
Cada tanto, las redes sociales vuelven a difundir el mito que acusa a Juan Domingo Perón de haber tenido una “novia” de catorce años, Nelly Rivas, y lo señalan como pederasta.
La viralización de esta versión encuentra eco en perfiles que, según el especialista Ignacio Cloppet, repiten una falsedad documentada como parte de una larga tradición de calumnias contra el ex presidente argentino.
Ignacio Cloppet, abogado, escritor y miembro de la Academia de la Historia y autor de libros como Perón. Mitos Y Realidades. A 50 Años o Perón íntimo- señala que esta acusación fue instalada tras el golpe militar de 1955 y resurge periódicamente, desligada de cualquier análisis serio de fuentes primarias o documentos judiciales.
Cloppet advierte que la estrategia detrás de la acusación no es nueva, sino que responde a lo que denomina una “falsificación histórica” en torno al peronismo y a la figura de Perón. El autor remarca que sectores del periodismo, la política y el debate público mantienen vigente el mito sin consultar la veracidad de los documentos que supuestamente lo avalarían.

En palabras de Cloppet, quienes impulsan esta versión en la actualidad “carecen del más elemental conocimiento de la ciencia histórica ni sustento documental alguno, y se han largado a la labor de acusar a Perón de pederasta repitiendo falsedades que ya han sido desmentidas documentalmente”.
Tras el golpe militar encabezado por Eduardo Lonardi en octubre de 1955, las nuevas autoridades iniciaron un proceso para investigar la conducta de Juan Domingo Perón.
Cuenta Ignacio Cloppet que este procedimiento dio origen al denominado Tribunal Superior de Honor del Ejército Argentino, que instruyó el expediente Nº 8353-73625 con el objetivo de juzgar la vida pública y privada del ex presidente.

El tribunal estuvo presidido por el general Carlos von der Becke e integrado por los generales Juan C. Bassi, Juan C. Sanguinetti, Víctor J. Majo y el secretario Basilio B. Pertiné.
Cloppet subraya que la composición de este tribunal reflejaba la hostilidad de los sectores militares adversos al régimen depuesto.
En ese marco, comenzó a circular profusamente la acusación de que Perón mantenía una relación amorosa inapropiada con Nelly Rivas, entonces menor de edad.
El expediente confeccionado por el Tribunal de Honor se convirtió en la fuente principal de la imputación, aunque, de acuerdo con Cloppet, “las actuaciones de dicho Tribunal Superior, las testimoniales y otros actos procesales estaban escritos por una única mano con tinta y no tenían ninguna firma que los avalara”.

La documentación oficial que sustentaba la acusación carecía así de garantías mínimas de autenticidad, hecho que sería clave en la posterior reconstrucción del caso.
Ignacio Cloppet sostiene que el expediente que sirvió de base para acusar a Juan Domingo Perón fue deliberadamente falsificado. Según su investigación, existen diferencias sustanciales entre el llamado “Expediente Oficial Falsificado” y el “Expediente Original” del Tribunal de Honor.
Los documentos manuscritos y sin firmas, difundidos por sectores antiperonistas, contienen testimonios que describen supuestas situaciones de intimidad entre Perón y Nelly Rivas. Cloppet subraya que esas versiones no solo carecen de validez legal, sino que contradicen completamente las declaraciones que figuran en el expediente original, conservado durante décadas fuera del alcance del público.

Por ejemplo, en el expediente adulterado, el testigo Calogero Romano afirma haber presenciado relaciones íntimas entre Perón y Rivas. Sin embargo, en el documento original, Romano declara explícitamente: “nunca había visto nada anormal en esa relación, que el General le dispensaba un trato de padre o padrino”.
El mismo procedimiento de falsificación se repite en los testimonios de otros empleados de la Residencia Presidencial, como Héctor Ricardo Cabrera, Héctor Coria y Nicolás Fernández. Cloppet demuestra que en todos los casos, los relatos originales no incluyen ninguna acusación de inconducta.
Juan O. Zavala, abogado de la familia Rivas y figura vinculada a la Revolución Libertadora, desempeñó un rol central en la difusión de estas versiones apócrifas. Cloppet lo identifica como un actor clave en la manipulación documental y la construcción mediática de la denuncia.

El especialista aplica la doctrina jurídica de los “frutos del árbol envenenado”, que establece la nulidad de toda prueba derivada de una fuente contaminada. En este caso, todas las imputaciones posteriores se apoyaron en documentos falsificados y, por lo tanto, carecen de legitimidad.
El examen de las declaraciones originales reunidas por el Tribunal de Honor revela que la relación entre Juan Domingo Perón y Nelly Rivas careció de cualquier rasgo amoroso o impropio, sostiene el especialista.
Ignacio Cloppet destaca que los testimonios de quienes integraban el entorno cotidiano de la Residencia Presidencial —mayordomos, valets, mozos y la propia Nelly Rivas— coinciden en la descripción de un vínculo estrictamente paternal.
En la declaración original, Calogero Romano afirma: “nunca había visto nada anormal en esa relación, que el General le dispensaba un trato de padre o padrino”.
Del mismo modo, Héctor Ricardo Cabrera y Nicolás Fernández aseguran que jamás presenciaron situaciones fuera de lugar entre Perón y la joven. Los testimonios también aclaran que Nelly Rivas dormía en un cuarto separado y que compartía la mesa junto a otros invitados y colaboradores.
La propia Nelly Rivas declaró que su contacto con Perón surgió a partir de su participación en la Unión de Estudiantes Secundarios (U.E.S.) y que, junto a otras compañeras, asistía regularmente a la Residencia con el consentimiento de sus padres. Su función principal era la de delegada para tareas relacionadas con la U.E.S., y no existe en sus palabras ningún indicio de relación sentimental.
Atilio Renzi, encargado de la Residencia, relató que Perón “le dispensaba un cariño paternal” y llegó a expresar su deseo de adoptarla formalmente por el aprecio que sentía, comparable al que tenía por sus sobrinas.
Cloppet subraya que los antecedentes personales de Perón, su conocida esterilidad y su costumbre de rodearse de sobrinos e hijos de amigos como si fueran propios, refuerzan la ausencia de cualquier motivo sexual o impropio en su trato hacia Rivas y otros jóvenes.
Las consecuencias de la acusación contra Nelly Rivas y su entorno familiar fueron devastadoras. Según Ignacio Cloppet, tras el golpe de 1955, la joven fue internada en un reformatorio por decisión de las nuevas autoridades.
Durante su estadía en ese establecimiento, Nelly Rivas sufrió humillaciones, agresiones físicas y vejaciones, llegando incluso a perder tres dientes debido a la violencia ejercida en su contra.
Al salir, la obligaron a recibir atención psiquiátrica.
Los padres de Nelly, José María Rivas y Mariana Sebastiana Viva de Rivas, también padecieron represalias: ambos fueron condenados y confinados en la cárcel de Villa Devoto.
Cloppet subraya que la utilización del caso como herramienta de persecución política fue evidente.
El testimonio posterior de Nelly Rivas indica que, en sus propias palabras, “todo lo que se dijo de ella y de Perón fue propaganda anti peronista y calumnias”.
La persistencia del mito, alimentado por copias adulteradas del expediente y la repetición acrítica de versiones apócrifas, revela la potencia de la falsificación histórica en el debate público argentino, sostienw Cloppet.
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