Agustina Barroso se ilusiona con el Mundial de Francia 2019 (Foto: Ignacio Amestoy)
Agustina Barroso se ilusiona con el Mundial de Francia 2019 (Foto: Ignacio Amestoy)

En el patio de la casa de la familia Barroso en Tandil, ya no había plantas ni vidrios sanos. La pequeña Agustina se había encargado de romper todo pateando su pelota. Cansados de los destrozos, Adrián y Claudia -ambos profesores de educación física- decidieron mandar a su hija de seis años a una escuelita de fútbol.

Ese fue el inicio de una historia que hoy transita su capítulo más feliz: Agustina Barroso está a punto de jugar el Mundial de Francia 2019, el primero que disputará la selección argentina luego de 12 años de ausencias en la máxima competencia.

Los comienzos de la tandilense en el fútbol fueron similares a los de muchas de sus compañeras. Empezó en la escuelita de la Unicen, en un grupo mixto bastante grande, pero en el que casi todos eran varones y había solo tres nenas. En esos primeros tiempos, la práctica del deporte era una experiencia feliz, pero los problemas aparecieron años después.

"A los 10 u 11 años los padres me insultaban desde afuera. Llegué un día a casa y le dije a mi mamá que me cortara el pelo porque no quería que me identificaran como la diferente. Creía que con el pelo corto iba a pasar desapercibida. Fue algo bastante traumático porque yo no entendía por qué un adulto me insultaba por estar haciendo un deporte. Hoy sé del machismo, de las diferencias y veo todo eso de otra manera", recordó Barroso en diálogo con Infobae.

La defensora nació en Tandil (Facebook: @lasfotosdelaseleccion)
La defensora nació en Tandil (Facebook: @lasfotosdelaseleccion)

Durante la adolescencia, la tandilense también desarrolló su amor por el básquet. Tal era la pasión que sentía por ese deporte que, incluso, llegó a poner en suspenso el fútbol por un tiempo. Por ese entonces, entrenaba en la semana con los varones en su ciudad y los fines de semana viajaba para jugar partidos con Quilmes de Mar del Plata. Tenía un futuro promisorio como base en el deporte de la pelota naranja, pero una llamada telefónica torció su destino.

"Un sábado a la mañana estaba hablando con mis papás en mi casa. Les planteé mi duda, les dije que no sabía qué hacer, qué camino seguir en el deporte. En ese momento sonó el teléfono y era de la Selección de fútbol. Me habían visto en los Juegos Bonaerenses y me querían convocar. Fue una señal que decía 'para este lado tenés que ir'. Esa llamada me aclaró todo el panorama", contó.

Agustina no volvió a jugar al básquet nunca más. Cuando ve un aro y una pelota, despunta el vicio de hacer algunos tiros. "Si hoy me dieran a elegir de nuevo, me inclinaría por el básquet porque me encanta -reveló- Mi papá es profesor y mi hermano juega. Lo voy a ver y me enojo en la cancha. En mi casa se respira ese deporte".

Tras aquel llamado decisivo, la tandilense comenzó sus prácticas con la Selección juvenil. Allí conoció a Carlos Borrello, actual entrenador de la Mayor. Él fue el "culpable" de su transformación de mediocampista a defensora. De chica, alguien le había dicho que, si entraba a "la cueva" (como se suele llamar a la zaga central de la defensa), no iba a salir nunca más. Y así fue. "En Tandil estaba para ponerme 'la 10', pero llegué acá y había mil chicas mejores que yo. No me molestó cambiar de puesto, fue un desafío aprender", aseveró quien hoy es una número 2 sólida, que se caracteriza por su buena ubicación, el timing para los anticipos y la salida elegante desde el fondo.

Tras un paso por las juveniles, Barroso llegó a la selección mayor en 2011 (Facebook: @lasfotosdelaseleccion)
Tras un paso por las juveniles, Barroso llegó a la selección mayor en 2011 (Facebook: @lasfotosdelaseleccion)

Durante el último año de secundaria, surgió un nuevo desafío grande en la carrera de la jugadora. A partir de su amistad con la arquera Laurina Oliveros, tuvo la chance de probarse en la UAI Urquiza. Dejó su Tandil natal, hizo una evaluación de una semana y, finalmente, quedó en el equipo de Villa Lynch. Sus padres le pusieron una única condición: podía jugar en "El Furgón" los fines de semana siempre y cuando cumpliera con sus compromisos escolares y terminara sus estudios en su ciudad.

