
(Especial desde Moscú) Todos los manuales de historia aseguran que la KGB se disolvió el 3 de diciembre de 1991. Pero acá, en Moscú, en el Centro de Cooperación Policial Internacional creado especialmente para la Copa del Mundo Rusia 2018, da la impresión de que ese mítico ente sigue funcionando como si estuviéramos en el apogeo de la guerra fría.
Será porque este Centro está ubicado en las afueras de Moscú, en medio del campo y dentro del amplio predio del Servicio Nacional de Inteligencia, que responde al Servicio Federal de Seguridad del cual Vladimir Putin fue su director en 1998.
No se permite sacar fotografías que no sean las oficiales, no se puede caminar por otra zona que no sea la delimitada y hay guardias fuertemente armados cada 30 metros.

Esto es Rusia, esta es la Copa del Mundo y es, según el ministro del Interior ruso, Vladimir Kolokotsev, el Mundial "más seguro de la historia".
La frase la soltó mientras recibía a todas las delegaciones policiales de los 32 países participantes, incluida Argentina, que estuvo representada por Tomás Simón Padros, funcionario del Ministerio de Seguridad de la Nación, más la delegación de 5 efectivos que vinieron a controlar básicamente a los barrabravas que quieran ingresar en los estadios.

La afirmación de Kolokotsev, quien estuvo acompañado por el jefe de Seguridad del torneo, Alexei Lavrischev, tuvo una demostración empírica: se mostró cómo las cámaras de seguridad ubicadas en el subte moscovita envían en tiempo real las imágenes de todos los pasajeros a un súper software de reconocimiento facial que en 30 segundos, según las autoridades rusas, puede identificar si esa persona está en la base de datos de ciudadanos indeseables, como hooligans o, preferentemente, presuntos terroristas, que es el verdadero temor que recorre por estas horas todo el país.
El sistema detecta 20 caras por segundo y la base de información rusa tiene 50.000 fotos cargadas con nombres, prontuarios y pasaportes.
El sistema fue desarrollado después de los dos atentados que la guerrilla chechena y el Estado Islámico realizaron en San Petesburgo el año pasado (el más cruento, en el subte, dejó 16 muertos y decenas de heridos) y se puso en marcha en abril de este año. En mayo, según afirman los rusos, detuvieron a 42 personas gracias a este dispositivo.
Para reforzar la seguridad, además de los 100.000 policías en las calles, el presidente Putin dio permiso para actuar a las fuerzas armadas, que se las ve patrullando todos los lugares más turísticos, como la Plaza Roja o la Catedral de San Basilio.
Allí, como en todos los hoteles importantes, estadios y lugares de reunión masiva, hay máquinas detectoras de metales y reglas estrictas de seguridad.
Y lo que hay, aunque pocos los ven, es una cantidad sideral de efectivos de civil mezclados entre la gente controlando todo.

"Donde ves tres policías uniformados, alrededor hay el doble de efectivos civiles, es impresionante", le dicen a Infobae los miembros de la delegación de seguridad argentina, que tuvieron hoy su primera reunión con sus pares rusos. "Igual la información que nos dan es a cuentagotas. Ellos quieren tener todo bajo control y te aportan sólo lo indispensable y lo que refiere a tu país", agregan.
La mecánica de trabajo es simple. Todos los días a las 10 de la mañana los encargados de la seguridad del Mundial citan a los representantes de los equipos participantes a una reunión que dura tres horas. Allí se les da el instructivo de cada jornada que es diferente si toca o no un partido.
En el caso de Argentina, tres policías deben estar desde 48 horas antes en la sede donde juega la Selección, monitoreando las caras de los hinchas que se les envían a su dispositivo móvil.

También esas imágenes se envían a 2 computadoras donde están los restantes policías, que allí tienen cargada además su propia base de datos de barrabravas. Entonces la máquina hace el reconocimiento facial y, si da positivo, se avisa a las autoridades rusas para que lo demoren, y si se comprueba que está en la lista de vetados que envió el gobierno nacional, se le quita el Fan ID, que es el documento personal y exclusivo con el que se puede ingresar a los estadios.
Se verá si es suficiente y tan efectivo para controlar a los barras argentinos. Lo que sí es cierto es que la nitidez de las imágenes asombra y las cámaras tanto fijas como móviles pueden tomar fotos a gran distancia y, después de acercarla, tener una instantánea perfecta. Instantánea que en cualquier lugar turístico, por más selfie que se trate, seguro va a salir un hombre de seguridad detrás. Porque en Rusia los policías están por todas partes. Y sí, tienen cara de pocas pulgas.
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