El catedrático Filippo Ronconi asegura: “Los archivos digitales se deterioran más rápido que un pergamino”

El experto italiano analiza su obra ‘Los orígenes del libro’, en donde estudia en profundidad la metamorfosis de este objeto de lectura, desde la Antigüedad hasta la Edad Media

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El rollo de papiro como
El rollo de papiro como estandarte de la escritura, como este volumen encontrado en la ciudad de Teadelfia (antigua Grecia) en Fayún (Egipto), que contiene el registro de una asociación de agricultores y data de fines del siglo II d.C. (Staatliche Museen, Berlín)

Filología clásica, historia medieval, paleografía y codicología son los campos académicos que el catedrático italiano Filippo Ronconi dominó para moldear Los orígenes del libro (Ampersand) en el cual los textos no fueron tratados como entidades abstractas sino, en palabras del autor, “como objetos situados en el tiempo, el espacio y la sociedad”.

Formado en la tradición italiana y alemana en la cual enfatizó la materialidad, la estratigrafía y la arqueología del libro, mientras que en la tradición francesa (especialmente en la EHESS -L’École des Hautes Études en Sciences Sociales- de Francia, donde actualmente tiene una cátedra) lo empujó a situar estos objetos dentro de cuestiones institucionales y antropológicas más amplias. “Mi trabajo en Grecia y los Balcanes, junto a recientes intercambios con contextos académicos chinos, reforzaron aún más esta perspectiva. Cada una de estas tradiciones aborda el patrimonio escrito de modo distinto”, expresó a Infobae Cultura vía e-mail.

Entrevista con FilippFilippo Ronconi fue
Entrevista con FilippFilippo Ronconi fue elegido profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París, donde creó la cátedra "Escritura y sociedad en Bizancio" y quien escribió "Los orígenes del libro"

Este movimiento constante -entre disciplinas y culturas académicas- lo convenció de que la historia del libro manuscrito (como la historia en su conjunto) no puede escribirse desde un solo punto de vista. Por eso define a su obra como una “encrucijada”: un lugar donde se cruzan técnicas, instituciones, formas de leer y de investigar, explicitar un itinerario intelectual y cultural.

La palabra "desmaterialización“ se repite en la obra y, según Ronconi, es “uno de los mayores mitos de la era digital”. Y explayó el concepto: “Las personas medievales entendían perfectamente que los textos solo sobreviven si alguien paga por los materiales, el trabajo, el almacenamiento y la renovación”. Por ende, en el pergamino, que era un material caro, “copiar era lento y olvidar era fácil”. Y agregó: “La cultura digital no es diferente, los centros de datos consumen enormes cantidades de energía, las plataformas dependen de trabajo invisible y los formatos se vuelven obsoletos a una velocidad sin precedentes”.

La portada de "Los orígenes
La portada de "Los orígenes del libro", editado por Ampersand, en donde el autor analiza la metamorfosis de este objeto desde la Antigüedad hasta la Edad Media

En la Antigüedad y la Edad Media, los textos circulaban principalmente mediante la voz, la interpretación y la escucha colectiva. Leer era la mayoría de las veces en voz alta, incrustado en contextos sociales y rituales, e inseparable de la presencia corporal. “Este proceso se representaba mediante soportes materiales específicos como los rollos de Exultet, utilizados en ceremonias medievales”, indicó Ronconi acerca del largo pergamino iluminado e ilustrado que contiene el canto litúrgico para la vigilia pascual. Como ejemplo, rezuma experiencia sinestésica: texto, imagen, voz, movimiento y espacio arquitectónico que interactuaban.