Fue así como, durante todo un año, Agustina se iba de Tandil los viernes, hacía un solo entrenamiento con su equipo y jugaba el partido. El domingo a la noche regresaba hacia su ciudad: viajaba toda la madrugada y a las 6.30 ya entraba al colegio. "Fue mucho sacrificio. Si hoy me pongo a pensar, no lo haría, pero a los 18 años tenés una energía distinta", asegura.

En Argentina, prácticamente no hay clubes que tengan divisiones inferiores femeninas. Es por eso que las jugadoras llegan a la Primera División con falencias técnicas y físicas que deben salvar con el correr de los partidos. Barroso notó enseguida cuál era su déficit: era defensora y saltaba muy bien, pero no sabía cabecear. En su club de Tandil había practicado con una pelota atada de una cuerda que colgaba de un aro de básquet, pero el balón en movimiento suponía una dificultad mucho mayor. Se lo comentó a su técnico de ese momento, Mario Giménez, quien la hizo quedarse después de un entrenamiento y le pateó 50 veces de cada lado de la cancha hasta que perfeccionó su técnica.

"Me fui descompuesta ese día", rememoró la futbolista, y reflexionó: "Lo que no hacés cuando sos chica, lo tenés que aprender de grande. Hoy en Argentina la coordinación o la parte física se van adquiriendo a medida que vas compitiendo. En la Selección Sub 17 o Sub 20 nos pasaba eso: nosotras no teníamos etapa formativa y veíamos que los otros equipos estaban formados de otra manera. En el fútbol es como en la escuela: de grado en grado vas aprendiendo. Cuando yo recién estaba aprendiendo ciertas cosas, las chicas de Colombia, Brasil o Chile ya las tenían incorporadas".

En Argentina jugó y fue campeona con la UAI Urquiza (Foto: Ignacio Amestoy)
En Argentina jugó y fue campeona con la UAI Urquiza (Foto: Ignacio Amestoy)

Agustina, que es hincha de San Lorenzo, jugó casi seis temporadas en la UAI Urquiza. Fue campeona y participó de Copa Libertadores con el equipo más exitoso del fútbol femenino argentino. En paralelo, se puso a estudiar kinesiología. Con intermitencias por los viajes que le demandaba el deporte, llegó a cursar cinco años. Hoy le falta un año y medio de carrera y su idea es terminarla para poder ejercer en el futuro.

Su gran desempeño en "El Furgón" le permitió dar el salto al exterior. El técnico de Ferroviaria de Brasil la había visto jugar en la Copa Libertadores 2015 y le hizo llegar una propuesta para sumarse al equipo. Barroso hizo las valijas y se asentó en Araraquara, una ciudad ubicada a 300 kilómetros de San Pablo. Fue el primer escalón para, luego, recalar en el fútbol europeo: durante 2016 jugó seis meses en el Flyde Ladies de Inglaterra.

Pero el clima y la dinámica de aquella ciudad cercana a Manchester era gris, y la futbolista argentina decidió regresar a Brasil, país que considera su segunda casa y en el que se maneja como pez el agua con su fluido portugués. Pasó por Audax (con el que se consagró campeona de la Copa Libertadores en 2017), Corinthians y, nuevamente, Ferroviaria. En 2018 volvió al Viejo Continente, aunque esta vez el destino fue la Primera División de España. Allí estuvo una temporada en el Madrid CFF, club en el que ya no continuará.

Cuando se le pregunta por las diferencias entre las Ligas en las que ha jugado, Barroso no duda: "La Argentina es más de la lucha y de ir para adelante, eso es lo que nos caracteriza afuera: donde otras meten la pierna, nosotras metemos la cabeza. Brasil es más del 'jogo bonito', más impredecible: en un mano a mano, tal vez te salen con una bicicleta y tenés que estar más atenta. En cambio, el fútbol inglés es más rápido, más físico y más bruto, ahí no se simulan faltas. El fútbol español también es rápido, pero más estructurado. Son todos juegos distintos y hay que adaptarse. Esos son los desafíos que me gustan".

