
“Antes se lo conocía como karate coreano pero con el paso de los años, hoy el taekwono es una palabra familiar y es accesible a todo el mundo y se calcula que en el mundo hay alrededor de 80 millones de practicantes entre activos y pasivos”, explica el doctor Adrián Desiderio, titular del Comité de Salud y Deporte de la prestigiosa Asociación Médica Argentina.
Desiderio presentará su libro “Taekwon-do + Salud” este sábado a las 11 de la mañana, en vivo y desde la Asociación Médica Argentina y con transmisión simultánea en inglés.
- Usted suele sostener que el Taekwon-do es un estilo de vida.
- Así es. El deporte es un estilo de vida, y en cuanto al tae-kwon-do, hay dos formas de verlo. Está la rama más competitiva y la mía que está más orientada a la mejora física-psíquica y social. De hecho, el taekwon-do se dividió en 1979 en dos ramas, una netamente deportiva, la WTF, y otra, dedicada a la docencia y las artes marciales (ITF) y yo me incliné por la segunda. Fíjese que el tae-kwondo puede ser una herramienta de lucha, de combate, pero yo no veo a nadie que lo practica que ande peleando por la calle. Es una forma de vida, de pensar.
- Suele hablar también de los cinco principios del tae-kwon-do.
- Sí, lo menciono en el libro. Tuve la posibilidad de estar cerca del general Choi Hong Hi, el creador del taekwon-do en 1955 (fallecido en 2002), que me ayudó en mis conocimientos, porque esta disciplina se rige por cinco principios: cortesía, perseverancia, autocontrol, espíritu indomable e integridad. Hay que considerar al taekwon-do como arte marcial moderno, que tomó cosas de otros artes marciales e incorporó también muchos elementos de la física, de la Ley de Isaac Newton (acción y reacción), y que explica por qué una persona chiquita puede vencer a una más grande, por ejemplo.
- ¿Cómo surge la idea de este libro?
- En realidad, estaba en mi cabeza algo así desde 2002 pero la pandemia me ayudó. Yo empecé antes con el tae-kwondo que con la medicina. Ya era cinturón negro, que era una categoría alta en 1977 cuando al año siguiente empecé a cursar en la facultad de medicina y entonces podía vincular elementos de las materias que iba aprendiendo con lo que ya practicaba. Por ejemplo, que no era lo mismo el muslo que la pierna, algo que se aprende en anatomía, o ya un poco más adelante, todo lo relacionado con la fisiología del ejercicio. Ya desde 1983, cuando me recibí de médico, comencé con la organización de Jornadas en las que vinculaba la medicina con el taekwon-do. Y el libro surgió a principios de este año cuando me lo sugirió un editor. Antes, no disponía de tiempo para irlo organizando con más gente que colaborara.

- ¿Cuáles son sus principales ejes temáticos?
- Se trata de explicar el motivo acerca de por qué es importante realizar actividades físicas. Tomo las enfermedades crónicas como el tabaquismo, la obesidad, la hipertensión, la diabetes y aparece también el estrés como común denominador. Trato de describir qué es el estrés y cómo actúa en nuestro cuerpo, lo que es el estrés grave o el estrés crónico y cómo debe actuar la gente, e incluso qué ocurre si se lesiona porque a veces, se puede encontrar con conductas agresivas (como querer acomodarle el brazo) o cómo acudir al sistema de emergencia cuando sea necesario. Por eso también enseñamos RCP (Reanimación Cardiopulmonar, es decir, qué hay que hacer ante un paro cardiorrespiratorio y cómo debe ser un lugar seguro para superar estas situaciones.
- La pandemia debe haber generado obstáculos importantes en la práctica del taekwon-do.
- Sí, hubo que tomar e impartir clases a distancia, con los gimnasios cerrados, y hubo que implementar protocolos al abrir después de tantos meses, y también esto aparece en el libro, en el que se intenta promover la actividad e intenta transformar al instructor deportivo en un agente de salud para generar confianza en la gente, porque se trata de hacerle entender al público que no sólo está el competidor de élite, porque de cada cien llega uno al más alto nivel, sino que hay otros grandes beneficios en su práctica y como le decía, mi orientación es más hacia la paz y la salud.
- Su libro tiene el respaldo de la Asociación Médica Argentina.
- Sí, yo soy el titular del Comité de Salud y deporte de la AMA, creada en 1891, y de hecho, mi prologuista del libro es el doctor Elías Hurtado Hoyo, que fue presidente entre 1998 y 2015 (y estuvo relacionado con la atención médica a tres ex presidentes argentinos, Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Alejandro de la Rúa), y es quien en 2002 me sugirió que organizara un comité vinculado al deporte dentro de la entidad. En aquel momento, respaldaron la iniciativa Roberto de Vicenzo (golf), Magdalena Aicega (hockey sobre césped), Alejandra García (atletismo), y el dirigente Ricardo Petracca (fútbol) con la idea de generar un foco de atención en el vínculo entre el deporte y la salud, por eso insisto en esto de que el instructor de taekwon-do debe ser un agente de salud. Y también por esto, de alguna manera, este libro cierra el círculo iniciado en 2002. En la presentación estará también el actual presidente de la AMA, el doctor Miguel Galmés, discípulo de Hurtado Hoyo.
- ¿Cómo se vinculó usted con el taekwon-do?
- En verdad, fue gracias al fútbol.
- ¿Cómo es eso?
- Yo jugaba muy bien al fútbol. En 1971 jugaba baby fútbol en el semillero que tenía Ferrocarril Oeste, la Unión Marchigiana, que derivaba a los chicos a la novena división del club, pero tuve que dejar la actividad para preparar mi examen de ingreso al colegio secundario. Me fui de vacaciones a Miramar y en la playa, me vio jugando al fútbol un DT de Estudiantes y me ofreció ir al club pero no acepté. Tenía una recomendación para probarme en Atlanta cuando el DT era el ex jugador de Independiente y Boca Alcides Silveyra, pero el día que fui, se habían ido a jugar un partido amistoso en Córdoba por dos semanas, y terminamos probándonos con otros chicos en “El Convento” de Argentinos Juniors, donde estaba nada menos que Francis Cornejo, el que llevó a Diego Maradona al club. Éramos unos cincuenta chicos, y nos iban preguntando de a uno si queríamos entrar y yo levanté la mano en el octavo lugar, pero nos dieron un paseo tremendo y ni la tocamos. Recuerdo que decían “pasala, Pelusa, pasala Polvorita”. Eran Los Cebollitas de Maradona (yo soy clase 1959 y él era de 1960). Se divirtieron con nosotros y me dije “el fútbol no es para mí”.
- Y allí pensó en otro deporte…
- Un día de marzo de 1973 llegó a mis manos la revista “Judo-Karate” y así empecé. Y lo que son las cosas… con el tiempo, Dalma y Giannina, las hijas de Maradona, fueron alumnas mías y Claudia las venía a ver.
- ¿Y les contó a ellas lo que pasó cuando se fue a probar en Argentinos Juniors?
- Nunca. Se van a enterar ahora.
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