Tablas de madera encerada con
Tablas de madera encerada con anotaciones en copto y griego (Museo Metropolitano de Arte en Nueva York)

Paradójicamente, es precisamente a través de tales objetos -altamente materiales- que la cultura medieval experimentó con una forma temprana de “desencarnación” textual. Las sociedades medievales sabían que almacenar nunca equivalía a conservar. “Un libro guardado, pero no leído ni recopiado, era ya un libro muerto. Del mismo modo los datos digitales que solo se almacenan, sin migración continua, interpretación y cuidado institucional, ya están en camino a desaparecer”, comparó Ronconi. Y citó como ejemplo a los monasterios, filtros activos de la memoria cultural: “Poseer manuscritos aumentaba el prestigio de estos sitios, demostraba ortodoxia y saber, y podía atraer donantes o mecenas. Los manuscritos se intercambiaban, donaban, heredaban o protegían cuidadosamente como parte del patrimonio monástico”, agregó.

Los “lectores medios” como factor de cambio

En la obra, el académico europeo resalta que los “lectores medios” fueron los verdaderos motores del cambio en la historia y desarrollo del libro. “Pero esto solo puede comprenderse si tomamos en serio las complejas dinámicas de lo que llamo el ecosistema del libro: producción, comercio, circulación, conservación y lectura”, aseveró.

Iluminación que representa el uso
Iluminación que representa el uso de un rollo de Exultet (Academia Medieval de América)

Según el autor, esto ocurre en dos momentos decisivos del mundo mediterráneo: durante el período helenístico, cuando el rollo sufrió importantes transformaciones, y de nuevo en el período imperial romano, cuando el códice se impuso progresivamente. “Por lectores medios me refiero a usuarios competentes que leían de forma pragmática y a veces intensiva, sin pertenecer a élites intelectuales o políticas. No les gustaban los tratados teóricos de literatura o historia: demandaban textos populares, novelas, tratados sobre recetas más o menos exóticas, manuales de gimnasia, textos humorísticos o incluso obras pornográficas, a veces ilustradas. Libros caracterizados por letras legibles, formatos portátiles, diagramación clara y herramientas de orientación como títulos, divisiones e índices”, sintetizó el autor.

Iluminación que representa a San
Iluminación que representa a San Lucas copiando su propio Evangelio de un pergamino a un códice (siglo X) (Gallica)

Con el hundimiento del Imperio Romano de Occidente, las nuevas entidades políticas que surgieron a partir del siglo V en el Occidente de habla latina supusieron con frecuencia una verdadera ruptura con las tradiciones administrativas, jurídicas y burocráticas del antiguo estado romano. “Aunque subsistieron elementos de la cultura y la alfabetización romanas, lo hicieron de manera fragmentaria y desigual, dependiendo en gran medida de condiciones locales y de la resiliencia institucional”, afirmó Ronconi. Y agregó que “los monasterios y centros episcopales asumieron un rol central, pero sin la integración entre administración, erudición y producción de libros que caracterizó a Bizancio. Esto favoreció una mayor diversidad regional, una experimentación más acusada y discontinuidades más marcadas con las tradiciones clásicas”.

Codex Sinaiticus, uno de los
Codex Sinaiticus, uno de los códices más antiguos de la Biblia (siglo IV d.C.) (Biblioteca Británica, Londres)

En el Imperio Romano de Oriente, en cambio, prevaleció la continuidad. La supervivencia de las estructuras imperiales permitió el desarrollo y el mantenimiento a largo plazo de sistemas administrativos y legales heredados de la Antigüedad. Esta continuidad tuvo profundas consecuencias socioculturales. “En Bizancio perduró una fuerte clase administrativa, estrechamente ligada tanto a la burocracia estatal como a la del patriarcado. La escritura no era accesoria a esto, sino que resultó esencial para su funcionamiento”, afirmó Ronconi.

Incluso en los períodos más difíciles y llamados “oscuros” de la historia bizantina, estos administradores mantuvieron un nivel de educación adecuado a sus necesidades profesionales. “Constituyeron un cuerpo numeroso y relativamente estable de lectores, y a menudo también de copistas y propietarios de libros. Esta demanda continua de textos escritos ayudó a sostener la producción, circulación y conservación de los libros a largo plazo”, precisó el investigador.

