 1970. Solo unos fardos separa a los autos del fotógrafo (Archivo CORSA).

Aunque se ganó un lugar en el ámbito internacional y con el aporte estatal debutó de forma oficial en la F1. Accedió a una de las butacas en Brabham, equipo que lo compró Bernie Ecclestone. En su estreno oficial, el 23 de enero de 1972, manejo un monoplaza BT-34. Carlos pateó el tablero e hizo la pole positions de local en un autódromo porteño que reventó de público. Culminó séptimo en la que fue la vuelta de la Máxima al Campeonato Mundial luego de doce años.

“Nunca creí lograr un registro tan destacado en clasificación. No creo tampoco que haya influido mucho en mí el hecho de correr en Buenos Aires. En cualquier otro lugar hubiera sido igual. Y cuando estuve detrás de Jackie Stewart (ganador) no me dio la sensación de ser inalcanzable. Por eso veremos qué pasa en las carreras futuras. Esa es mi duda. Saber qué lugar ocupo entre todos”, analizó. Pronto el gran circo supo de qué estuvo hecho el santafesino, que dos meses más tarde ganó una carrera sin puntos de F1, en Brasil. Y en Francia, en 1973, plasmó su primer podio al ser tercero.

El 13 de enero de 1974, largó séptimo en casa y tomó la punta. Tuvo un ritmo con el que repitió 20 veces el tiempo de vuelta en un dibujo largo y complejo como el Circuito 15 de Buenos Aires (en 1972 y 1973 se usó el Circuito 9). Lideró la carrera y el público deliró. Hasta hizo que el presidente Juan Domingo Perón se suba a un helicóptero desde la quinta de Olivos y se fuera al Autódromo. Era una fiesta. Pero en la última vuelta su auto se quedó sin nafta…

Sobre su enorme frustración de aquella carrera de 1974, luego confesó que “no pude dormir la noche del domingo. Varias veces me desperté sobresaltado y pensé que ahí, sobre la mesa, estaba la copa del triunfador. Parece una pavada, pero son cosas muy importantes y yo no me podía resignar inconscientemente a no haber ganado la carrera”, declaró.

El día que venía ganando en Buenos Aires y se quedó sin nafta en la última vuelta. (Archivo CORSA).
El día que venía ganando en Buenos Aires y se quedó sin nafta en la última vuelta. (Archivo CORSA).
Rumbo a su primera victoria en la F1. En Sudáfrica 1974, donde le ganó a Niki Lauda (Archivo CORSA).
Rumbo a su primera victoria en la F1. En Sudáfrica 1974, donde le ganó a Niki Lauda (Archivo CORSA).

La revancha llegó el 2 de marzo en Sudáfrica, donde logró su debut triunfal en el que prevaleció ante Niki Lauda. “Fue una carrera igual a la de Buenos Aires, con la única diferencia que en vez de escaparse un auto solo fuimos dos: Lauda y yo. Lo tanteé en una curva y cuando noté que esforzándome un poco más lo tenía, me tiré con todo y lo pasé. Él después se retrasó”, sostuvo Lole, que ese año repitió victorias en Austria y los Estados Unidos.

En 1975 solo venció en una vez, pero valió doble. Fue en el mítico Nordschleife, el circuito largo de Nürburgring con 22,8 kilómetros. Fue su última victoria con Brabham, equipo con el que continuó en 1976 hasta la carrera en Italia, cuando fue el tercer piloto de Ferrari. En la cita anterior en Holanda cerró su llegada a Maranello, en principio para reemplazar a Lauda quien se estaba recuperando de su terrible accidente en el mencionado escenario alemán. El austriaco volvió y corrió en la cita italiana. Y Lole fue noveno.

