Daniel Werner: “El sistema de producción no puede seguir funcionando tal como lo hace”

El experto en desarrollo agropecuario argentino-israelí se refirió a la crisis de los alimentos que enfrenta la humanidad y a las distintas respuestas sustentables que ofrece la agrotecnología. Además, explicó cómo Israel se convirtió en un referente mundial en esta área y cómo logró superar sus problemas hídricos.

"El campo podría suministrar a la población mundial todo el alimento necesario y no habría 800 millones de personas desnutridas o mal nutridas", señala Werner. Foto: Fernando Calzada.
"El campo podría suministrar a la población mundial todo el alimento necesario y no habría 800 millones de personas desnutridas o mal nutridas", señala Werner. Foto: Fernando Calzada.

Uno de los desafíos más importantes para la humanidad en la actualidad es el problema de los alimentos. Según las estimaciones más difundidas, dentro de 20 o 30 años, la demanda de alimentos motivada por el crecimiento de la población no se va a poder satisfacer con el agregado de tierras agrícolas. “Suponiendo que se mantengan los valores de hoy en día, la población en 2050 será de 9000 millones de personas y el total de tierras que habría que sumar para producir alimentos equivale a la superficie actual de Noruega”, señala Daniel Werner, ingeniero agrónomo argentino de amplísima experiencia en el sector privado y público. “Seguir agregando tierras –plantea– no es ecológicamente sustentable, porque eso significa menos bosques, que son necesarios para mantener los sistemas ecológicos y mitigar los efectos del cambio climático”.

Werner está radicado desde hace casi 40 años en Israel y hoy se desempeña como jefe del Departamento de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional del Ministerio de Agricultura de ese país. Desde allí, promueve las tecnologías de punta que este pequeño, pero próspero país de Medio Oriente, tiene para ofrecer en materia de agroganadería. Según explica este especialista, pretender tener un diagnóstico claro y abarcador del sector agropecuario a nivel mundial es, por lo menos, difícil, y las soluciones para los problemas deben ser abordadas caso por caso. “Las diferencias son tan inmensas que no se puede comparar, por ejemplo, a un país de África como Chad, donde el 75% de la población vive de la agricultura, con Israel, que teóricamente es líder en tecnologías agropecuarias y donde menos del 2% vive de la agricultura”, explica Werner. Esto significa que algunos países van a tener en la agricultura una posibilidad más de ingresos y habrá otros para los que esa actividad será absolutamente fundamental para su subsistencia. En ese sentido, completa el especialista, “la agricultura tiene un valor estratégico”.

A pesar de esa “amplitud” de casos, Werner destaca como posible solución al problema planteado el modelo de “sustentabilidad intensiva”, una práctica que lleva adelante Israel, un país en el que, por sus características geográficas y sociales, es muy fácil y rápido testear este tipo de acciones y llegar a conclusiones. La gran pregunta es si ese tipo de desarrollos es traspolable a otras partes del mundo. En diálogo con DEF, este experto aborda esta y otras cuestiones de gran impacto en todo el planeta, como la migración rural hacia las ciudades, la tecnificación del agro y las posibles alternativas a una urbanización desordenada y no planificada, fenómeno que golpea a las urbes de los países menos desarrollados y afecta, particularmente, a jóvenes de los estratos sociales más bajos que huyen del campo en busca de mejores oportunidades.

INSEGURIDAD ALIMENTARIA y “SUSTENTABILIDAD INTENSIVA”

-Si analizamos la relación entre alimentos y población, ¿el problema es la falta de alimentos o es, más bien, un tema de mala distribución, falta de acceso e inseguridad alimentaria?