Relieve funerario descubierto en Neumagen
Relieve funerario descubierto en Neumagen (Treveris), dibujo de 1671, en donde se ve a un hombre extrayendo los rollos de papiro de una antigua biblioteca

Como la historia del libro estuvo imbricada en la historia de las sociedades, su evolución fue altamente compleja y, a menudo, no lineal. A veces, incluso, se asemejó al “efecto mariposa”: un cambio aparentemente menor (como una nueva diagramación de página o un nuevo tipo de letra), con el tiempo, desencadenó transformaciones en áreas sociales lejanas e inesperadas. “La cultura digital contemporánea está moldeada menos por diseñadores expertos, intelectuales reconocidos o creadores de contenido, y más por los comportamientos agregados de millones de usuarios que interactúan diariamente con plataformas de redes sociales, servicios de streaming y sistemas basados en inteligencia artificial (IA). En las plataformas de streaming, la visibilidad y supervivencia la determinan el tiempo de permanencia en la página y la repetición, no el valor canónico. En los sistemas con IA, los datos de entrenamiento son la sedimentación de usos pasados: lo que millones de usuarios han leído, visto, clickeado o descartado”, resume el académico.

El quiebre del siglo XII y la aparición del códice

Para Ronconi, el siglo XII marcó una gran ruptura estructural en la historia del libro ya que, en Europa occidental, estuvo vinculada a la transformación de la vida urbana. “El surgimiento de las universidades y una compleja constelación de cambios socioeconómicos, políticos y culturales que transformaron profundamente la producción, circulación y uso de los libros”, indicó.

Fresco que representa a un
Fresco que representa a un sacerdote de Isis leyendo un volumen (Pompeya, siglo I d. C), exhibido en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles

En cambio, en el Mediterráneo oriental, el autor se situó en la ocupación de Constantinopla por fuerzas occidentales tras la Cuarta Cruzada, en 1204. “Desencadenó la diáspora bizantina y condujo a una reconfiguración del paisaje cultural de la Europa oriental, afectando formatos de libro, escrituras y la propia tipología de los textos en circulación”.

Ronconi cree que, entre los variados actores que contribuyeron a la creación del libro como objeto a lo largo de los siglos, los copistas son -junto con los autores- de los más visibles gracias a su tendencia a hablar de sí mismos en colofones o anotaciones de diversa índole, tendencia que comparten con los iluminadores que, en ocasiones incluso, se representan a sí mismos en las miniaturas.

Autorretrato del iluminador Hugon (siglo
Autorretrato del iluminador Hugon (siglo XI) (Biblioteca Bodleiana, Oxford)

La aparición y difusión del códice representó la revolución más profunda y de mayor alcance en la historia del libro antiguo. “El papel desempeñado por el cristianismo en esta transformación fue, durante mucho tiempo, una de las cuestiones más debatidas en el campo”, sostuvo Ronconi.

En su libro, el emperador Constantino fue un eje crucial ya que, tras decidir colocar al cristianismo en la base de la refundación del Imperio Romano Oriental, ordenó la transcripción de 50 copias de la Biblia. “Fue un acto simbólico que influyó en las actitudes de la élite, en la reconfiguración de la sociedad romana en los primeros siglos y, en particular, la expansión gradual de un cuerpo de lectores medios”, agregó el autor.

Detalle de Salterio de Basilio
Detalle de Salterio de Basilio II con iluminación que representa al emperador bizantino Basilio II (finales del siglo X) (Biblioteca Marciana, Venecia)

Dicho esto, es innegable que las comunidades cristianas muy pronto -y de forma coherente- favorecieron el códice sobre el rollo, opción motivada por una combinación de razones prácticas e ideológicas. “El códice ofrecía claras ventajas: mayor capacidad, facilidad para compilar varios textos, relativa facilidad de producción en contextos domésticos o semidomésticos y mejor portabilidad”, abrevió Ronconi.

Desde los primeros siglos, los textos escritos (escritura, comentario y liturgia) tuvieron papel central en la vida religiosa. Como resultado, el libro se volvió rápidamente, no solo un vehículo de significado, sino un foco material de autoridad, memoria e identidad. “En Bizancio, esta dimensión simbólica alcanzó particular intensidad: el códice de los Evangelios podía representar a Cristo y situarse sobre altares o tronos durante los concilios. Así se reforzó el acto de copiar como práctica devocional y modeló las actitudes hacia la transmisión textual”, expresó el académico italiano.

