
¿Qué guarda la noche, que puede ser mágica y aterradora? En gran cantidad de manifestaciones de la cultura, ese momento del día puede ser escenario y protagonista. Es la hora señalada para construir historias, personajes, sentimientos y sensaciones. Cuando todo es silencioso, cobra protagonismo, tal vez por ser refugio de los sueños: una materialidad única para la creación, no importa la edad del creador ni del destinatario.
Cuentos, canciones, novelas, poemas están dedicados a la noche. Con humor, de amor, de terror, fantásticas y escalofriantemente realistas, al caer el sol brilla una posibilidad de nuevos universos.
Para la selección de esta semana, se escogieron cuatro volúmenes muy diferentes entre sí, aunque todos tienen en común la noche o escenas ligadas a ella: dormir, contar ovejas, lo fantástico o el miedo.
Tres de estos ejemplares son poemas, y el cuarto es un cuento largo. Todos poseen un arte que maravilla y acompaña relatos potentes. Ternura y estremecimiento se conjugan para acompañar los últimos minutos antes de cerrar los ojos o en cualquier momento del día.

Leina y el Señor del Bosque (Adriana Hidalgo/ pípala, 2024), de Myriam Dahman, Nicolás Digard y Júlia Sardà, evoca los cuentos clásicos. No es una historia que comience y cierre en una noche en sí, pero el hecho principal, como teñido por un manto onírico, transcurre durante “la cuarta noche” de la desaparición de Oren.
Leina es una joven que, por ser poseedora del único barco de un pueblo que tiene un bosque que, según pobladores y foráneos, parece “encantado”, cada día cruza a quienes van a acopiarse de leña allí. Uno de ellos es Oren, quien cautiva a Leina, aunque ella no se anime a hablarle. Una noche, como viene sucediendo con tantos otros, no se sabe más de él.
La cuarta noche, Leina decide ir en su búsqueda, y allí comienza la aventura.
Con ilustraciones cargadas de detalles, que recuerdan a los posters del art nouveau, lectores y lectoras de todas las edades se sumergirán en una historia digna de ser incluida en la mitología escandinava. Una excelente obra para leer antes de ir a dormir y soñar con imágenes de ensueño.

Las ovejas (Limonero, 2020), de Micaela Chirif y Amanda Mijangos. Podrán imaginar hacia dónde va la historia, pero lo sorprendente es que no es una historia. Es un poema largo.
Otra sorpresa grata es qué lugar ocupan estos animales que sin elección propia han sido erigidas como guardianas del sueño. Hay una reivindicación de las ovejas: son corridas de ese lugar invisible, de papel secundario, de presentadoras o porteras de la antesala de lo onírico para convertirse en protagonistas de su propia historia y de su propio cuento.
En este poema se cuenta dónde duermen, si usan o no pijamas, y hasta incluso cuáles son sus talentos. En Las ovejas se conoce en qué colores sueñan, entre otros “datos” hasta ahora desconocidos.
Un poema con muchos recursos narrativos que, como todos los libros de esta editorial, se ve aún más potenciado por unas ilustraciones que, hay que decirlo, son soñadas.

Yo y la noche (Buena cosecha, 2024), de Florencia Gattari y Raquel Cané, es la primera obra infantil de esta novísima editorial y se vino con todo, con dos creadoras que ya tienen trayectoria. En el segundo poema de esta entrega, poco se adivina entre sus ilustraciones crípticas –que generan querer adentrarse y saber más– y las estrofas que se desgranan de a poco.
Se vislumbra, sí, el miedo a la noche, sin que queden claras las causas de ello, pero poco importa, porque se quiere conocer quién es esa voz temerosa, y las imágenes ofician de lazarillo para llegar al final en compañía.
Un final que sorprende y que, como un buen despertar, trae la claridad que parece perderse en la noche.

La durmiente (Calibroscopio, 2024), de María Teresa Andruetto e Istvansch. Tal vez el único libro de esta selección en el que grandes y chicos harán diferentes lecturas.
Este poema largo-libro álbum a priori semejaría una versión nueva del clásico La bella durmiente, pero si se sabe leer entrelíneas esto es solo un eco, algo más profundo se esconde allí.
Página tras página, verso tras verso, el clásico se enrarece para evidenciar una realidad que nada tiene que ver con hadas, lentejuelas y faisán. Se descorre un telón para narrar poéticamente lo aterrador, que más de una vez poco tiene que ver con la ficción. Y de eso se vale, Istvansch para crear piezas con la misma contundencia que las que el texto ofrece.
Con la prosa comprometida a la que nos tiene acostumbrados Andruetto, este poema es una suerte de manifiesto valiente en tiempos de oscuridad.
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* Estas son solo algunas recomendaciones del maremágnum que existe en la literatura para chicos y chicas. Lo importante es descubrir cuáles pueden ser las lecturas preferidas. Lo importante es leer.
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