-Si hiciéramos un cálculo frío, el campo podría suministrar a la población mundial todo el alimento necesario y no habría 800 millones de personas desnutridas o malnutridas. Desgraciadamente, hay personas que viven en la abundancia y gente que tiene ingresos por menos de un dólar diario y se encuentra en situación de inseguridad alimentaria. De acuerdo con los objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, en 2030 se debería alcanzar el objetivo de “hambre cero”. Nos quedan diez años por delante, y la pandemia complicó todo, porque volvieron a aumentar la pobreza y los problemas para el acceso a los alimentos. La problemática se podría solucionar, en muchos casos, a través de la tecnología; es lo que se conoce como “agricultura de precisión”. Hoy en día, en África y algunos países del Sudeste asiático, el 40 o el 50% de la cosecha se pierde en el transporte desde el campo hacia la ciudad. La poscosecha es una rama de la agricultura en la que se establece, muy claramente, qué hay que hacer para mantener los alimentos de manera tal que lleguen frescos al mercado o al almacén. Entonces, el gobierno tiene que invertir en infraestructura, pero, principalmente, debe educar al productor. Las tecnologías, como los sistemas de refrigeración, pueden estar cooperativizadas. Las soluciones no necesariamente exigen altas inversiones de cada pequeño productor, sino que tienen que tener una visión holística, general. No falta alimento, pero lo que hay que hacer es educar a los productores para que el alimento no se desperdicie en el camino.

Es necesario buscar formas de producción que generen un mejor rendimiento sin dañar el ambiente y que sean sustentables económicamente. La ecuación debe partir de cuánta energía utiliza y cuánto aporta el alimento en términos nutricionales ,en función de la inversión. Foto: Fernando Calzada.
Es necesario buscar formas de producción que generen un mejor rendimiento sin dañar el ambiente y que sean sustentables económicamente. La ecuación debe partir de cuánta energía utiliza y cuánto aporta el alimento en términos nutricionales ,en función de la inversión. Foto: Fernando Calzada.

-¿Cómo definiría el concepto de “sustentabilidad intensiva”?

-Debemos partir de la base que el sistema de producción no puede seguir funcionando tal como lo hace actualmente porque no tiene sustentabilidad ambiental. Un ejemplo en el sector de la lechería sería el siguiente: supongamos que tenemos una vaca que produce 3000 litros por lactancia y otra que produce 12.000 litros por lactancia. La pregunta es: ¿qué le conviene al productor? ¿Tener cuatro vacas que producen 3000 litros o una que produce 12.000? Tenemos que analizar la cantidad de energía que consume cada animal por litro de leche producido y la contaminación ambiental que genera. A eso apunta la sustentabilidad intensiva. Es necesario buscar formas de producción que generen un mejor rendimiento sin dañar el ambiente y que sean sustentables económicamente. La ecuación debe partir de la base de cuánta energía utiliza y cuánto aporta el alimento en términos nutricionales, en función de la inversión. Ese es el concepto básico, que va de la mano con una reducción de la huella de carbono, el uso de fertilizantes que no dañen las capas subterráneas del suelo, el uso eficiente del agua y el reciclaje del agua.

LA GESTIÓN DEL AGUA

-¿Usted diría que el uso del agua es una cuestión central?

-El agua es, a mi criterio, la cuestión más importante. Hay que considerar la dimensión del tema. Un problema puntual es una sequía, que se da en un momento dado, termina y no se repite al año siguiente. En cambio, el asunto se vuelve estructural si un país está continuamente viviendo en un sistema de estrés hídrico y de sequía. Tenemos el ejemplo de dos países: Qatar e Israel. Ambos viven en sistemas de extrema condición de sequía. Sin embargo, mientras Qatar construye plantas desalinizadoras y no repara en el precio de cada litro de agua producido ni de su sustentabilidad; lo que hizo Israel fue encontrar una gama de soluciones a través de su historia. Cuando tenía pocos habitantes, lo que hizo fue transportar agua de lugares donde había hacia aquellos en los que había escasez. Cuando eso ya no fue suficiente, se aplicaron sistemas de riego por goteo. Y, cuando eso tampoco fue suficiente, se empezó a reciclar el agua; y cuando eso tampoco fue suficiente, se construyeron plantas desalinizadoras para asegurar, sobre todo, el agua para la población, no para la agricultura. Entonces, hay una serie de respuestas que dan soluciones estructurales a problemas estructurales. No se deben brindar soluciones puntuales a problemas estructurales. Hacia allí va la agricultura, porque al haber menos agua y menos tierras, vamos a tener que ahorrar esos recursos y buscar sistemas inteligentes que tienen que ver con el riesgo de precisión. Cada centímetro de tierra tiene que ser utilizado para exactamente lo que se necesita, de manera de poder aprovechar los recursos que son escasos de la manera más eficiente.