Croquis de un rollo de
Croquis de un rollo de papiro en donde se detalla su plegado

Al mismo tiempo, las instituciones cristianas -iglesias, administraciones episcopales y monasterios- reformaron la alfabetización, el patrocinio y la producción de libros, crearon nuevos contextos estables para su circulación y aceleraron la difusión de ciertos formatos y géneros pero no eliminaron tipologías más antiguas. “Algunos fueron reelaborados y reintegrados en la práctica, caso el rotulus, que no fue abandonado entre la Antigüedad tardía y la Edad Media, sino que se usó cada vez más para usos específicos, sobre todo litúrgicos”.

— ¿Cuán importantes fueron las bibliotecas públicas y privadas en la conservación y transmisión de textos antiguos?

Cruciales, pero nunca resultaron instituciones neutrales. Desde la Antigüedad, tuvieron un papel político, cultural y simbólico decisivo, moldeando activamente lo que las sociedades recuerdan, transmiten u olvidan. En el mundo antiguo, las bibliotecas no eran solo depósitos de conocimiento; eran instrumentos de poder. Esto se hizo evidente en el período helenístico, en la competencia abierta entre el reino ptolemaico de Egipto y el reino de Pérgamo. Ambos estados invirtieron enormes recursos en la creación de bibliotecas colosales, la más famosa la Biblioteca Mouseion de Alejandría.

Grabado de la Biblioteca de
Grabado de la Biblioteca de Alejandría (Wikimedia commons)

Estas instituciones eran parte de una política deliberada de poder: coleccionar la totalidad del saber en forma de libros dentro de una biblioteca financiada y controlada por el poder real era una manera de afirmar la supremacía cultural a escala global. El conocimiento, la organización y la acumulación se convirtieron en herramientas de competencia imperial. En Roma, la aparición de bibliotecas públicas siguió una lógica política, como la financiada con fondos públicos promovida, en primer lugar, por Julio César, una figura muy consciente del poder de la comunicación y los gestos simbólicos.

"Autores como Virgilio fueron promovidos
"Autores como Virgilio fueron promovidos como encarnaciones de la nueva cultura augusta, mientras otros, como Ovidio, fueron excluidos de las colecciones", explicó Ronconi (Imagen Ilustrativa Infobae)

El proyecto se concretó totalmente con Augusto, quien fundó múltiples bibliotecas públicas y las usó como instrumentos de política cultural. Mediante inclusión y exclusión, estas bibliotecas ayudaron a definir qué era ser “romano”. Autores como Virgilio fueron promovidos como encarnaciones de la nueva cultura augusta, mientras otros, como Ovidio, fueron excluidos de las colecciones. Esto nos lleva al período medieval, donde es necesario corregir una creencia persistente: contrariamente a lo que se piensa, las bibliotecas monásticas no practicaban la censura deliberada de la literatura pagana sino que, por el contrario, muchas colecciones monásticas preservaron textos clásicos, incluso, explícitamente anticristianos.

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"En Roma, la aparición de bibliotecas públicas siguió una lógica política, como la financiada con fondos públicos promovida, en primer lugar, por Julio César", dijo el autor de la obra "Los orígenes del libro"

La desaparición de muchas obras antiguas ocurrió, no por supresión consciente, sino por pérdida de interés: un texto que no se leía, no se recopiaba; un texto que no se recopiaba, acababa por perderse. En este sentido, las bibliotecas -antiguas, medievales, públicas, privadas o monásticas- fueron agentes activos de selección cultural. En todos los períodos, moldearon la memoria cultural tanto a través del poder como mediante la atención, el descuido y la práctica cotidiana.

— ¿Cómo afectó la fragmentación política y cultural de la Alta Edad Media a la producción y circulación de libros?