La futbolista se prepara junto a sus compañeras en el predio de Ezeiza (AFA)
La futbolista se prepara junto a sus compañeras en el predio de Ezeiza (AFA)

En España -país en el que le gustaría quedarse algunas temporadas más-la defensora argentina vive por y para el fútbol. A los entrenamientos con su equipo, suma clases particulares de tecnificación con el objetivo de mejorar el desempeño con su pierna izquierda y el cabezazo. Además, va al gimnasio por su cuenta para conservar su forma física.

"'Pota' (Belén Potassa, su compañera en la Selección) dice que soy una obsesiva del entrenamiento. Yo no diría obsesión, pero sí disciplina, porque sé que tengo muchas cosas por mejorar. Quiero dedicarle el 100% a esto y hacerlo de la mejor manera porque tuve situaciones en las que me expuse mucho como cuando en un partido del Mundial Sub 20 me expulsaron a los seis minutos o el gol en contra ante Chile en la última Copa América. Son cosas que no quiero que me vuelvan a pasar", reconoció.

Barroso es parte de una revolución. Está en la Mayor desde el 2011 (36 partidos oficiales) y es una de las integrantes de una generación que logró superar años de invisibilización y de olvido para disfrutar en la actualidad de un momento prometedor para el fútbol femenino nacional. Entre 2015 y 2017 la selección argentina no tuvo entrenador ni competencias, algo que generó una profunda sensación de incertidumbre entre las jugadoras. Al volver al trabajo, fueron ellas las que decidieron ir al paro para exigir el pago de los viáticos y mejoras en las condiciones de trabajo a la AFA. A principios de 2018, en la Copa América, todo el equipo se unió en una protesta pública para reiterar sus reclamos. Esas acciones fueron las que generaron un cambio que allanó el camino hacia la clasificación al Mundial.

"Me da mucha pena que haya pasado todo eso, pero no podemos volver el tiempo atrás y tenemos que mirar el ahora. Si se hubiese trabajado esos dos años, hoy la Selección estaría de otra manera: tendría mucho más roce internacional y físicamente llegaríamos de otro modo. Los cambios se dieron porque son muchas las que vienen luchando hace muchos años. El paro y lo de la Copa América fueron acciones que ayudaron, hubo otra mirada, muchas más mujeres apoyaron al fútbol y por eso esto es de todas. No fue bueno lo del 'Topo Gigio' (el gesto de llevarse la mano a la oreja para ser escuchadas) porque expuso a la AFA, pero necesitábamos un cambio. Hoy lo tenemos y estamos agradecidas", reflexionó y, por sobre todas las cosas, destacó la unión del grupo que hoy conforma el elenco nacional. "Somos guerreras, tiramos todas para el mismo lado", sostuvo

Agustina lleva 36 partidos oficiales con la camiseta celeste y blanca (AFA)
Agustina lleva 36 partidos oficiales con la camiseta celeste y blanca (AFA)

Aunque lamenta las carencias y los obstáculos que han tenido que atravesar para lograr el reconocimiento, la tandilense celebró que su lucha haya servido no solo para lograr el boleto a Francia 2019, sino también para alcanzar objetivos aún más grandes y valiosos para el fútbol femenino: "Con las chicas de la Selección pensábamos que fue una pena no haber clasificado directamente en la Copa América, pero después nos pusimos a pensar que a partir del repechaje se dio una mayor convocatoria en la gente y fue un boom".

"Es impresionante la cantidad de escuelas que se empezaron a abrir y la cantidad de chicas que empezaron a jugar al fútbol. Todas estas cosas pasaron en solo dos años, nunca vi un crecimiento tan grande como este", festejó la madrina del Club Independiente de Tandil, institución en la que le comentaron que la cantidad de nenas que hoy se inscriben en las escuelas de fútbol ya se equipara a las que hay en hockey. "Me hace feliz que los padres les permitan a las hijas hacer lo que les gusta", agregó.