En 1977 fue compañero de Lauda en La Rossa, quien fue campeón ese año. Carlos, por su parte, venció en Brasil. En 1978, ante la partida de Niki a Brabham, quedó como piloto número uno y Gilles Villeneuve fue su compañero. Resultó su temporada más ganadora con cuatro triunfos: Brasil, las dos carreras en los Estados Unidos y en Gran Bretaña, a la que consideró su mejor victoria. “Es la mayor satisfacción de mi vida. Fue el gran triunfo que siempre soñé. Me quedo con esta por encima de la de Austria ’74 por la definición de la carrera”, dijo tras imponerse. Ese día superó en el final –otra vez- a Lauda. Sin embargo, a pesar del buen nivel de la Ferrari 312 T3, toda la F1 se rindió ante los Lotus 78 y 79 y su efecto suelo (N. de la R: sistema aerodinámico que mejora la adherencia al piso y entrega más velocidad en las curvas) con los que Mario Andretti apabulló ese año.

Luego llegó el momento una mala decisión, aunque es fácil hablar con el diario del lunes. Se fue de Ferrari. “En el ’78 gané cuatro carreras y cuando volvía al box veía caras largas”, reconoció años más tarde. Tampoco tuvo el mejor vínculo con Mauro Forghieri, responsable técnico del equipo. Seducido por el nivel de Lotus, emigró al team inglés para 1979. No obstante, los otros equipos más importantes copiaron y mejoraron el efecto suelo. La escuadra de Colin Chapman no fue competitiva, Reutemann tuvo un mal año y la Scuderia (su ex equipo) fue campeón con Jody Scheckter

Con el trofeo tras vencer en Gran Bretaña 1978. Dijo que fue su mejor victoria (Archivo CORSA).
Con el trofeo tras vencer en Gran Bretaña 1978. Dijo que fue su mejor victoria (Archivo CORSA).

Al terminar aquella temporada el joven equipo Williams logró cuatro triunfos gracias a su promisorio FW 07, un auto que hizo historia. Para encarar de la mejor forma su última parte en la F1, Lole supo que ése era su destino. Y Sir Frank Williams quiso contratarlo, pero con el reparo que el piloto número uno era Alan Jones… El australiano dominó en 1980. En tanto que Carlos se dio el lujo de ganar en Mónaco, la primera vez que sus hijas fueron a verlo a una carrera. Para 1981, el santafesino fue a todo o nada...

Se decidió a ser campeón, cueste lo que cueste. Aunque una serie de hechos lo perjudicó. Entre ellos la famosa cláusula de los siete segundos (si estaba delante de Jones a una diferencia menor, debía dejarlo pasar a Jones). Por esto Williams no le perdonó que en Brasil desobedeció la orden ceder ante Jones y esa victoria la pagó caro. Ganó una carrera sin puntos en Sudáfrica. El cambio de gomas de Michelin a Goodyear que afectó el rendimiento de su auto (con los neumáticos franceses sumó 37 puntos y con los norteamericanos, 12). “Empecé a perder el título por ese motivo”, admitió. Se sumó la falta de atención de su equipo en plena definición del campeonato. Por todo esto y al asedio de Nelson Piquet (Brabham), en la última fecha corrida en Las Vegas (USA), Lole perdió el título por solo un punto. Lideró el campeonato en 13 de las 15 fechas. “No sé qué se siente perder a un ser querido, pero creo que esto es muy parecido. Nunca en mi vida sentí un dolor tan grande”, aseguró.

Agotado, decidió colgar el casco a fines de ese año. Aunque Williams lo fue a buscar y lo convenció para seguir otra temporada. Pero en el inicio de 1982, solo su cuerpo estuvo presente en Sudáfrica y Brasil. Lole ya estaba en otro lado. Quince días antes de cumplir 40 años, anunció su retiro. “Ya no tenía el mismo entusiasmo, ya no hacía las cosas del mismo modo que antes, sentía indiferencia hacia todo, hacia la técnica, hacia el ambiente. Lo ocurrido en Las Vegas está olvidado y no tengo ninguna secuela. Sencillamente me faltan motivaciones… En fin, la F1 se terminó para mí ¡Que pase el que sigue…!”, sostuvo. Imaginó que Oscar Larrauri u otro podían tomar su lugar. Pero no. La Guerra de Malvinas afectó a nuestros pilotos en Europa y nunca más hubo un proyecto a largo plazo del Estado que apoye un camino a la Máxima. El propio Larrauri (1988/1989), Norberto Fontana (1997), Esteban Tuero (1998) y Gastón Mazzacane (2000/2001), llegaron por esfuerzos privados.