— Los mercados a gran escala se debilitaron profundamente, las cadenas de suministro a larga distancia se interrumpieron y el acceso a los materiales se volvió más desigual. Como consecuencia, la producción de libros se volvió progresivamente más regional, los soportes más variables y la circulación menos predecible. Al mismo tiempo, la fragmentación generó nuevas formas de organización. Monasterios, cortes y centros episcopales surgieron como nodos clave en este paisaje reconfigurado. Estas instituciones concentraban habilidades, materiales y demanda, permitiéndoles funcionar como núcleos locales de producción, conservación y transmisión. En muchos casos, compensaron la ausencia de redes más amplias creando micro-ecosistemas relativamente estables de cultura escrita. La escritura burocrática, la copia monástica y la erudición coexistieron en el mismo ecosistema cultural.

Fresco romano de Pompeya, que
Fresco romano de Pompeya, que representa a una mujer con un estilete y un políptico de tablillas de madera (ca. 50 d.C.) (Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)

— ¿Cómo cambió la percepción del “autor” con la transición del rollo al códice?

— Los autores antiguos sabían que el rollo era un recipiente de capacidad limitada y que sus dimensiones debían permanecer manejables. Como consecuencia, las personas que pretendían producir obras largas, sabían que debían dividir el material en unidades discretas, llamadas convencionalmente libros. Esta división no era una opción literaria abstracta, sino una necesidad técnica impuesta por el formato. Esta restricción material marcó a fondo la autoría y la estructura narrativa.

Un antiguo modelo de tablilla
Un antiguo modelo de tablilla de cera

La fragmentación de las obras largas en libros produjo un ritmo segmentado, a veces percibido por el lector moderno como sincopado o irregular. Cuando leemos autores como Diodoro Sículo o Tito Livio, a menudo nos llaman la atención interrupciones, reinicios y variaciones de ritmo narrativo. Estas características no son caprichos estilísticos: son resultado directo de una condición material. El rollo no solo transmitía textos sino que estructuraba activamente cómo los autores concebían, organizaban y articulaban sus obras. Por otro lado, la introducción y difusión progresiva del códice marcó una ruptura fundamental.

Tablilla de madera encerada (siglo
Tablilla de madera encerada (siglo I d.C.) parte del díptico de un escolar, que ha copiado dos veces dos versos del poeta griego Menandro (Biblioteca Británica, Londres)

El primer elemento decisivo fue la capacidad. A diferencia del rollo, el códice podía crecer casi indefinidamente, añadirse cuadernos y hojas según fuera necesario. Esto alteró la escala en la que los textos podían concebirse, ensamblarse y conservarse. El segundo elemento, igual de crucial, era la modularidad. Como un códice se componía en general de varios cuadernos, siempre era posible insertar material nuevo: al principio, al final o incluso en el cuerpo mismo del libro. Esta transformación material tuvo profundas consecuencias para la autoría. A medida que los textos se insertaban cada vez más en compilaciones mayores, la identidad autoral se diluía. Los nombres de autor se consignaban a menudo al final de la obra y, en muchos casos, tales indicaciones se perdían con el tiempo. Esto condujo a atribuciones erróneas y a la circulación de textos anónimos.

Fresco romano de Pompeya con
Fresco romano de Pompeya con tabulae ceratae y capsa con rollos (Museo Arqueológico Nacional)

— En su investigación, ¿qué hallazgo o descubrimiento le resultó más sorprendente o cambió su perspectiva previa sobre la historia del libro?

Un análisis de varias obras bizantinas de una de las grandes figuras intelectuales del siglo IX, el patriarca Focio de Constantinopla. Al examinar los primeros manuscritos conservados de sus obras -a menudo contemporáneos al propio autor- pude reconstruir las formas concretas en que este gran erudito componía sus textos. Esta indagación me llevó a extender la investigación a otros autores y a darme cuenta de que, entre la Antigüedad tardía y el período medieval, muchos trabajos que hoy consideramos textos literarios formados no estaban en realidad completamente elaborados. A menudo consistían, en gran medida, en la transcripción o reelaboración de dossiers o archivos personales en los que los autores habían acumulado reflexiones, notas y extractos durante largos períodos. Dicha modalidad de composición parece haber estado tan extendida en la Edad Media que la propia noción de un texto destinado a la circulación era radicalmente distinta de la nuestra.

