El Museo Whitney, una de las referencias en arte contemporáneo en Nueva York, celebra esta primavera sus diez años en su nueva sede del barrio del West Village de Manhattan con una exposición sobre los Paisajes cambiantes.
El museo ha sacado de sus fondos 120 obras de 80 artistas distintos -el 40 % de ellos latinos- para establecer un diálogo y una reflexión sobre qué significa el paisaje más allá de la imagen clásica de un entorno pintoresco asociado con la naturaleza en estado primigenio.

Esta muestra, que incluye pinturas, esculturas, proyectos de video o fotografías, estará abierta hasta febrero del año que viene.
Marcela Guerrero, una de las cocuradoras de la exposición, explica que han intentado huir de esa concepción tradicional para aportar una reflexión contemporánea: un paisaje profundamente alterado por el hombre, alejado del canon de la belleza y que a veces consiste en recuerdos porque “dice más de quién es el que está mirando”.

Así, hay varias colecciones de fotografías de lugares suburbanos -moteles, carreteras, vallas publicitarias o aparcamientos gigantes- de Robert Adams, así como del paisaje devastado que quedó en una de las islas de Hawaii como resultado de un proyecto para unir dos bases militares estadounidenses, obra en este caso de un colectivo de activistas locales.
En las siete salas en que se divide la exposición, una de ellas está dedicada a la frontera por antonomasia -la que divide a Estados Unidos y México-, mostrada como una herida abierta sobre la que los artistas plasman su visión de dos mundos enfrentados en casi todos los aspectos sin dejar de ser interdependientes.

Otra de las salas está centrada en los paisajes urbanos de Nueva York -se incluye aquí un lienzo de Basquiat y otro de Keith Haring-: esta es la sala más abigarrada con objetos de toda índole, para dar una idea de lo que es la ciudad misma, pero hay una clara división entre las obras de la década de 1980 -una ciudad viva y brillante- y la ciudad que luego fue atacada por los atentados de las Torres Gemelas y el covid, que la convirtieron en un entorno más hostil y aquejado de soledad.
Fiel a la línea del Whitney, no falta una sala sobre “el arte de la Tierra” desde “una perspectiva anticolonial y feminista y queer”.

La curadora Guerrero no rehuyó la lectura de la muestra en el momento político actual: dijo que cuando ella y sus colegas elegían las obras ya estaba “tristemente” en el aire otro “paisaje cambiante” en el gobierno del país.
En ese contexto, resaltó que el museo no va a renunciar a “su misión” de mostrar siempre lo más vanguardista del arte contemporáneo en Estados Unidos, incluyendo los conceptos de diversidad y apertura a las razas y las diferentes preferencias sexuales.
Fuente: EFE
[Video: Rodolfo Rodríguez (edición y locución)/ EFE]
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