Su otra carrera, la política

En aquella competencia donde se quedó sin nafta puede decirse que Reutemann tuvo el primer contacto con la política. En el palco de honor recibió el saludo de Juan Domingo Perón quien le regaló una lapicera por no tener otra cosa a mano. Nueve años después de su retiro de la F1, fue tentado por el peronismo y en 1991 se postuló como candidato a Gobernador de Santa Fe, donde tuvo dos mandatos, de 1991 a 1995 y de 1999 a 2003.

En su segunda etapa a cargo de la provincia recibió duras críticas durante las inundaciones de 2003 que causaron 23 muertes y más de 130.000 damnificados. Se le recriminó falta de obras necesarias en la capital y en otras zonas.

También fue Senador Nacional por Santa Fe, cargo que ocupó hasta sus últimos días. En 1995 fue electo para ganar una banca en la cámara alta del Congreso Nacional y si bien su ciclo terminaba en 2001, al ganar otra vez la gobernación en 1999 dejó su puesto en el parlamento.

Aunque fue elegido otra vez como legislador para el periodo 2003-2009 y luego pudo renovar su banca por otros dos lapsos, de 2009-2015 y 2015-2021, cuando ya se alió a Cambiemos. Desde el inicio de la pandemia de COVID-19 participó de las sesiones de forma virtual.

En tanto que en 2002 rechazó la propuesta de Eduardo Duhalde para ser candidato a Presidente en las elecciones de 2003. En ese momento Lole medía cerca de 40 puntos y con él Duhalde buscó tener el oponente para Carlos Menem.

Datos para entender su mérito deportivo.

En sus diez años en la F1 compitió mano a mano con pilotos del nivel de Jackie Stewart, Emerson Fittipaldi, Chris Amon, Denny Hulme, Graham Hill, François Cevert, Niki Lauda, James Hunt, Ronnie Peterson, Jacky Ickx, Mario Andretti, Alan Jones, Jacques Laffite, Jody Scheckter, Nelson Piquet, Gilles Villeneuve, Alain Prost, René Arnoux, Didier Pironi y Keke Rosberg. A todos (12 de ellos campeones mundiales) les ganó en algún momento, ya sea en clasificación o en carreras.

Historia de Reutemann - GP de Argentina en 1981

En su último lustro en la categoría fue considerado por los dueños de equipo como uno de los tres mejores pilotos del mundo. Por algo, salvo McLaren (igual tuvo propuestas), corrió en las escuderías más destacadas de su época: Brabham, Ferrari, Lotus y Williams.

Otra referencia es que Reutemann generó un interés general en el país. Fue tapa de revistas no deportivas. Según un estudio publicado en la edición 765 de la revista CORSA, en 1980, a nivel mundial la Argentina fue el segundo país en audiencia con 10.000.000 de espectadores de promedio en cada una de las 15 competencias de ese año. En esa época nuestra población era de 27.800.000 habitantes. Es decir, más de un tercio de la gente siguió a Lole. Se ubicó detrás de Brasil (120.000.000 de habitantes en 1980) con 12.000.000 de televidentes por fecha. Aquí, Argentina Televisora Color (hoy TV Pública) transmitió las carreras en directo o en diferido a través de una red de canales del interior y repetidoras que abarcaron todo el país. Tal fue el arrastre de Carlos en la F1, que en la penúltima fecha de 1981 en Canadá (27/9), donde pudo haber logrado el título, como la carrera fue por la tarde argentina y para que todos pudieran verla, se cambió el horario de un Boca vs. River. El Superclásico se jugó por la mañana con Diego Maradona, Miguel Brindisi o Hugo Gatti de un lado, y Mario Kempes, Daniel Passarella o Ubaldo Fillol.

En su campaña en la Máxima obtuvo 12 victorias, seis poles positions y récords de vuelta, y 45 podios sobre 146 carreras (uno cada tres competencias). En diez años acumuló más de 300 puntos, cifra que en un mismo período e igual sistema de puntaje, sólo la superó Jackie Stewart.