Dibujo que ilustra, en diez
Dibujo que ilustra, en diez medallones dispuestos en torno al arcángel Miguel, las etapas de la producción medieval del códice (Scriptorium del monasterio de Michelsberg, silo XII)

— ¿Qué impacto tuvieron los precios de los libros y el mercado del libro en la difusión del conocimiento en la Antigüedad y la Edad Media?

— Por entonces, los libros eran objetos intrínsecamente costosos. Los materiales de escritura -sobre todo el papiro y el pergamino- eran caros y de disponibilidad desigual, mientras que copiar exigía tiempo, habilidad y trabajo. Por tanto, el precio de un libro incorporaba no solo los materiales en bruto, sino también el trabajo humano. Esto explica la difusión de escrituras más económicas, la preferencia por diagramaciones que ahorraban espacio, la adopción gradual de soportes más baratos y, eventualmente, el éxito del códice, que ofrecía mayor capacidad y mejor relación coste-beneficio que el rollo. La aparición de públicos lectores más amplios -a quienes llamo “lectores medios”- estuvo ligada a esta dinámica. A medida que aumentó la demanda entre lectores no elitistas, pero activos económicamente, los mercados respondieron produciendo libros más prácticos, legibles y, a veces, menos lujosos. El conocimiento se difundió no fuera del mercado, sino a través de él, aunque en condiciones desiguales. Los textos largos, caros o mal adaptados simplemente no circularon y con frecuencia se perdieron.

Liber linteus Zagrebiensis, manuscrito etrusco
Liber linteus Zagrebiensis, manuscrito etrusco de lino en "acordeón" sobre los sacrificios a realizar durante el año (siglo II a.C.) (Museo Arqueológico de Zagrabia)

En la época medieval, los precios influyeron no solo en el acceso sino también en la selección. Bibliotecas, escritorios y mecenas invertían recursos priorizando los textos útiles, autorizados o adaptables a la enseñanza, la devoción o la administración. Muchas obras de la Antigüedad desaparecieron no porque fueran censuradas, sino porque su reproducción ya no se justificaba económicamente. Así, el mercado funcionó como un filtro silencioso de la memoria cultural.

— ¿Cómo se transmitían y aprendían las técnicas de fabricación de soportes y de copia de manuscritos en diferentes contextos históricos?

— En Bizancio, los manuscritos conservan abundantes huellas de este proceso: líneas de prueba, secuencias repetidas de letras, palabras o versos copiados en los márgenes o en hojas en blanco. Se observaban a escribas ensayando formas gráficas, interiorizando ductus y proporciones por repetición y no mediante reglas abstractas. Los copistas carecían de un estatus profesional claro, algunos se formaban directamente con un maestro, sobre todo en contextos monásticos, donde las fuentes hagiográficas describen explícitamente la transmisión de la technē (técnica) de maestro a discípulo. La copia parece haberse realizado en entornos dispersos: monjes individuales, profesionales privados, eruditos copiando para sí mismos o pequeñas redes informales que respondían a encargos específicos. Incluso cuando la copia era profesional, solía practicarse en régimen individual y no en grandes talleres colectivos.

Grupo funerario etrusco de Chiusi
Grupo funerario etrusco de Chiusi (urna cineraria) con representación de un liber linteus (siglo IV a.C.) (Altes Museum, Berlín)

— ¿Qué papel desempeñaron los monasterios en la preservación y producción de libros durante la Alta Edad Media?

