En esas paredes están los retratos de los que desarrollaron su talento en la cancha de tierra, bajo el cobijo de los profesores y los directivos del humilde club Malvinas, que compite en la Liga de La Plata. Se lo ve, por ejemplo, a Pablo Lugüercio, a Luciano Aued, o a Sebastián Dubarbier, destacados futbolistas que llegaron a Primera. Y al ídolo de la casa, Marcos Rojo, además benefactor de la institución nacida en 1986.
El defensor, de 28 años, que luego de criarse en Malvinas dio el salto a Estudiantes de La Plata, fue el héroe de la clasificación de Argentina a octavos de final del Mundial, anotando el gol de la victoria 2-1 ante Nigeria. Y en el club están inflamados de orgullo por el hijo dilecto, que cada vez que vuelve al país pasa por la institución y que hasta llegó a pedir que lo fichen para jugar cuando en Manchester United está de vacaciones.
Quique, uno de sus primeros entrenadores, y José Pino Pietrosimone abrieron las puertas del club y le contaron sus sensaciones a la señal TN luego de la hazaña de Marquitos, tal como lo apodaban cuando era un jovencito inquieto al que "no le gustaba perder a nada". El tema es que, inocentemente, terminaron revelando de qué club era hincha el impensado goleador cuando era un niño de siete años.
"La pierna derecha la usa para pararse, por eso digo que no fue la mano de Dios; fue el pie de Dios", describió Quique la acción en la que remató con su pierna menos hábil el centro de Gabriel Mercado y depositó a la Selección en el duelo contra Francia del sábado a las 11.

Allí, en el centro del área de Malvinas, donde impactó Rojo la pelota contra los africanos, Quique desempolvó varios recortes periodísticos y fotos de la época en la que el zaguero se formó. Y, en uno de ellos, surgieron los datos desconocidos.
Primer detalle que emana de la publicación que mostró el DT, que data de 1997: Marcos es su segundo nombre. En realidad se llama Fausto Marcos Alberto Rojo.
Y lo desconocido: Rojo se define en la nota como hincha de… River. Y su ídolo era Enzo Francescoli. "Nos va a matar con esto, pero es de cuando era chico", suavizó el descuido Quique, entre risas.
Más allá del gag, tanto el director técnico como el presidente resaltaron el lado menos público de Marcos. "Desde que él ayuda, no nos falta nada", subrayó Pietrosimone. Más allá de sus pasiones en el fútbol profesional, su cercanía a River de niño, su identificación con Estudiantes de grande, quedó claro que, por sobre todas las cosas, Rojo es muy hincha de Malvinas.
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