"Israel es un país que vive en una extrema condición de sequía. Lo que hizo fue encontrar una gama de soluciones a través de la historia. Primero, el traslado de agua, después el riego por goteo, luego empezó a reciclar agua, y construyó plantas desalinizadoras. Entonces hay una serie de respuestas que dan soluciones estructurales a problemas estructurales", dice el especialista. Foto: Fernando Calzada.
"Israel es un país que vive en una extrema condición de sequía. Lo que hizo fue encontrar una gama de soluciones a través de la historia. Primero, el traslado de agua, después el riego por goteo, luego empezó a reciclar agua, y construyó plantas desalinizadoras. Entonces hay una serie de respuestas que dan soluciones estructurales a problemas estructurales", dice el especialista. Foto: Fernando Calzada.

-¿Esa tecnología requiere el uso de híbridos y transgénicos?

-No necesariamente. Se usan, por supuesto, sistemas de mejoramiento genético. En Israel el mejoramiento genético está presente en animales y también en especies vegetales para la mayor resistencia al calor, al estrés hídrico o a enfermedades. Lo que estamos haciendo actualmente es presentar a Israel como una especie de hub de agricultura al borde del desierto y de agricultura del desierto. Eso es lo que estamos planteando desde el Ministerio de Agricultura, aprovechando la pandemia que nos da tiempo a pensar en distintas posibilidades. En ese sentido, sin lugar a dudas, Israel es un centro que tiene mucho por ofrecer, en términos de experiencia, a quien quiera hacer agricultura en el borde del desierto o en el desierto. Israel tiene tecnología, pero tiene que probarla, porque aquí las distancias son pequeñas. Yo les planteé a un grupo de colegas argentinos que fortalezcamos y generemos programas de trabajo conjuntos. Podríamos usar las agrotecnologías que desarrolla Israel y llevarlas a las inmensas áreas de la Argentina para validarlas. Sería una forma de cooperación interesante, que puede redundar en una win-win situation, es decir, situación en la que todos ganamos.

UN ECOSISTEMA INNOVADOR

-¿Se podría decir que las experiencias de Israel trascienden la agricultura al borde del desierto o en el desierto?

-Es una buena observación. Hay que considerar la población en Israel: somos nueve millones de habitantes en una superficie similar a la de Tucumán, apenas un puntito en el mundo. Aquí el peso específico de las agrotecnologías es mayor que lo que debería ser por la cantidad de población. La solución es bien clara. Analicemos cómo se desarrolló la agrotecnología y por qué existe aquí un ecosistema que está produciendo tecnología todo el tiempo. En Israel, por ejemplo, el servicio militar es obligatorio y dura tres años. Cuando los jóvenes terminan la secundaria, ingresan al Ejército para hacer el servicio militar; mientras, en otros países, a los 18 años están haciendo un test vocacional para decidir qué estudiar. A muchos de estos muchachos se los coloca en lugares donde se desarrollan sistemas de defensa y otras tecnologías. Entonces, en realidad, el Ejército israelí cuenta con toda la gama de cerebros que se van capacitando en cada generación, pues reciben una formación que va más allá de la cuestión militar.

Para Werner, "Israel es un centro que tiene mucho que ofrecer en términos de experiencia a quienes quieran hacer agricultura en el borde del desierto o en el desierto". Foto: Fernando Calzada.
Para Werner, "Israel es un centro que tiene mucho que ofrecer en términos de experiencia a quienes quieran hacer agricultura en el borde del desierto o en el desierto". Foto: Fernando Calzada.

-¿Cómo les cambia la mentalidad esa experiencia de servicio en las Fuerzas Armadas y de qué manera impacta en los adelantos tecnológicos destinados a la agricultura?

-Tiene que ver, más que nada, con la forma de pensar y entender, por ejemplo, que el fracaso no debe entenderse como una frustración, sino que es un paso en el proceso de aprendizaje. Fracasar es un paso que te permite avanzar hacia tu objetivo. Esa mentalidad lleva al israelí a buscar continuamente soluciones. Entonces, se desarrollan avances muy importantes a nivel de cibernética, de defensa y de necesidades médicas. Todas esas soluciones, en algún momento, se trasladan a otros ámbitos. Se basa en algoritmos, que se adaptan a otras necesidades, que son también las de la agricultura. Un ejemplo son los sistemas drones. El dron no es un invento israelí. Lo inteligente de eso es el programa en el que están insertos estos desarrollos. Entonces, ¿qué hacen los drones? Hay un montón de empresas israelíes que pueden fotografiar e interpretar, por diferentes algoritmos, el significado de una fotografía. Ese algoritmo puede ser utilizado para interpretar a la población, para detectar las armas que tienen o para saber si el trigo en esta fila del sembradío está mejor que el trigo de la otra fila. Es una cuestión de acomodar los algoritmos a las necesidades. Entonces, en realidad, se desarrolla continuamente algo en donde la agricultura es, en realidad, algo marginal.