En la Edad Media occidental surgieron gradualmente grandes órdenes monásticas, caracterizadas por reglas centralizadas, jerarquías relativamente claras y redes de casas afiliadas. En Bizancio coexistieron comunidades cenobíticas, formas eremíticas y semi-eremíticas y numerosos modelos intermedios. El monacato bizantino se mantuvo plural y, en muchos aspectos, flexibles o, en ocasiones, incluso anárquico. Esta diferencia tuvo consecuencias importantes para la cultura manuscrita. En Occidente, la coherencia institucional de las órdenes favoreció entornos de producción más organizados. La copia podía ser regulada, supervisada y concebida tanto como trabajo intelectual como ejercicio espiritual. En Bizancio, la copia era -a menudo- una actividad individual, a veces solitaria, realizada por monjes para uso propio, para un mecenas o como práctica devocional ya que los libros litúrgicos eran indispensables para el rezo. Por otro lado, los escritos bíblicos y patrísticos estructuraban la enseñanza y la predicación.

Códice Borgia (facsímil), manuscrito centroamericano
Códice Borgia (facsímil), manuscrito centroamericano en pergamino caracterizado por una estructura en "acordeón" y que contiene calendarios e indicaciones para ritos y sacrificios (Biblioteca Apostólica Vaticana)

— ¿Cree que la historia del libro manuscrito puede ofrecer modelos o advertencias para la preservación del saber en la era digital?

Esta es una de las lecciones centrales que emergen de la historia material del libro. Muchas obras clásicas desaparecieron no porque fueran censuradas, sino porque dejaron de justificar el costo de su reproducción en ecosistemas culturales y económicos cambiantes. A la inversa, los textos útiles -bíblicos, litúrgicos, jurídicos, educativos- se recopiaron una y otra vez. Los archivos digitales se deterioran más rápido que el pergamino. El hardware queda obsoleto, los formatos de software se abandonan, las plataformas desaparecen o se transforman radicalmente en pocos años. Capas enteras de cultura contemporánea ya son ilegibles o inaccesibles. Además, la ilusión del almacenamiento infinito oculta una profunda vulnerabilidad. Archivar se confunde a menudo con conservar, como antaño se confundía guardar un manuscrito con salvarlo. Hoy, la memoria digital es inestable, lo que no es monetizable, visible o relevante algorítmicamente puede desaparecer, como los textos lo hacían cuando dejaban de interesar a lectores o instituciones.

Iluminación que representa a dos
Iluminación que representa a dos monos produciendo pergamino (siglos XIV-XV) (Biblioteca Bodleiana, Oxford)

— ¿Qué consejo daría a jóvenes investigadores interesados en la historia material del libro y la cultura escrita?

Aprender las herramientas técnicas -codicología, paleografía, filología- es esencial, pero tales habilidades nunca deben aislarse de sus contextos sociales, económicos y culturales. Nuestro campo avanza a través de probabilidades cuidadosas, indicios convergentes e hipótesis controladas, más que afirmaciones absolutas. El estudio del libro manuscrito no se circunscribe a una carrera académica como profesor o investigador universitario. Es también cultivado por bibliotecarios, archivistas, conservadores y restauradores. Además, existen caminos profesionales en el sector privado -casas de subastas, comercio anticuario o instituciones culturales especializadas- donde la especialización en cultura manuscrita es valiosa y necesaria. Una sólida y exigente formación universitaria es indispensable, pero debe completarse con experiencias en bibliotecas, archivos, talleres de restauración y entornos no académicos.

"Signo delle fiche", anotación autógrafa
"Signo delle fiche", anotación autógrafa de Giovanni Bocaccio, circa 1362 (Biblioteca Ambrosiana, Milán)

— Si pudiera conversar con un artesano, copista o lector de la Antigüedad o la Edad Media, ¿qué le preguntaría?

Preguntaría si se sentían parte de una cadena cultural. Al copiar un texto, ¿pensaban en el autor como autoridad lejana, presencia viva o simplemente un nombre? ¿Se imaginaban mediadores entre pasado y futuro o simplemente trabajadores cumpliendo una tarea? Es decir, ¿percibían alguna relación -simbólica, intelectual o emocional- entre ellos mismos y el acto de autoría? Comprender qué los motivaba, cómo vivían su trabajo y cómo se posicionaban respecto a textos y autores nos acercaría al núcleo humano de la cultura del manuscrito. Los libros no son solo resultado de técnicas e instituciones, sino de vidas modeladas por la imposición, la elección, la aspiración y el significado.