El 17 de mayo de 1981 alcanzó en Bélgica su última victoria que tuvo un sabor amargo, ya que el viernes atropelló al mecánico de Osella, Giovanni Amadeo, que tropezó en los boxes y por las heridas falleció el sábado. Fue un accidente caló hondo en el Lole. Desde allí nunca más un argentino ganó en la F1. Luego de su segundo puesto en Sudáfrica en 1982, ningún otro compatriota sumó puntos en la Máxima, que no tiene corredores albicelestes desde 2001.

Cruzando por el agua con el Fiat 131 Abarth. Fue tercero en el Rally de la Argentina en 1980 (Archivo CORSA).
Cruzando por el agua con el Fiat 131 Abarth. Fue tercero en el Rally de la Argentina en 1980 (Archivo CORSA).

Fue el único piloto en la historia que subió al podio en la F1, el Rally Mundial y el Mundial de Endurance. En el rally, fue tercero en la Argentina en 1980 (Fiat 131 Abarth) y 1985 (Peugeot 205 Turbo). Y en los Sport Prototipos, logró cuatro segundos puestos, dos con una Ferrari 312 PB, en 1972 (6 Horas de Vallelunga y 6 Horas de Monza), y otros tantos con un Alfa Romeo 33TT, en 1973 (1.000 KM de Nürburgring y 1.000 KM de Imola).

Luego de vencer en Mónaco en 1980 y ser tercero en Bélgica, continuó una racha de 15 carreras seguidas en las que sumó puntos en 1980 y 1981, un récord que recién batió el alemán Michael Schumacher entre 2001 y 2003 con una cosecha al hilo en 24 competencias y con el mejor auto de esos años como la Ferrari.

En un país donde el exitismo se registra en la escala de Richter y por ejemplo hasta Lionel Messi es criticado, qué esperar para alguien que a pesar de que llegó a la cima del automovilismo mundial, se lo castigó con el mote de “eterno segundo”. O que “no era agresivo para manejar”. Lole ya supo en 1974 con qué se encontró y lo que iba a venir. “Salvo escasas excepciones, entre los cuales están los periodistas especializados, todo el mundo me criticó siempre diciendo que nunca podría ganar una carrera si no era pescando, que siempre tenía excusas, en fin… mil cosas. Pero, ¿y a mí qué? Yo vivo casi todo el año en Europa, corro casi todas las carreras allá y son muy pocas las personas que me han visto en mi campaña de estos años. Sin embargo, millones de personas se consideran con derecho a opinar y decir tranquilamente que yo no me la juego. Si tan solo supieran lo que es correr en la F1… Pero no me importa, porque en definitiva no alteran para nada mi vida de corredor”.

Reutemann no fue campeón, pero se consagró sin tener la corona. Tuvo la hidalguía para saber perder y no le tiró el auto encima a Piquet cuando el brasileño lo superó en la carrera de Las Vegas. Salvando las distancias, en dos definiciones de campeonatos, Schumacher tocó a sus rivales, a Damon Hill (1994) y a Jacques Villeneuve (1997). O los mismos Ayrton Senna y Alain Prost fueron responsables (una vez cada uno) de sendos toques entre ellos para dirimir el cetro en 1989 y 1990.

Lole fue un embajador del deporte nacional. Volvió dos veces a Ferrari y lo recibieron como un referente. Hasta le dieron un auto para que gire en Buenos Aires en la vuelta de la F1 en 1995. Esa exhibición fue un impacto emotivo donde los más grandes tuvieron picos de nostalgia y los más chicos entendieron una época que hoy es una utopía para el automovilismo argentino. También, Carlos regresó a Williams en 2006 cuando le pidió explicaciones a Frank sobre lo ocurrido 25 años atrás. Fue una charla que tal vez sirvió para cerrar una vieja herida. Demostró por qué es muy respetado y admirado en el ambiente de la Máxima. Y ratificó con sus códigos que el hombre le ganó al campeón.

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