MIGRACIÓN RURAL

-Si abordamos el tema de la migración rural hacia las ciudades, ¿cuál es la tendencia y qué consecuencias tiene?

-El de migración rural es un tema muy interesante, que va mucho más allá de lo que nosotros, como población urbana, entendemos. La migración rural es un fenómeno que se genera, sobre todo, en el marco de lo que llamamos “agricultura familiar”, que afecta a familias de bajos ingresos. La baja eficiencia de los productores pequeños, que no llegan a la sustentabilidad económica, obliga a miembros de esas familias a migrar a las ciudades. Desgraciadamente, más allá de su buena voluntad, muchos de ellos migraron porque no tuvieron educación ni oportunidades. Entonces, se emplean en trabajos de baja remuneración, viven en los cinturones de las ciudades y tienen acceso a comida de baja calidad por una cuestión de precios. Quienes migran son los jóvenes y en las zonas rurales queda gente de avanzada edad, a la que es más difícil educar y que no está dispuesta a introducir tecnología a sus producciones. A su vez, el adulto que se quedó en el campo cuenta con poca tierra para producir porque parte de esa tierra también ha sido urbanizada. A mediados de la primera década del siglo, por primera vez en la historia, la población urbana superó a la rural. Lo más interesante de todo esto es que, hoy en día, las ciudades ocupan solo el 3% de la superficie mundial, pero consumen el 80% de la energía y dejan el 75% de los gases de invernadero. Estas megaciudades están provocando desastres en el mundo.

La migración rural es un fenómeno que se genera en el marco de la agricultura familiar. Los que emigran son los jóvenes y lo hacen porque no tuvieron oportunidades ni educación. Entonces se emplean en trabajos de baja remuneración, viven en los cinturones de las ciudades y tienen acceso a comida de baja calidad. Foto: Fernando Calzada.
La migración rural es un fenómeno que se genera en el marco de la agricultura familiar. Los que emigran son los jóvenes y lo hacen porque no tuvieron oportunidades ni educación. Entonces se emplean en trabajos de baja remuneración, viven en los cinturones de las ciudades y tienen acceso a comida de baja calidad. Foto: Fernando Calzada.

-¿Cómo se puede solucionar este “cuello de botella”?

-Estos migrantes no vuelven al campo porque no hay infraestructura y no hay posibilidades de educación. Las jóvenes generaciones no ven un futuro para sus hijos en términos de educación y alternativas. La única manera de combatir la migración y los efectos de la urbanización es a través del apoyo al desarrollo rural. Quizás no sea políticamente correcto lo que digo, pero si una persona no puede alimentarse se tiene que rebuscar donde sea. Entonces, surge el cuentapropismo, los vendedores de chucherías, que viven al día y entran en un círculo del que no pueden salir. Hubiera sido mucho más lógico apoyar a ese joven, con educación agropecuaria y oportunidades en el campo, para que siguiera produciendo allí. Es más sustentable ambiental y económicamente. Desgraciadamente, eso no existe.

-Ahora bien, ¿la tecnificación del campo no implica menos trabajo rural?

-Es cierto que la tecnificación está fomentando la desaparición de la agricultura familiar, que a pesar de todo, sigue generando la mayor producción de alimentos. A nivel mundial, la tecnificación no es la solución porque, desgraciadamente, gran parte de la población rural todavía vive de la agricultura familiar. Yo pienso que lo más conveniente y lógico, desde el punto de vista ambiental, sería generar polos de desarrollo en las provincias y permitir que existan alternativas fuera de un cinturón de 100 km2 en el que vive el 40% de la población argentina. También aquí, en Israel, la mayor parte de la población está concentrada alrededor de Tel Aviv. En el norte y en el sur, la densidad de población es muy baja. La distribución poblacional también es un problema en Israel.

* Esta nota fue producida por un miembro del equipo de redacción de DEF.

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