Por estos días, Barroso concentra en Ezeiza junto al plantel de Argentina de cara al gran desafío mundialista. Sabe que la cita de Francia le llega "en un momento de equilibrio personal", aunque también cree que es una oportunidad inmejorable para dar un salto de calidad. Al haber cerrado su ciclo en el Madrid CFF, ella y su representante, Luis Loredo, están abiertos a propuestas de nuevos clubes de Europa. "Es el momento de arriesgarme", señaló con firmeza, y añadió: "Si bien el Mundial es una oportunidad para mostrarte, también es un arma de doble filo: si te va mal, es peligroso. Pero me mentalizo para que nos vaya bien y estoy tranquila".

Argentina compartirá el Grupo D junto a dos potencias como Japón e Inglaterra, y a la debutante Escocia, que ha obtenido buenos resultados en los amistosos de preparación. La defensora hizo su propio análisis de lo que le espera al conjunto que dirige Borrello: "Tenemos que tener los pies sobre la tierra, concentrarnos, dedicarnos a cada partido, estudiar bien a los rivales y no especular con los resultados. Somos conscientes de que va a ser difícil, pero no imposible. Todas tenemos fe en que podemos hacer un gran Mundial y ojalá podamos pasar la fase de grupos. Podemos dar el batacazo".

El festejo de Barroso tras la victoria por 4-0 ante Panamá en la cancha de Arsenal en el partido de ida del repechaje que clasificó a la Argentina al Mundial (Nicolás Aboaf)
El festejo de Barroso tras la victoria por 4-0 ante Panamá en la cancha de Arsenal en el partido de ida del repechaje que clasificó a la Argentina al Mundial (Nicolás Aboaf)

Los sueños están para cumplirse y Agustina lo sabe que mejor que nadie. Hace muy poco tiempo tuvo la chance de alcanzar uno de los suyos: conocer a Lionel Messi. Lo hizo en marzo de este año, cuando la Selección masculina disputó un amistoso ante Venezuela en el estadio Wanda Metropolitano de Madrid. La defensora, que calificó a ese momento como "un encuentro muy especial", se llevó también un regalo muy preciado de parte de "La Pulga": la camiseta que usó en ese partido. "Es un recuerdo lindo, seguro la voy a encuadrar", comentó.

Con 26 años recién cumplidos, el plan de Barroso es seguir algunas temporadas más en el fútbol europeo. Sin embargo, la reciente profesionalización de la liga femenina en Argentina abre las puertas a un regreso en el futuro. "Es un mínimo y un gran paso a la vez", opinó sobre el anuncio de la AFA. En ese marco, la tandilense no se olvidó de la lucha de Macarena Sánchez, quien fue su compañera en la UAI Urquiza. "Su actuación fue increíble, se la jugó", reconoció.

Todavía tiene muchos objetivos como futbolista (uno de ellos es jugar un Juego Olímpico con la Selección), pero Agustina también piensa en lo que vendrá. Sabe que después del retiro le gustaría seguir ligada al mundo del fútbol y ocupar alguno de esos espacios que las mujeres aún no han podido conquistar. Su idea es poder cumplir algún rol dentro de un plantel, tal vez como kinesióloga o como ayudante de campo. También tiene otra ilusión que pocos conocen: abrir su propio restaurante para poder compartir con otros su pasión por la cocina.

En el futuro, sueña con terminar la carrera de kinesiología y con abrir su propio restaurante (Foto: Ignacio Amestoy)
En el futuro, sueña con terminar la carrera de kinesiología y con abrir su propio restaurante (Foto: Ignacio Amestoy)

Hace poco, una tarde en Tandil, la jugadora le mostró a su mamá una noticia que había visto en los medios. El artículo daba cuenta de una nena a la que no la dejaban jugar con los varones en su liga local y que le había pedido a sus padres que le cortaran el pelo, pensando que así la dejarían hacerlo. La similitud con su propia historia impactó a la defensora de la Selección. "Mi consejo es que no deje de ser ella porque hay alguien que le dice que no puede. Si lo quiere hacer por gusto sí, pero que no lo haga porque alguien le prohíbe jugar al fútbol", recomendó, sorprendida de que este tipo de cosas sigan ocurriendo en la actualidad.

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